Solo los hombres tienen TDAH: las mujeres que demuestran lo contrario

Durante décadas, el TDAH se diagnosticó casi solo en hombres. Simone Biles, Naomi Osaka y otras lo desmienten. El mito tiene nombre y apellidos.

"El TDAH es cosa de niños." "Las niñas no tienen TDAH." "Es un trastorno masculino."

Estas frases se han repetido durante décadas. Y durante décadas, millones de mujeres han crecido sin saber qué les pasaba porque nadie pensó en buscar.

No es una conspiración. No es maldad. Es algo peor: inercia científica. Los primeros estudios sobre TDAH se hicieron casi exclusivamente con niños varones. Los criterios diagnósticos se construyeron sobre esos niños. Y durante generaciones, todo el que no encajaba en ese molde quedaba sin diagnóstico.

Las mujeres, sobre todo, quedaban sin diagnóstico.

¿Por qué el TDAH en mujeres ha sido invisible durante tanto tiempo?

Porque el TDAH que conoce la gente es el de la película. El niño que no para quieto. El que interrumpe en clase. El que tira la silla. El que hace desesperar al profesor y a la mitad del colegio.

Ese es el TDAH hiperactivo. Y sí, es más frecuente en chicos.

Pero hay otro tipo. El TDAH inatento. El que no se ve desde fuera porque no molesta a nadie. El que se manifiesta como soñar despierta, perder cosas, olvidar conversaciones enteras, no terminar ningún proyecto, procrastinar hasta que el mundo se acaba. Sin ruido. Sin escenas. Sin que nadie se dé cuenta de que algo no va bien.

Ese es el TDAH que ha tenido durante años cara de mujer. Y que durante años no recibió nombre.

Las niñas aprendían a enmascararlo. A compensar con esfuerzo brutal lo que sus compañeras conseguían sin despeinarse. A parecer distraídas, soñadoras, "un poco despistadas", cuando por dentro su cabeza era un caos permanente que ellas mismas no entendían. Nadie les dijo que había un nombre para eso. Nadie buscó ese nombre porque el protocolo no estaba diseñado para buscarlo.

El resultado: diagnósticos en la treintena. En la cuarentena. Después de años de ansiedad sin explicación, de relaciones complicadas, de carreras que nunca terminaban de arrancar, de sensación constante de estar fallando en algo que no sabían identificar.

Simone Biles y el diagnóstico que el mundo no esperaba

En 2016, durante los Juegos Olímpicos de Río, unos hackers filtraron los historiales médicos de varios atletas. Entre ellos, el de Simone Biles. Y ahí estaba: diagnóstico de TDAH. Medicación con metilfenidato.

La respuesta de Biles fue exactamente la que esperarías de alguien que no tiene nada que esconder.

Publicó en Twitter que sí, que tiene TDAH, que toma medicación recetada y aprobada, y que no tiene ninguna intención de disculparse por eso.

En ese momento ya era la mejor gimnasta del mundo. Múltiple campeona olímpica. Con un palmarés que la mayoría de los atletas no alcanzan en toda su carrera. Y con un cerebro que sus médicos habían diagnosticado con TDAH años antes.

Hay algo en la historia de Biles que rompe todos los esquemas del mito. No es la imagen que la gente tiene del TDAH. No es un estudiante que no puede sentarse. Es una atleta con una disciplina de entrenamiento que quitaría el sueño a cualquiera. Una persona que ha construido el rendimiento más alto de su deporte con ese mismo cerebro que supuestamente debería impedírselo.

El TDAH no te impide llegar lejos. Pero décadas de no diagnosticarlo en mujeres han impedido que muchas llegaran donde podrían haber llegado.

Los silencios de Naomi Osaka

Naomi Osaka no ha hablado explícitamente de TDAH. Pero ha hablado de todo lo demás: ansiedad, depresión, dificultad para gestionar la presión pública, la necesidad de retirarse de torneos para cuidar su salud mental, el agotamiento de tener que rendir sin un sistema de apoyo que entienda cómo funciona su cabeza.

Personas que conocen su caso de cerca han señalado que el patrón de funcionamiento que describe se solapa con frecuencia con el TDAH no diagnosticado en mujeres. La hiperestimulación. La hipersensibilidad emocional. La dificultad para gestionar los tránsitos bruscos de emoción a rendimiento y de rendimiento a emoción.

No hay diagnóstico público. No hace falta para entender el punto: hay muchas Naomis Osakas en el mundo. Mujeres con un cerebro que funciona diferente, que llevan años cargando con eso sin nombre, sin marco, sin protocolo que las haya ido a buscar.

Y cuando finalmente hablan de lo que les pasa, el mundo les dice que son frágiles. Que no aguantan la presión. Que cualquier otro habría aguantado.

Cualquier otro también habría callado más tiempo. Eso no lo cuenta nadie.

Whitney Houston y Temple Grandin: dos extremos del mismo espectro

Whitney Houston es probablemente el ejemplo más doloroso. Nunca tuvo un diagnóstico de TDAH confirmado públicamente. Pero las personas que la conocieron de cerca, los que han escrito sobre su vida con acceso real a quienes la rodeaban, describen un patrón que aparece con frecuencia en mujeres con TDAH no tratado: la hiperfocalizacion en ciertos proyectos, la incapacidad de manejar la vida cotidiana fuera del escenario, la búsqueda de regulación emocional en lugares que acabaron destruyéndola.

Tienes más contexto sobre ella en el post donde lo desarrollo con más detalle: Whitney Houston y la voz sin calma.

Temple Grandin es el caso opuesto en muchos sentidos. Ella sí tiene diagnóstico público. Autismo, principalmente, pero con rasgos de funcionamiento que se solapan con el TDAH en la forma de procesar la información, la intensidad del foco, la dificultad para los ritmos sociales convencionales. Su caso está documentado, hablado, escrito por ella misma.

Y sin embargo, durante años fue descrita como "rara", "difícil", "poco normal". Hasta que alguien la miró de otra manera y decidió ver el sistema de pensamiento en lugar del problema de comportamiento.

Lo que construyó después con ese cerebro lo encontrarás en Temple Grandin piensa en imágenes.

Isabel Allende y el caos creativo como sistema

Isabel Allende no tiene diagnóstico público de TDAH. Lo que sí tiene es una forma de describir su proceso creativo que cualquier persona con TDAH reconoce al vuelo.

El caos antes del orden. La incapacidad de escribir de manera lineal. La necesidad de lanzarse primero y entender después. La hiperfocalización que la lleva a escribir durante meses sin parar, sin descanso, en estado de trance casi total. Y luego el vacío cuando termina, la dificultad para volver a la rutina normal.

Ella lo llama su forma de ser escritora. Puede que sea exactamente eso. Puede que sea algo más.

Lo que importa es esto: mujeres con ese patrón de funcionamiento llevan generaciones siendo diagnosticadas de ansiosa, de creativa, de "demasiado sensible". El TDAH no aparecía en el diferencial porque el diferencial no estaba diseñado para ellas.

Las científicas con TDAH que cambiaron el mundo son otro ejemplo de cómo ese patrón se ha repetido una y otra vez en mujeres de alto rendimiento que funcionaban diferente sin que nadie pusiera nombre a cómo funcionaban.

Lo que el mito ha costado en términos reales

Décadas de diagnóstico tardío significan décadas sin tratamiento. Décadas de estrategias de compensación que funcionan hasta que no funcionan. Décadas de ansiedad secundaria, porque tu cerebro lleva años intentando sobrevivir en un sistema que no está diseñado para él.

Las mujeres con TDAH reciben el diagnóstico de media ocho años más tarde que los hombres. Ocho años. Ocho años más de funcionamiento en modo crisis, de pensar que el problema eres tú, de que algo en ti está roto de una manera que no tienen nombre.

El mito de que el TDAH es cosa de hombres no es inofensivo. Tiene un coste. Y ese coste se paga en diagnósticos que llegan veinte años tarde, en vidas enteras organizadas alrededor de un problema que nadie quiso buscar.

Simone Biles, con su respuesta de 2016, hizo algo que parece pequeño pero no lo es: le puso cara pública a una realidad que millones de mujeres vivían en privado. Un cerebro diferente. Un diagnóstico real. Y ninguna razón para esconderlo.

Esto es normalización, no diagnóstico. Si reconoces estos patrones en ti, el siguiente paso es un profesional, no un post de blog.

Si mientras leías esto has reconocido algo que nadie te había explicado antes, puede que valga la pena mirarlo más de cerca. El test de TDAH es un buen punto de partida.

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