La soledad de emprender desde otro país

No es la distancia. Es que nadie en tu entorno entiende ni las referencias, ni el contexto, ni lo que significa lo que estás haciendo. Eso tiene un coste.

Emprender ya es solitario. Lo es en tu propio país, en tu propia ciudad, rodeado de gente que al menos entiende el contexto.

Cuando lo haces desde otro país, el nivel de soledad tiene otra textura. No más intenso, necesariamente. Pero más raro. Más difícil de explicar.

¿Qué tipo de soledad es la del emprendedor expatriado?

La que viene de no tener el mismo referente que tu entorno.

Tu entorno nuevo no entiende por qué alguien haría lo que tú haces. En muchos países el emprendimiento no tiene el estatus cultural que tiene en España o en el ecosistema digital hispanohablante. La gente a tu alrededor tiene trabajos estables, horarios previsibles, cotizaciones a la seguridad social del país en que viven. Y tú eres el raro que trabaja desde casa para clientes que no puede señalar en un mapa y que a veces gana mucho y a veces no sabe qué le va a entrar el mes que viene.

Eso no lo puedes explicar en la cena de los martes. No porque no quieras. Sino porque el marco de referencia compartido no existe.

Y tu entorno español tampoco lo entiende del todo. Porque estás fuera. Y estar fuera tiene su propia distancia. La soledad del emprendedor ya es real en casa. Multiplicada por la expatriación tiene matices que van más allá de lo profesional.

¿Cómo afecta el TDAH a esa soledad?

El TDAH ya te hace sentir que funciones de manera distinta a los demás. Que tu cerebro va a otra velocidad, que tus prioridades son raras, que tu forma de trabajar no encaja con lo que se supone que debe ser trabajar.

Añade estar en un país donde el contexto cultural tampoco encaja, donde las bromas no son las mismas, donde el lenguaje no verbal es diferente, donde incluso las señales de que estás haciendo algo bien son distintas. Es demasiado ruido.

Con TDAH el cerebro ya tiene que trabajar más para filtrar estímulos y construir coherencia. En un contexto culturalmente diferente, ese trabajo se duplica. Y eso tiene un coste energético real que aparece en forma de cansancio difuso, de necesitar más tiempo a solas, de períodos de desconexión que la gente de fuera interpreta como introversión pero que son recuperación.

El cansancio que no cura durmiendo

¿Qué pasa con tu red de apoyo cuando estás fuera?

Se fragmenta.

La parte española de tu red es virtual. Los que te conocen de antes están a miles de kilómetros. Puedes hablar con ellos, sí, pero no puedes quedar para un café cuando tienes un mal día. Y el café con alguien que te conoce tiene un valor que ninguna videollamada replica completamente.

La parte local de tu red es nueva. No te conoce. No sabe de dónde vienes ni qué has construido antes ni por qué haces lo que haces. Tienes que construir esa confianza desde cero, en un contexto diferente, con energía que ya estás usando para otras cosas.

Y la red de emprendedores, que debería ser el puente, suele estar también online. Lo cual es válido. Pero tener tu comunidad entera en una pantalla, sin un espacio físico donde encontrarte con gente que entiende tu mundo, pesa.

¿Es posible gestionarlo bien?

Sí. Pero requiere intención.

Requiere construir rutinas físicas en el lugar donde vives que no dependan de entender el contexto local. Un gimnasio, un espacio de coworking, un grupo de idioma si estás aprendiendo la lengua local. Algo que te ancle físicamente y que te permita tener interacción humana de bajo coste sin tener que traducir tu vida entera cada vez.

Requiere mantener activa la parte española de tu red aunque sean calls de veinte minutos cada dos semanas. Porque esa parte de ti también necesita existir.

Y requiere aceptar que hay momentos en los que vas a estar solo de una forma que no tenía nombre antes de salir. Que eso no es fracaso. Es el precio de haber elegido un contexto diferente para construir lo que estás construyendo.

Emprender con TDAH

No es para todo el mundo. Pero si lo estás haciendo, sepas que la soledad que sientes es real. No es debilidad. Es el contexto.

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