Siempre estoy empezando de cero con algo nuevo
Tu vida es un bucle de reinicios. Cada mes empiezas algo de cero. Nunca construyes sobre lo anterior. No es que seas inconsistente.
Enero: nuevo sistema de productividad. Empiezas de cero.
Marzo: nuevo proyecto. Empiezas de cero.
Mayo: nuevo hobby. Empiezas de cero.
Julio: nuevo plan de entrenamiento. Empiezas de cero.
Septiembre: nuevo intento de lo de enero. Empiezas de cero. Otra vez.
Y mientras tanto, el tiempo pasa. Los meses se acumulan. Los años se van. Y tú sigues en el mismo sitio. No porque no te muevas. Te mueves mucho. Pero siempre en círculos. Siempre volviendo al punto de partida. Siempre empezando de cero.
¿Por qué no acumulas progreso?
Porque cada vez que empiezas algo nuevo, borras lo anterior. No conscientemente. No te levantas un día y dices "voy a tirar todo lo que he construido". Pero tu cerebro lo hace por ti.
Lo que pasa es que empezar de cero es fácil. Es emocionante. Tiene la dopamina del primer día. Esa sensación de "esta vez va a ser diferente" que ya conoces de las 47 veces anteriores pero que sigue funcionando como un reloj.
Continuar lo que ya empezaste es difícil. No tiene novedad. No tiene emoción. Tiene el peso del progreso lento, la monotonía de la repetición, y la ausencia total de subidones.
Tu cerebro, cuando le das a elegir entre continuar algo aburrido y empezar algo nuevo, siempre elige lo nuevo. Siempre. Sin excepción. No importa cuántas veces te hayas prometido que esta vez ibas a terminar.
Es como jugar a un videojuego y reiniciar la partida cada vez que llegas al nivel 5 porque los primeros niveles son los más divertidos. Nunca pasas del nivel 5. Pero juegas mucho.
El coste invisible de empezar de cero
Lo que nadie te dice es que empezar de cero tiene un coste enorme. No solo en tiempo. En autoestima.
Cada reinicio te dice, en silencio, que lo anterior no valía. Que el esfuerzo que pusiste fue inútil. Que los días que dedicaste se perdieron. Y después de suficientes reinicios, empiezas a creer que no eres capaz de construir nada.
"¿Para qué empiezo si ya sé que lo voy a dejar?"
Esa frase es la más peligrosa de todas. Porque el día que dejas de empezar es el día que te rindes. Y no porque no puedas. Sino porque te cansaste de fracasar.
Pero no estás fracasando. Empezar no es tu problema. Empezar es tu superpoder. Lo que te falta es el sistema para que empezar no signifique borrar todo lo anterior.
La vida en modo demo
A veces siento que he vivido en modo demo. Todo a un 10%. Hobbies al 10%. Proyectos al 10%. Habilidades al 10%. Mucha experiencia, poca profundidad.
Y no porque no tenga capacidad. Tengo. De sobra. Aprendo rápido. Me engancho rápido. Produzco rápido. Los primeros días de cualquier cosa soy mejor que la mayoría.
Pero cuando la fase inicial se acaba y toca profundizar, algo se rompe. Y la única forma de recuperar esa energía es empezar otra cosa. Nuevo tema. Nuevo enfoque. Nuevo combustible que dura lo mismo que el anterior.
Y así, la vida se convierte en una colección de comienzos. Brillantes, emocionantes, llenos de potencial. Que nunca llegan a ningún sitio.
¿Se puede dejar de empezar de cero?
Se puede. Pero no con "simplemente termina lo que empezaste". Eso no funciona. Créeme. Lo he intentado.
Lo que funciona es entender que tu cerebro necesita novedad para arrancar. Y en vez de luchar contra eso, usarlo. ¿Cómo? Metiendo novedad dentro de lo que ya estás haciendo. Cambiando el ángulo. Cambiando el proceso. Cambiando el orden. Manteniendo el proyecto pero renovando la forma de abordarlo.
No es fácil. No es automático. Pero es mejor que reiniciar de cero por cuadragésima vez.
Parece una tontería, pero a mí me salvó. El día que dejé de empezar de cero y empecé a adaptar mi constancia a cómo funciona mi cerebro fue el día que por fin acumulé progreso de verdad.
Lo que hay detrás del bucle
Mira, si esto te pasara una vez al año, sería un cambio de rumbo normal. Pero si empiezas de cero cada mes, si llevas años sin acumular progreso, si tu vida es un bucle de reinicios que no te lleva a ningún sitio, hay algo más.
Ese patrón, esa necesidad constante de novedad para funcionar y esa incapacidad de mantener lo que empezaste, es una de las señales más claras de TDAH en adultos. No la más obvia. No la más mediática. Pero sí una de las que más afecta a tu vida a largo plazo. Porque te impide construir.
No estoy diciendo que tengas TDAH por empezar de cero mucho. Estoy diciendo que si este patrón define tu vida, si te cuesta todo más que a los demás y no sabes por qué, merece la pena hablar con un psicólogo o psiquiatra.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero puede ser el primer paso que no tengas que repetir.
Hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No te diagnostica, pero te da un punto de partida para dejar de empezar de cero y empezar a entender. Puedes hacerlo aquí.
Sigue leyendo
No puedo concentrarme trabajando desde casa aunque quiero
Tu casa es un campo minado de distracciones y no es falta de disciplina: así funciona un cerebro que necesita estructura externa para arrancar.
Mi cerebro sabotea cualquier hábito nuevo en menos de una semana
Empiezas motivado. A los 3 días algo falla. A la semana ya lo dejaste. Tu cerebro tiene un patrón de sabotaje. Y tiene explicación.
El primer día de cualquier hábito es fácil: el problema es el quinto
El día 1 te sientes imparable. El día 5 te preguntas por qué empezaste. No es motivación. Es tu cerebro.
No recuerdo si ya conté esta historia y la gente es demasiado educada para decirlo
Empiezas a contar algo y a la mitad piensas: espera, ¿ya conté esto? La cara de tu amigo dice que sí. Pero no te corta.