Si me interrumpen pierdo 30 minutos para volver a concentrarme

Te interrumpen un segundo y necesitas media hora para volver a donde estabas. No es exageración. Tu cerebro pierde el hilo de una manera que tiene explicación.

Estás concentrado. Por fin. Después de media hora de intentar entrar en la tarea, por fin estás dentro. Las ideas fluyen. El trabajo avanza. Todo tiene sentido.

Y entonces alguien te toca el hombro. "Oye, una pregunta rápida."

30 segundos de interrupción. Y media hora para volver a donde estabas.

¿Por qué una interrupción de 30 segundos te roba media hora?

Porque tu concentración no funciona como un interruptor de luz que se enciende y se apaga. Funciona más como un fuego que tienes que encender frotando dos palos. Te cuesta un rato considerable prender la llama. Y cuando alguien sopla, no basta con volver a frotar un segundo. Tienes que empezar de cero.

Eso es lo que pasa dentro de tu cabeza cuando te interrumpen. No pierdes solo el hilo de lo que estabas haciendo. Pierdes el estado mental completo. El contexto. La secuencia de pasos. La mini-estructura que habías montado en la memoria de trabajo para sostener la tarea.

Y la memoria de trabajo, que es como una mesa muy pequeña donde solo caben dos o tres cosas, se vacía de golpe. Todo lo que tenías encima se cae al suelo. Y tienes que recogerlo, pieza por pieza, y volver a montarlo.

Eso son tus 30 minutos.

¿Te pasa esto en cualquier tarea o solo en algunas?

Aquí hay un matiz interesante.

Si estás haciendo algo que te interesa mucho, algo que te tiene enganchado, la interrupción molesta pero puedes volver relativamente rápido. Porque el interés actúa como un imán que te trae de vuelta.

Pero si estás haciendo algo que te cuesta, algo que has tardado un rato en "entrar" - un informe, un Excel, una tarea repetitiva - la interrupción es devastadora. Porque no solo pierdes el hilo. Pierdes también la inercia. Y recuperar la inercia en una tarea que no te estimula es como empujar un coche cuesta arriba. Otra vez. Desde cero.

Es lo que explica por qué ciertas personas sienten que todo les cuesta más que a los demás. No es que la tarea sea más difícil. Es que el coste de arrancar es desproporcionado.

Lo que pasa entre la interrupción y la vuelta al trabajo

Te cuento lo que me pasa a mí, a ver si te suena.

Me interrumpen. Contesto. Tardo 30 segundos. Vuelvo a la pantalla. Y en vez de retomar la tarea, mi cerebro decide que ya que estamos, vamos a revisar el correo. O a mirar esa notificación que ha salido. O a buscar una cosa que no tiene nada que ver.

No es una decisión consciente. Es que la interrupción rompió el estado de concentración y ahora mi cerebro está en modo exploración. Saltando de una cosa a otra. Porque volver a la tarea aburrida requiere un esfuerzo de activación que en ese momento no tiene. Y cualquier cosa nueva es más fácil de arrancar que retomar algo a medias.

Y así pasan 10 minutos. 20 minutos. Media hora. Hasta que o bien me obligo a volver, o bien la urgencia del deadline me empuja de nuevo.

Solo trabajar bajo presión

El open space es un campo de minas

Si trabajas en una oficina abierta, ya sabes lo que es esto. Cada conversación, cada persona que pasa, cada teléfono que suena es una interrupción potencial. Y tu cerebro las registra todas. Aunque no quiera. Aunque intentes ignorarlas.

Porque no es que seas más sensible que los demás. Es que tu filtro de atención no descarta los estímulos irrelevantes con la misma facilidad. Todo entra. Todo compite por tu atención. Y mantener la concentración en ese entorno es como intentar leer un libro en una discoteca.

He hablado con gente que se pone auriculares sin música solo para que no les hablen. Que se van al baño a trabajar porque es el único sitio donde nadie les interrumpe. Que llegan una hora antes o se quedan una hora después para tener silencio.

Eso no son manías. Eso son estrategias de supervivencia.

¿Y si tu cerebro no es el problema, sino el entorno?

Hay cerebros que filtran bien el ruido y gestionan las interrupciones sin despeinarse. Y hay cerebros que no. Que necesitan un entorno controlado para funcionar. Que cuando el entorno no colabora, el rendimiento se desploma.

En personas con TDAH, esto está documentado hasta la saciedad. La dificultad para retomar tareas después de una interrupción, la hipersensibilidad a los estímulos del entorno, el coste desproporcionado de los cambios de contexto. No es debilidad. Es que el sistema atencional funciona con reglas diferentes.

Esto no sustituye la opinión de un profesional, ojo. Pero si reconoces este patrón como algo que te pasa todos los días, no en un día malo sino TODOS los días, a lo mejor vale la pena explorarlo con alguien que sepa de esto.

Una cosa que ayuda (y no es "pon un cartel de no molestar")

Lo que a mí me funciona es externalizar el contexto antes de atender la interrupción. Suena rimbombante, pero es simple: cuando alguien me interrumpe, antes de contestar, escribo en una nota rápida dónde estoy. "Estaba en la fila 47 del Excel" o "iba por el tercer punto del informe".

Tres segundos. Pero cuando vuelvo, no tengo que reconstruir nada. Solo leo la nota y mi cerebro sabe exactamente dónde retomar.

Parece una tontería. Pero la diferencia entre tener un ancla escrita y depender de la memoria es la diferencia entre 5 minutos de reconexión y 30 minutos de vagar por el desierto digital.

Ya te digo.

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