Por qué ir al psicólogo es la mejor inversión que he hecho en mi negocio

La terapia no es para cuando estás roto. Es para cuando quieres dejar de sabotear lo que estás construyendo. Y eso le cuesta entenderlo a casi todo.

La primera vez que fui al psicólogo pensé que era una señal de derrota.

Tenía treinta y pico años, llevaba años emprendiendo, el negocio no iba mal, pero yo sí. No de forma visible. De esa forma sutil en que uno se va deteriorando por dentro mientras mantiene la fachada. Contestando emails con cara de que todo va bien. Publicando contenido como si estuviera inspirado. Tomando decisiones desde el agotamiento y llamándolo intuición.

Entré a la consulta convencido de que me iban a dar cuatro técnicas de respiración y me iban a mandar para casa. No fue así.

¿Qué tiene que ver la psicología con los resultados de tu empresa?

Todo.

La mayoría de los emprendedores con TDAH no tenemos un problema de estrategia. No nos falta información. Tenemos todos los libros, todos los podcasts, todos los cursos. Sabemos lo que tenemos que hacer.

El problema es que no lo hacemos. O lo empezamos y lo dejamos. O lo hacemos mal a propósito. O elegimos el camino más difícil cuando hay uno más sencillo justo al lado.

Eso no es un problema de método. Es un problema de cabeza.

Cuando llevas años siendo tu peor jefe - el que se grita, el que no descansa, el que se castiga por cada error - no arreglas eso con una rutina matutina. Lo arreglas entendiendo de dónde viene. Y para eso está el psicólogo.

¿Qué cambia después de un año de terapia siendo emprendedor?

La relación con el dinero.

Esa frase que parece de libro de autoayuda es la que mejor resume lo que me pasó. Tenía un patrón muy claro: cada vez que el negocio iba bien, hacía algo para complicarlo. Subía los precios y luego los bajaba con el primer cliente que se quejaba. Rechazaba proyectos que me habrían dado estabilidad porque "no me motivaban". Me montaba proyectos nuevos justo cuando el que tenía empezaba a funcionar.

Autosabotaje. Puro y duro. De esos que no ves porque los llamas por nombres más bonitos.

La terapia no me curó el TDAH. No me enseñó ninguna técnica revolucionaria. Me ayudó a ver el patrón. Y cuando ves el patrón, al menos tienes la opción de decidir si lo sigues o no.

La objeción que tiene todo el mundo y que no sirve para nada

"No tengo tiempo para ir al psicólogo."

Ese mismo emprendedor que no tiene tiempo para ir al psicólogo ha perdido dos semanas bloqueado en una decisión que podría haber tomado en diez minutos. Ha rechazado clientes por miedo que no ha sabido nombrar. Ha montado y desmontado el mismo proyecto tres veces porque nadie le ha ayudado a ver que el problema no era el proyecto.

El coste de no ir al psicólogo no es cero. Es todo ese tiempo, energía y dinero que gastas rodando el mismo bache sin entender por qué está ahí.

Igual que la lista de correo es el activo más infravaluado de un negocio online, la salud mental es el activo más infravaluado de un emprendedor. No aparece en el balance. Pero lo determina todo.

Lo que me habría ahorrado si hubiera ido antes

No voy a hacer la lista. Es demasiado larga y demasiado cara.

Lo que sí diré es que hay una diferencia entre tomar decisiones desde el miedo y tomarlas desde la claridad. Las dos llevan a lugares distintos. Y durante mucho tiempo yo solo podía tomar las primeras.

La terapia no me convirtió en otro. Me devolvió acceso a partes de mí mismo que había aprendido a ignorar. Y esas partes, resulta, eran las que sabían cómo construir algo que durara.

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