Will.i.am: la música es mi medicación para el TDAH
Will.i.am creció en proyectos de vivienda en East LA, le diagnosticaron TDAH y convirtió su cerebro caótico en un empire musical y tech. Esto es lo que dice.
Hay algo que Will.i.am repite en entrevistas con una calma que descoloca.
"La música es mi medicación."
No lo dice como metáfora. No lo dice para quedar bien en una entrevista. Lo dice porque lo ha vivido. Porque creció en Boyle Heights, proyectos de vivienda pública en East LA, con TDAH sin diagnosticar y con una cabeza que no paraba nunca. Y encontró en la producción musical el único sitio donde ese ruido constante tenía sentido.
¿Puede el TDAH ser la razón de tu éxito y no solo de tus problemas?
Will.i.am no encajaba en el colegio. No encajaba en ningún sitio. La pobreza, el barrio, el cerebro que iba a 200 por hora en todo menos en lo que le pedían que fuera a 200. La combinación perfecta para que todo se fuera a la porra antes de empezar.
Pero ocurrió algo.
El cerebro con TDAH tiene una característica que los libros de psicología llaman hiperfoco y que en la práctica significa esto: cuando algo te engancha de verdad, desaparece el mundo. Las distracciones, el ruido, el caos interno. Todo. Y para Will.i.am ese algo fue la música. Específicamente, producirla. Construirla desde cero. Coger sonidos sueltos y convertirlos en algo que hacía que la gente moviera el culo sin saber por qué.
Fundó Black Eyed Peas. Se convirtió en uno de los productores más comerciales de su generación. Trabajó con Michael Jackson, Britney Spears, Rihanna, Nicki Minaj. Ganó Grammys. Presentó programas de televisión. Invirtió en startups de inteligencia artificial. Lanzó su propia empresa de tecnología. Mentorizó jóvenes de barrios como el suyo.
Todo a la vez.
Siempre.
Eso también es TDAH.
La trampa de pensar que el TDAH solo te frena
Hay una versión del TDAH que todo el mundo conoce. La del niño que no puede estarse quieto. La del adulto que llega tarde, que pierde las llaves, que empieza veinte proyectos y termina cero. La versión que sale en los artículos de "10 señales de que tienes TDAH" que circulan por internet.
Es real. No lo voy a negar. Yo la vivo.
Pero hay otra versión que se habla mucho menos. La del cerebro que, cuando encuentra su canal, genera una cantidad de energía creativa que da miedo. La del tío que no puede tener una conversación de cinco minutos sobre algo que no le interesa, pero que puede pasar dieciocho horas en el estudio produciendo sin comer, sin dormir, sin moverse del sitio.
Will.i.am es esa versión.
No porque el TDAH sea una superpotencia de fantasía. No es eso. Es que hay personas que, por azar o por necesidad o por pura terquedad, encuentran el canal donde su cerebro se alinea. Y cuando eso pasa, la energía que antes se iba en caos se convierte en producción brutal.
Lo que hace Will.i.am, la cantidad de proyectos simultáneos que maneja, la velocidad a la que pasa de la música a la tecnología a la filantropía a la televisión, eso no es disciplina. Nadie hace eso por disciplina. Eso es un cerebro que necesita estímulo constante y que ha encontrado un ecosistema donde siempre hay algo nuevo que hacer.
Es el mismo rasgo. Pero canalizado.
Igual que Adam Levine encontró en la guitarra el mando a distancia que apagaba el ruido de su cabeza, Will.i.am encontró en la producción musical un sistema donde su cerebro podía hacer lo que quería hacer: saltar, conectar, crear, moverse, nunca parar.
Si te interesa ver más casos como este, tengo un artículo sobre músicos famosos con TDAH donde aparecen varios perfiles que comparten este mismo patrón.
Crecer pobre con TDAH sin diagnóstico
Aquí viene la parte que más me impacta de la historia de Will.i.am.
Creció en proyectos de vivienda pública. Familia sin recursos. Barrio donde las opciones eran limitadas y los errores se pagaban caro. Y encima con un cerebro que no funcionaba como le pedían que funcionara.
El TDAH sin diagnosticar en un entorno de recursos es difícil. El TDAH sin diagnosticar en un entorno sin recursos es otra historia. Porque no hay tutores, no hay colegios especializados, no hay padres que puedan pedir cita con el psicólogo. Hay lo que hay y apáñate.
Will.i.am se apañó. No porque fuera un superhéroe. Sino porque encontró algo antes de que el sistema le aplastara del todo. La música llegó antes que el fracaso definitivo. Y cuando llegó, se agarró a ella con la intensidad que solo tiene alguien que sabe, aunque no sepa por qué lo sabe, que eso es lo único que le queda.
El diagnóstico llegó después. De adulto, como le pasa a la mayoría. Y cuando llegó, encajaron muchas piezas. No solo de su infancia. También de por qué hace lo que hace de la forma en que lo hace. Por qué no puede tener un solo proyecto. Por qué necesita estar siempre en movimiento. Por qué la música no es solo su trabajo sino literalmente su regulador.
Lo que dice de la música como medicación tiene base neurológica real. El cerebro con TDAH tiene dificultades con la dopamina, el neurotransmisor que regula la motivación y la recompensa. La música, especialmente crearla, activa el sistema dopaminérgico de forma potente. No es poesía. Es biología. Si quieres entender mejor cómo funciona esto, el artículo sobre el cerebro, la dopamina y por qué no es cuestión de disciplina lo explica sin rodeos.
¿Qué tiene en común un productor de East LA con el chico que suspende en tu ciudad?
Esta es la pregunta que me hago cuando leo historias como la de Will.i.am.
O la de Adam Levine. O la de tantos otros que encontraron su canal y lo explotaron hasta convertirlo en carrera, en negocio, en identidad.
Lo que tienen en común es que en algún momento dejaron de pelear contra su cerebro y empezaron a entender cómo funcionaba. No es un proceso bonito ni rápido. No hay un momento iluminador donde todo se ordena. Pero hay un punto en el que la información cambia el marco.
Cuando sabes que tu cerebro no es defectuoso sino diferente, cuando entiendes por qué te pasa lo que te pasa, el caos sigue ahí. Pero ya no te aplasta de la misma forma. Porque tiene nombre. Y con nombre se puede trabajar.
Will.i.am no dejó de tener TDAH cuando triunfó. Lo tiene ahora mismo, mientras produce, mientras da entrevistas, mientras dirige su empresa de tecnología y presenta programas y menoriza chavales de barrio. Lo tiene y punto.
La diferencia es que sabe qué tiene. Y ha construido una vida donde ese cerebro no solo no es un problema. Es el motor.
Eso no quita que haya días malos. Que haya proyectos que se caen. Que haya momentos donde el caos gana. Pero la arquitectura general, la forma en que ha diseñado su carrera y su vida, está construida alrededor de cómo funciona su cabeza, no en contra.
Eso es lo que cambia cuando tienes información real sobre tu cerebro.
Si llevas tiempo dándole vueltas a si lo que te pasa tiene que ver con el TDAH, he construido un test con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en diez minutos te da más claridad que años preguntándote si eres vago o si algo falla.
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