El café como droga legal del emprendedor con TDAH

Cuatro cafés antes de las 12 y sigues sin poder concentrarte. La relación tóxica entre el café, el TDAH y emprender solo.

Primer café a las 8. Para arrancar.

Segundo café a las 10. Porque el primero ya no hace efecto.

Tercer café a las 12. Porque has tenido una mañana desastrosa y necesitas un reset.

Cuarto café a las 3 de la tarde. Porque después de comer tu cerebro ha decidido que es hora de la siesta y tú tienes un deadline.

Quinto café a las 6. Porque "solo un poco más y acabo".

Y a las 12 de la noche estás en la cama con los ojos como platos, el corazón a 140, pensando en por qué no puedes dormir. Misterio.

No es misterio. Es cafeína.

¿Por qué los emprendedores con TDAH bebemos tanto café?

Porque funciona. Un poco. Un rato. Y eso es suficiente para que tu cerebro lo registre como "solución".

A ver, la cafeína es un estimulante. Y los cerebros TDAH funcionan mejor con estimulantes. No es casualidad que mucha gente con TDAH descubra el café antes de descubrir el diagnóstico. Es automedicación inconsciente. Tu cerebro necesita dopamina para funcionar y el café le da un pico pequeño. No suficiente, pero algo.

El problema es que ese algo tiene trampas.

La primera trampa: tolerancia. Tu cerebro se acostumbra. El café que te activaba hace un año ahora solo te pone al nivel base. Así que subes la dosis. Y la subes otra vez. Y otra. Hasta que estás bebiendo la cantidad de café de un equipo de desarrollo en sprint y sigues sin concentrarte más de 15 minutos.

La segunda trampa: la curva. La cafeína sube rápido y baja rápido. Y cuando baja, tu cerebro TDAH no vuelve al punto de partida. Baja por debajo. Es como una montaña rusa que no vuelve a la estación, sino que te deja en un sótano. Y desde ese sótano, ¿qué haces? Otro café.

La tercera trampa: el sueño. Y esta es la gorda. Porque el café de las 4 de la tarde te quita sueño a las 12 de la noche. Y dormir mal con TDAH es como echarle gasolina a un incendio. Al día siguiente tu cerebro funciona peor, te concentras menos, necesitas más café. El bucle perfecto.

Mi historia con el café es una historia de amor tóxico

Yo llegué a ocho cafés al día. Ocho. No estoy exagerando. Café solo, largo, sin azúcar. Uno detrás de otro. Como si fueran chupitos. Me los tomaba sin pensar. Era un acto reflejo: levantarme de la silla, ir a la cocina, cafetera, taza, vuelta al escritorio.

¿Producía más? No. Producía lo mismo pero con temblor en las manos y taquicardia a las 3 de la tarde. Confundía la activación nerviosa con la productividad. "Estoy activo, algo estaré haciendo bien." No, tío. Estás estimulado. Que no es lo mismo.

El día que me diagnosticaron TDAH y empecé con Concerta, mi psiquiatra me dijo algo que no esperaba: "reduce el café a uno o dos al día". Me miró como si supiera exactamente cuántos me tomaba. Probablemente lo sabía. Todos sus pacientes TDAH llegan con la misma adicción.

Y tenía razón. Porque la medicación ya hace lo que el café intentaba hacer, pero de forma sostenida. Sin picos. Sin caídas. Sin el corazón a 140 a las 3 de la tarde.

¿Debería dejar el café?

No te voy a decir que lo dejes. No soy tu médico ni tu madre.

Pero sí te voy a decir que si necesitas más de tres cafés al día para funcionar, el café no es la solución. Es el parche. Y el parche se está cayendo.

Lo que me funciona a mí: un café por la mañana. Uno. Grande, bien hecho, disfrutado. No como herramienta de productividad, sino como ritual. Después, agua. Y si a las 3 de la tarde no puedo concentrarme, en vez de otro café me levanto, camino 10 minutos, y vuelvo. El 80% de las veces funciona mejor que la cafeína.

¿El otro 20%? Pues hay días que no se puede. Es lo que hay.

El café no es el problema. El sistema sí.

Si necesitas estimulantes para funcionar en tu negocio, el problema no es que te falte cafeína. Es que tu sistema de trabajo no está diseñado para tu cerebro.

Trabajas 12 horas sin pausas. No comes bien. Duermes poco. Y pretendes que el café compense todo eso. Es como poner tiritas en una herida abierta y esperar que cure.

Emprender con TDAH

Así que la próxima vez que vayas a por el cuarto café, hazte una pregunta: ¿necesito cafeína o necesito parar?

La respuesta te va a joder. Pero la necesitas.

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