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Ser bombero con TDAH: cuando la emergencia es tu zona de confort

En una emergencia eres el primero. En la vida normal no puedes ni rellenar un formulario. Así funciona ser bombero con TDAH.

tdah

En una emergencia real eres el primero en reaccionar. El que mantiene la cabeza fría, da órdenes, se mueve sin dudar.

En la vida normal no puedes rellenar un formulario sin perder la cabeza tres veces.

Bienvenido a ser bombero con TDAH.

El parque está tranquilo. Y tú te estás muriendo.

Conozco a bomberos que me han escrito contándome la misma historia con palabras diferentes. El patrón es siempre el mismo.

Llega una emergencia. Incendio, accidente, rescate. Su cerebro se enciende como si alguien le hubiera dado al interruptor de golpe. Todo se vuelve nítido. Las decisiones salen solas. No hay duda, no hay parálisis, no hay ruido. Solo acción.

Y luego vuelven al parque.

Se sientan en la mesa de la cocina. Tienen que rellenar el parte de intervención. Y de repente el mismo cerebro que hace veinte minutos dirigía un rescate no es capaz de escribir tres líneas seguidas sin levantarse a mirar el móvil.

Es absurdo si lo ves desde fuera.

Pero si tienes TDAH, es lo más lógico del mundo.

¿Por qué un cerebro TDAH rinde mejor en emergencias?

Porque las emergencias le dan a tu cerebro exactamente lo que necesita: adrenalina, urgencia y consecuencias inmediatas.

Tu cerebro con TDAH no es un cerebro roto. Es un cerebro que funciona con un sistema de recompensa diferente. Necesita estimulación alta para activarse. Y las emergencias son estimulación pura. Peligro real, decisiones con peso, resultados visibles al instante.

En ese contexto, tu cerebro no tiene que esforzarse por concentrarse. Se concentra solo. Es automático. La dopamina llega a raudales porque la situación la genera de forma natural.

Eso que la gente llama "trabajar bien bajo presión" no es un rasgo de personalidad. Es neurología. Tu cerebro necesita un umbral de activación más alto que el de los demás. Y una emergencia cruza ese umbral de sobra.

Por eso muchas personas con TDAH acaban en profesiones de alta intensidad. Bomberos, sanitarios, urgencias, policía. No es casualidad. Es que en esos trabajos, su cerebro por fin funciona como debería. Como le ocurre también a los enfermeros con TDAH en la sanidad: misma lógica, mismo patrón.

El problema no es la emergencia. Es todo lo demás.

Nadie habla de esto.

De las horas muertas en el parque. De la guardia tranquila donde no pasa nada y tu cerebro empieza a buscar estímulos donde no los hay. De las tareas administrativas que se acumulan. De los cursos de reciclaje donde tienes que sentarte tres horas a escuchar una presentación sobre normativa de evacuación.

Ahí es donde el TDAH aparece con toda su fuerza.

Porque el mismo cerebro que es una máquina en el caos se convierte en un desastre en la calma. No porque seas vago. No porque no te importe. Sino porque tu cerebro interpreta la calma como silencio, y el silencio como vacío. Y en el vacío, se dispersa.

El hiperfoco no elige cuándo aparece

La trampa del "eres un crack"

Y aquí viene la parte que nadie te cuenta.

Tus compañeros te ven en acción y dicen "tío, eres un crack". Tu jefe te valora. En las intervenciones reales, rindes al nivel más alto. Eres rápido, eres decisivo, eres de los que la gente quiere tener al lado cuando todo se pone feo.

Pero luego llegas a casa y no puedes pagar una factura a tiempo. Te olvidas de citas. Pierdes las llaves. Empiezas cinco conversaciones y no terminas ninguna.

Y la gente no lo entiende.

Porque si eres capaz de entrar en un edificio en llamas y sacar a una familia, ¿cómo es posible que no puedas acordarte de comprar leche?

Eso es lo que hace el TDAH. Crea una brecha absurda entre tu mejor versión y tu peor versión. Y esa brecha confunde a todos, empezando por ti.

Empiezas a pensar que eres inconsistente. Que no te esfuerzas lo suficiente. Que si puedes hacerlo en una emergencia, deberías poder hacerlo siempre.

Pero no funciona así. Tu cerebro no tiene un botón de encendido manual. Tiene un sistema de activación que depende del contexto. Y el contexto de una emergencia es radicalmente diferente al contexto de una mañana de martes rellenando informes.

¿Qué puedes hacer con esto?

Primero, entenderlo. Que no es falta de voluntad. Que no es que las tareas aburridas "no te importen". Es que tu cerebro necesita un tipo de estimulación que esas tareas no generan.

Segundo, dejar de comparar tu rendimiento en emergencias con tu rendimiento en el día a día. Son dos escenarios completamente distintos para tu neurología. Pedir que rindas igual en los dos es como pedirle a un motor de fórmula 1 que ahorre gasolina en un atasco. No está diseñado para eso.

Tercero, buscar formas de subir artificialmente la estimulación de las tareas que te cuestan. Cronómetro visible, música, hacer las tareas administrativas justo después de una intervención (cuando todavía tienes adrenalina de sobra), o convertir el formulario en una competición contigo mismo.

No es la solución perfecta. Pero es mucho mejor que repetirte "a ver si me centro de una vez" por vigésima vez en la misma guardia.

Ser bombero con TDAH no es una contradicción

Es, de hecho, una de las combinaciones más lógicas que existen.

Un trabajo donde la emergencia es la norma y tu cerebro por fin tiene el combustible que necesita para funcionar. Donde la acción vale más que el papeleo. Donde la capacidad de reaccionar en milisegundos puede salvar vidas.

El problema es que el mundo laboral, incluso dentro de los servicios de emergencia, sigue diseñado para cerebros que funcionan bien en la calma. Reuniones largas. Formularios. Protocolos escritos en lenguaje que nadie leería voluntariamente.

Y ahí es donde tú chocas. No porque no valgas. Sino porque tu cerebro vale para cosas que el sistema no mide.

La próxima vez que alguien te diga "si puedes hacer esto, puedes hacer aquello", recuérdale que un cerebro TDAH no funciona con lógica lineal. Funciona con contexto. Con intensidad. Con un sistema que se enciende cuando la vida se pone seria y se apaga cuando la vida se pone burocrática.

Y eso no te hace peor bombero. Te hace un bombero con un cerebro diferente. Que en las situaciones que de verdad importan, es exactamente el cerebro que todos quieren a su lado.

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