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Ser periodista con TDAH: deadlines, caos y artículos a las 3AM

Deadlines cada hora, cerebro que solo rinde bajo presión y artículos escritos de madrugada. Así es el periodismo con TDAH.

tdah

Noticias que cambian cada hora, deadlines que no esperan y un cerebro que funciona mejor bajo presión extrema. El periodismo con TDAH es un hiperfoco obligado. Hasta que la adrenalina se acaba.

Tengo un amigo periodista. Se llama Marcos. Y cada vez que quedamos a tomar algo, hay un 50% de probabilidades de que me cancele a última hora porque "ha petado algo" en la redacción.

La otra mitad de las veces llega tarde, con el portátil bajo el brazo, los ojos rojos y una historia que empieza siempre igual: "Tío, no te vas a creer lo que he escrito esta madrugada".

A las tres de la mañana. Con dos cafés encima. Después de haber pasado el día entero sin poder escribir ni una línea.

Y lo que escribió a esa hora, por supuesto, era lo mejor que había entregado en semanas.

¿Es compatible ser periodista con tener TDAH?

Es la pregunta que Marcos me hizo un día en serio, medio en broma, medio asustado. Acababa de llegar un error gordo al periódico. Una cifra mal. Un dato que no había verificado. Su jefe se lo había hecho saber delante de media redacción.

"Me pasa constantemente. Leo algo, estoy seguro de que lo he entendido, y luego resulta que mi cerebro ha rellenado huecos que no existían."

Eso no es ser mal periodista. Eso es tener un cerebro que salta los detalles cuando el estímulo no es suficiente. Y en periodismo, donde cada dato cuenta, cada cifra importa y cada nombre tiene que estar bien escrito, esos saltos cuestan caro.

Pero aquí viene lo interesante: el periodismo también tiene algo que al cerebro TDAH le encanta. Urgencia. Novedad constante. Estímulos a cada minuto. Una noticia que cae y hay que cubrir ya. Un tema que cambia tres veces antes de la hora de cierre.

Eso, para un cerebro que necesita adrenalina para arrancar, es gasolina pura.

El problema es que esa gasolina no dura para siempre.

¿Por qué el periodismo atrae tanto al cerebro TDAH?

Porque es uno de los pocos trabajos donde la presión externa es constante. Y para un cerebro que no genera su propia motivación interna de forma estable, la presión externa funciona como un sustituto.

Piénsalo. Un periodista con TDAH no necesita convencerse de que hay que escribir. La noticia está ahí. El deadline es en dos horas. El editor está esperando. No hay margen para procrastinar. Tu cerebro no tiene que buscar la dopamina porque la dopamina te la da el reloj.

Es como si todo el oficio estuviera diseñado para activar el modo pánico productivo.

Y funciona. Durante un tiempo.

El artículo sale. A veces hasta sale bien. Sales de la redacción con esa sensación de "lo he conseguido por los pelos" que para un cerebro TDAH es la droga más potente que existe.

Pero nadie te cuenta lo que pasa después.

¿Qué pasa cuando la adrenalina se agota?

Que te estrellas.

Porque el periodismo no son solo deadlines de última hora. También hay investigaciones largas. Artículos de fondo que tardan semanas. Seguimiento de historias que no cambian durante meses. Reuniones de redacción donde hay que estar callado y prestar atención a temas que no te interesan.

Y ahí es donde el cerebro TDAH se queda sin combustible.

El artículo de investigación que tenías que entregar el viernes lleva tres semanas sin avanzar. No porque no quieras escribirlo. Sino porque cada vez que te sientas, tu cerebro dice "esto puede esperar" y se va a la noticia de última hora que acaba de caer. Lo urgente se come a lo importante. Siempre.

Y encima, cuando por fin te sientas a las dos de la mañana a terminarlo de golpe, sale decente. Lo cual refuerza el patrón. Tu cerebro aprende que funciona así y lo repite.

Hasta que un día no sale decente. Un día estás demasiado cansado. Un día llevas semanas durmiendo cuatro horas y la presión que antes te activaba ahora te paraliza.

Eso tiene nombre. Se llama burnout por masking. Y en periodismo llega con más fuerza porque el ritmo no para. La redacción no cierra. Las noticias no descansan. Y tú tampoco.

¿Cómo se sobrevive al periodismo con TDAH?

No te voy a dar cinco tips de productividad porque no soy tu coach. Pero sí te cuento lo que he visto que funciona.

Lo primero es entender que tu cerebro no es el problema. Tu cerebro en un entorno de deadline constante es una máquina. El problema es cuando ese entorno desaparece y tú sigues esperando que la urgencia te active.

Lo segundo es construir urgencia artificial para las tareas que no la tienen. Marcos empezó a ponerse deadlines propios con su editor. Le decía "el jueves te entrego un primer borrador del largo". No porque el editor se lo pidiera, sino porque necesitaba que alguien externo le esperara. Eso le daba la presión justa para arrancar.

Lo tercero es aceptar que los errores van a pasar. Y crear sistemas para cazarlos antes de que lleguen al público. Una checklist de verificación de datos. Un compañero que revise las cifras. Leer en voz alta antes de publicar. No por inseguridad, sino por arquitectura. Hay adaptaciones que puedes pedir sin drama y que no son un favor, son un derecho.

Y lo cuarto, que es lo que más cuesta: descansar antes de romperte. No después. Porque el cerebro TDAH no te avisa cuando está al límite. Simplemente un día se apaga y tú no entiendes qué ha pasado.

El periodismo necesita cerebros así

Lo digo en serio. El periodismo necesita gente que piense rápido, que conecte puntos que nadie ve, que pueda pivotar de un tema a otro sin pestañear. Eso es exactamente lo que un cerebro TDAH hace bien.

El problema nunca ha sido el cerebro. El problema es que nadie te enseña a usarlo en un entorno que te exprime sin darte manual de instrucciones.

Marcos sigue escribiendo. Sigue llegando tarde. Sigue cancelándome planes. Pero ahora sabe por qué su cerebro hace lo que hace. Y eso, aunque no lo arregle todo, cambia la historia entera.

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