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¿Tenía Van Gogh TDAH? 900 cuadros en 10 años

Van Gogh pintó más de 900 cuadros en una década, no podía gestionar su propia vida y sentía todo con una intensidad que le desbordaba. Los rasgos encajan.

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Hay algo que no encaja en la historia de Van Gogh.

Por un lado, uno de los pintores más influyentes de la historia. Más de 900 cuadros, cientos de dibujos, cartas que llenan volúmenes enteros. Una producción que no para, que no descansa, que se acumula durante diez años como si el tiempo no existiera.

Por otro lado, un tipo que no podía gestionar su propia vida. Que se peleaba con todo el mundo. Que tenía relaciones que siempre terminaban en catástrofe. Que ingresó voluntariamente en un manicomio porque él mismo reconocía que no podía seguir así.

Los dos Van Gogh no son contradictorios. Son el mismo.

Y cuando lo miras desde el ángulo del TDAH, de repente todo cobra un sentido que no tenía antes.

¿Qué pasaba dentro de la cabeza de Van Gogh?

No hay diagnóstico posible. Van Gogh nació en 1853 y murió en 1890, décadas antes de que existiera cualquier marco para entender cómo funciona un cerebro que no sigue las reglas convencionales. Los historiadores y psiquiatras han especulado durante años. Se ha hablado de epilepsia, de trastorno bipolar, de absinthe en cantidades industriales, de una combinación de todo lo anterior.

Pero hay un patrón que aparece una y otra vez en su vida, y que cualquiera que conozca el TDAH reconoce de inmediato.

La intensidad emocional que no tiene válvula de escape. El hiperfoco que convierte la pintura en lo único que existe durante horas, días, semanas. La impulsividad que le llevaba a tomar decisiones que él mismo no entendía bien después. La incapacidad de seguir rutinas o mantener relaciones sin que todo acabara explotando.

No es un diagnóstico. Es un patrón.

¿Cómo pinta alguien 900 cuadros en diez años?

Haz el cálculo. Empezó a pintar en serio alrededor de 1880. Murió en 1890. Diez años. Más de 900 pinturas al óleo. Sin contar los dibujos, los bocetos, la correspondencia que llenaba de descripciones visuales detalladas lo que no podía plasmar en el lienzo.

Eso es casi una pintura cada cuatro días. Durante una década.

Para la mayoría de la gente, eso no es humanamente posible. Para un cerebro que cuando se engancha a algo no puede parar, que entra en estados de concentración que hacen desaparecer el hambre, el sueño y el paso del tiempo, que siente la necesidad de crear con una urgencia que no tiene un interruptor de apagado... eso es exactamente lo que pasa.

No es productividad. No es disciplina. Es que cuando el hiperfoco se activa, no hay forma de pararlo desde fuera.

Theo van Gogh, su hermano, lo documentó en las cartas. Vincent pintaba durante horas sin comer. Salía al campo con el material antes de que amaneciera. Terminaba una tela y empezaba otra sin descansar. El proceso no se detenía porque el cerebro no se detenía.

¿Y la parte en la que su vida era un desastre?

Ahí está la otra cara.

Van Gogh no pudo mantener ningún trabajo de forma estable. Trabajó en una galería de arte, en una librería, como predicador. Nada duró. No porque no intentara que funcionara, sino porque la forma en que su cerebro procesaba el mundo no encajaba con ninguna estructura que el mundo le ofreciera.

Las relaciones personales eran un campo minado. La historia del incidente con la oreja es la más famosa, pero es solo la más extrema de una larga lista de situaciones en las que las emociones le desbordaban por completo. Reacciones desproporcionadas. Conflictos que se salían de escala. Una incapacidad de regular lo que sentía que le hacía difícil estar cerca de él para mucha gente.

Su hermano Theo fue prácticamente la única relación estable de su vida. Le sostuvo económicamente durante años, le escribía con regularidad, le enviaba dinero para materiales. Sin Theo, probablemente no habría pinturas. Y ni siquiera esa relación, la única que funcionó de verdad, estuvo exenta de tensión constante.

Lo curioso es que mientras su vida personal era un caos continuo, la pintura era lo contrario. Estructura. Propósito. El único lugar donde todo tenía sentido.

Eso también es un patrón reconocible.

¿Por qué La Noche Estrellada desde un manicomio?

En mayo de 1889, Van Gogh ingresó voluntariamente en el asilo de Saint-Rémy-de-Provence. Llevaba meses con episodios cada vez más frecuentes e intensos. No podía seguir solo.

Desde esa habitación pintó La Noche Estrellada.

El cuadro que hoy está en el MoMA de Nueva York. La imagen del cielo que se mueve como si fuera líquido, las estrellas que irradian como si tuvieran vida propia, el pueblo dormido debajo. Una de las imágenes más reproducidas de la historia del arte, creada por alguien que en ese momento estaba internado porque no podía gestionar su propia vida.

No lo pintó a pesar de estar en el manicomio. Lo pintó porque incluso en el manicomio el cerebro no paraba. La compulsión de crear no tenía relación con el estado del resto de su vida. Cuando el hiperfoco se activa, da igual dónde estés.

Durante su estancia en Saint-Rémy pintó más de 150 cuadros en un año. Ciento cincuenta. Internado.

¿Qué dice la intensidad emocional de su pintura?

Mira cualquier cuadro de Van Gogh y lo primero que ves es el movimiento. Los trazos no son planos, no son suaves, no son decorativos. Son urgentes. Parece que el pincel no podía ir despacio aunque quisiera.

Los investigadores que han estudiado su técnica señalan que los trazos de Van Gogh, especialmente en los últimos años de su vida, tienen una energía que no se encuentra en ningún otro pintor de su época. No es una elección estilística fría y calculada. Es lo que había dentro saliendo al exterior de la única forma que encontraba.

Los cerebros con TDAH no experimentan las emociones de la misma forma que el resto. La intensidad está amplificada. Lo que para otra persona es una ligera incomodidad, para alguien con TDAH puede ser algo que llena todo el cuerpo. Lo que para otra persona es satisfacción, puede ser una euforia que no cabe.

Eso no es un problema cuando estás frente a un lienzo. Es exactamente lo que el lienzo necesita.

El problema es cuando intentas vivir una vida normal con esa misma intensidad disparada en todas las direcciones.

¿Qué sabemos y qué no sabemos?

Lo que sabemos: Van Gogh tenía episodios psiquiátricos graves. El más conocido es el incidente de la oreja en diciembre de 1888, después de una discusión con Gauguin. Pero hubo muchos otros, menos dramáticos, a lo largo de toda su vida adulta.

Lo que no sabemos: qué causaba esos episodios exactamente. Los historiadores médicos han propuesto epilepsia del lóbulo temporal, trastorno bipolar, una intoxicación crónica por los pigmentos que usaba, o una combinación de varios factores. Ninguna de esas hipótesis excluye necesariamente la presencia de TDAH, pero tampoco hay forma de confirmarlo de forma retroactiva.

Lo que sí podemos observar, y lo que hace que la especulación tenga sentido, es el patrón conductual. La producción compulsiva. La incapacidad de funcionar en estructuras convencionales. La intensidad emocional que no tiene regulador. La impulsividad en las relaciones. El hiperfoco absoluto en la pintura mientras el resto de la vida se desmoronaba.

Ese patrón es coherente con lo que hoy reconocemos como TDAH. No es un diagnóstico. Es una observación.

¿Por qué importa esto?

Porque si solo miras el legado, Van Gogh es un genio incomprendido que murió demasiado pronto dejando un mundo mejor gracias a su arte.

Si miras la vida, Van Gogh es un tipo que lo pasó muy mal, que no encontró la forma de encajar, que tuvo que ingresar en un manicomio para estar a salvo de sí mismo, y que se suicidó con 37 años.

Los dos son verdad al mismo tiempo. Y eso es lo importante.

El TDAH no es un superpoder. Lo digo siempre y no me canso de repetirlo porque la narrativa del "cerebro divergente como ventaja" oculta todo el sufrimiento real que hay detrás. Van Gogh sufrió. Enormemente. La misma intensidad que producía los cuadros era la que hacía que su vida fuera insoportable cuando no tenía dónde canalizarla.

Pero también es verdad que sin esa intensidad, sin esa compulsión, sin ese hiperfoco que no podía apagar, no existirían 900 cuadros. No existiría La Noche Estrellada.

El mismo cableado. Las dos caras.

Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, las obras de arte que no existirían sin un cerebro disperso te dan más contexto sobre este patrón en distintos artistas. Y si te interesa ver cómo el mismo tipo de intensidad aparece en otros nombres conocidos, Frida Kahlo y el TDAH o si Dalí tenía TDAH son buenas lecturas del mismo cluster.

Lo que sí puedes hacer hoy, si te reconoces en algo de lo que has leído, es empezar por entender tu propio cerebro.

He preparado un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero es el mejor punto de partida que conozco para empezar a ponerle nombre a lo que pasa dentro.

Hacer el test de TDAH

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