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Adam Levine: de suspender en el colegio a llenar estadios con Maroon 5

Adam Levine suspendía en el colegio y no sabía por qué. Luego le diagnosticaron TDAH. Hoy llena estadios con Maroon 5.

tdahfamosos

Hay un tío que suspendía en el colegio, que no podía quedarse quieto en una silla más de diez minutos y que sus profesores habían descartado como "el típico niño que no se esfuerza".

Ese tío ha vendido más de 135 millones de discos.

Se llama Adam Levine. Y tiene TDAH diagnosticado.

¿Cómo suspendes en el colegio si eres inteligente?

Esa es la pregunta que se hacen millones de padres. Y que se hicieron los de Adam Levine.

Porque no era tonto. Lo sabía todo el mundo. Sus profesores lo veían. Sus padres lo veían. Él mismo lo sabía. Pero cuando llegaba la hora de sentarse, abrir el libro y hacer los deberes, su cerebro decidía irse a otro sitio. A cualquier otro sitio.

El problema no era la inteligencia. Era que su cabeza funcionaba como una radio con todas las emisoras encendidas a la vez. Intentaba escuchar una y le llegaban cinco. Intentaba concentrarse en los deberes y su cerebro le ponía una melodía, un recuerdo del recreo, una idea aleatoria, el ruido de la calle.

Todo a la vez. Todo el rato.

Adam lo ha contado en varias entrevistas: "El TDAH hizo mi infancia muy difícil. No podía concentrarme en nada... excepto en la música."

Excepto en la música.

Eso es lo que nadie entiende del TDAH hasta que lo vive. No es que no puedas prestar atención. Es que tu cerebro elige a qué prestarle atención y tú no tienes ni voz ni voto en esa decisión. Y cuando algo le interesa de verdad, cuando algo le engancha, no es que prestes atención. Es que te absorbe entero. Como un agujero negro, pero con melodía.

La guitarra que le apagó el ruido

Adam encontró la música de adolescente. Y cuando tocaba la guitarra, pasaba algo que no pasaba con nada más.

El ruido paraba.

Todas esas emisoras que sonaban a la vez en su cabeza se callaban. La guitarra era como un mando a distancia que ponía su cerebro en un solo canal. Y ese canal era bueno. Era clarísimo. Era donde quería estar.

Eso tiene un nombre clínico: hiperenfoque. El cerebro con TDAH no es un cerebro que no pueda concentrarse. Es un cerebro que no puede filtrar el ruido hasta que encuentra algo que le importa tanto que el ruido desaparece solo.

Para algunos es programar. Para otros es dibujar. Para Adam Levine fue la música. Y se agarró a ella como si fuera lo único que tenía sentido. Porque, literalmente, era lo único que tenía sentido.

Formó Maroon 5. Llenó estadios. Vendió millones de discos. Se sentó en la silla de juez de The Voice durante años. Y resulta que el chaval que no podía estar sentado en clase ahora podía estar sentado en un plató de televisión durante horas.

La diferencia no era disciplina. Era interés.

¿Qué hubiera pasado si nunca hubiera encontrado la música?

Esta es la pregunta que me da vueltas.

Porque Adam tuvo suerte. Encontró la música pronto. Encontró algo que le enganchaba lo suficiente como para que su cerebro dijera "vale, esto sí, aquí me quedo". Pero hay millones de personas con TDAH que no encuentran esa cosa. O que la encuentran tarde. O que la encuentran pero alguien les dice "eso no es un trabajo de verdad, estudia una carrera".

Crecer con TDAH sin saberlo

Adam Levine se diagnosticó de adulto. No de niño. De adulto. Eso significa que pasó toda su infancia y adolescencia sin saber por qué las cosas le costaban tanto. Sin entender por qué no podía hacer lo que los demás hacían sin despeinarse.

Y cuando por fin le dijeron "tienes TDAH", hizo algo que no todo el mundo hace: se puso a hablar de ello. Públicamente. Se convirtió en portavoz de la campaña "Own It" sobre TDAH en adultos. Y dijo una frase que se me quedó grabada:

"No es que no puedas prestar atención. Es que prestas atención a demasiadas cosas a la vez."

Eso. Exactamente eso.

El TDAH no arruinó su vida. Casi lo hace.

Hay una diferencia importante entre "el TDAH me arruinó la vida" y "el TDAH casi me arruina la vida". Adam Levine usa la segunda. Porque el TDAH no le arruinó nada. Lo que casi le arruina la vida fue no saber que lo tenía.

El TDAH sin diagnosticar es como conducir un coche de Fórmula 1 pensando que es un utilitario. Pisas el acelerador esperando que responda como un Seat Ibiza y aquello sale disparado en una dirección que no esperabas. No es que el coche esté roto. Es que nadie te ha explicado cómo funciona ese coche en concreto.

Adam aprendió a pilotar su cerebro. No porque el TDAH desapareciera. Eso no pasa. Sino porque dejó de pelear contra él y empezó a entender las reglas. Canalizó la hiperactividad mental en música. Canalizó la necesidad de estímulo en proyectos nuevos. Convirtió lo que el colegio llamaba "problema" en lo que los estadios llaman "talento".

El diagnóstico no le dio un cerebro nuevo. Le dio el manual del que ya tenía.

Lo que puedes llevarte de todo esto

No hace falta que llenes estadios ni que vendas millones de discos. Eso es lo de Adam. Lo tuyo es lo tuyo.

Pero la lección es la misma: si llevas años sintiéndote como el que no encaja, como el que podría pero no puede, como el que tiene que esforzarse el triple para llegar donde los demás llegan costeando, quizá no es que te falte voluntad.

Quizá te falta información.

El diagnóstico de TDAH en España

Es que tu cerebro funciona diferente. Y eso no es un defecto. Es un dato. Y con datos se puede trabajar.

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