El vídeo que me cambió el canal no era el que yo pensaba que iba a funcionar
Grabé un vídeo rápido sin guion ni expectativas. Fue el más visto del canal. Los vídeos preparados se estrellaron. Lo que eso enseña sobre contenido.
Había grabado un vídeo durante tres días. Guion completo, buena iluminación, edición cuidada, miniatura trabajada. Todo perfecto.
Lo subí un martes. En una semana tenía 400 visitas. Cuatrocientas. Para el esfuerzo invertido, era como organizar una fiesta con DJ y catering y que vinieran cuatro personas.
Dos días después, cabreado y sin ganas, grabé otro vídeo. Sin guion. Desde el sofá. Con la cámara torcida y la luz de la ventana. Lo grabé de un tirón, sin cortes, hablando de algo que me estaba pasando en ese momento.
Lo subí pensando "bueno, al menos hay contenido esta semana".
En un mes tenía 70.000 visitas.
¿Por qué el vídeo malo funcionó mejor que el bueno?
No era malo. Esa es la trampa. Lo que yo llamaba "malo" - sin edición, sin guion, sin producción - era en realidad lo más auténtico que había subido al canal.
La gente no vio "un vídeo mal grabado". La gente vio a un tío hablando de verdad sobre algo que le importaba. Sin poses, sin intro de 30 segundos con música épica, sin "hola chicos bienvenidos a un nuevo vídeo".
Y eso conecta más que cualquier producción.
El error que cometemos muchos creadores es confundir calidad con producción. Pensamos que un vídeo con buena luz, buen audio y buena edición es automáticamente un buen vídeo. Y no lo es. Un buen vídeo es el que alguien quiere ver hasta el final. Y eso depende de lo que dices, no de cómo lo grabas.
Con TDAH, la espontaneidad es tu superpoder (si la usas bien)
Esto es algo que me costó entender. Con TDAH, planificar contenido es un infierno. Hacer un guion, seguirlo punto por punto, grabar sin desviarte... eso va contra la naturaleza de cómo funciona nuestro cerebro.
Pero cuando me suelto - cuando hablo sin guion, siguiendo el hilo de lo que pienso en el momento - algo cambia. El contenido tiene energía. Tiene ritmo. Tiene esas desviaciones naturales que, en vez de molestar, enganchan.
Es como la diferencia entre un discurso leído y una conversación de bar. El discurso puede ser perfecto, pero la conversación tiene algo que el discurso nunca tendrá: vida.
El problema es que con TDAH la espontaneidad viene con un riesgo: te puedes ir por las ramas y no volver. Puedes empezar hablando de productividad y acabar hablando de la vez que tu abuela hacía el equivalente a Notion con sentido común. Y a veces eso funciona. Y a veces no.
La clave que encontré fue tener un ancla - una idea central, una tesis, un punto - y dejar que todo lo demás fluya alrededor. No un guion. Un ancla. Una frase que resume lo que quiero decir. El resto se improvisa.
Lo que tu audiencia quiere no es lo que tú crees
Después de ese vídeo, analicé los comentarios. La gente no hablaba de la información. Hablaba de cómo me sentía. "Se nota que esto te importa." "Es como si me estuvieras hablando a mí." "Por fin alguien que no parece un robot."
Mi audiencia no quería tips perfectamente empaquetados. Quería a una persona real hablando de cosas reales. Quería entender que lo que les pasa no solo les pasa a ellos.
Y eso es algo que con TDAH podemos dar de forma natural. Porque nuestras emociones están a flor de piel, porque no filtramos tanto, porque somos incapaces de fingir consistentemente. Lo que sale, sale real. Y real es lo que la gente necesita.
Deja de optimizar y empieza a hablar
Esto no es un argumento para grabar basura. El audio tiene que ser decente. El contenido tiene que tener un punto. Tienes que aportar algo.
Pero si estás gastando más energía en la producción que en el mensaje, tus prioridades están al revés.
El vídeo que me cambió el canal era feo. Pero era verdad. Y la verdad, aunque venga con la cámara torcida, siempre gana al perfeccionismo que te paraliza.
Y no te estoy diciendo que bajes la calidad para siempre. Te estoy diciendo que dejes de usar la calidad como excusa para no publicar. Que son dos cosas muy distintas. "No lo subo porque no tiene buena luz" es perfeccionismo disfrazado de estándar profesional. Y con TDAH, ese perfeccionismo te puede tener semanas sin publicar nada.
Graba el vídeo. Publica el post. Manda el email. Sin pulir. Sin editar siete veces. Sin esperar a que sea perfecto. Después, con los datos delante, decides qué merece más producción y qué no.
Porque emprender con TDAH ya es suficientemente difícil sin añadirle la presión de que todo salga impecable.
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