Salgo de casa y vuelvo tres veces porque siempre olvido algo

Llaves, móvil, cartera. Revisas los tres. Sales. Vuelves. Se te olvidó el almuerzo. Tu ritual matutino.

Llaves. Móvil. Cartera. Revisas los tres. Sales. A los 10 metros vuelves. Se te olvidó el almuerzo. Sales otra vez. Vuelves. Las gafas de sol.

Es tu ritual matutino. El tuyo y el de cualquiera cuyo cerebro funcione como el mío.

¿Por qué siempre olvidas algo al salir de casa aunque lo repases?

Porque tu cerebro no funciona con checklists. Da igual que te lo repitas mentalmente antes de salir. "Llaves, móvil, cartera, almuerzo, gafas." Lo dices como un mantra. Te lo crees. Sales convencido de que esta vez lo llevas todo.

Y a los 10 metros, esa sensación. Esa puñetera sensación de que algo falta.

Y falta. Siempre falta.

Mira, lo que pasa es que tu memoria de trabajo es como una mesa de bar pequeña. Caben dos cañas y una tapa. Si pones la tercera caña, se cae la tapa al suelo. No es que no te importara la tapa. Es que la mesa no da para más.

Tu cerebro repasa la lista, pero mientras repasa el punto 4, el punto 2 ya se cayó de la mesa. Y tú sales de casa con la convicción absoluta de que lo llevas todo porque en el último instante tu cerebro solo veía los 2 elementos que quedaban encima.

O sea, no es despiste. Es hardware. Tu memoria de trabajo tiene un ancho de banda limitado, y salir de casa requiere gestionar demasiadas cosas a la vez.

El bucle de volver, coger la cosa, y volver a salir

Lo mejor de todo es que el bucle tiene fases.

Primera vuelta: algo obvio. Las llaves. El móvil. La cartera. Algo que necesitas para funcionar como ser humano en la calle. Vuelves, lo coges, piensas "menos mal que me he dado cuenta". Sales otra vez.

Segunda vuelta: algo que no era urgente pero que te va a fastidiar no tener. El almuerzo. Los cascos. Un documento. Algo que tu cerebro clasificó como "secundario" y dejó caer de la mesa sin avisarte.

Tercera vuelta: algo absurdo. Las gafas de sol que llevas en la cabeza. El café que dejaste en la encimera. El abrigo en pleno invierno. Algo que no deberías poder olvidar y que sin embargo olvidaste.

Y lo peor no es volver tres veces. Lo peor es que cada vez que vuelves y abres la puerta, ves otro objeto que también tendrías que llevar pero que no estaba en la lista original. Y ahora tienes que decidir si cogerlo o dejarlo, y esa decisión ocupa espacio en la mesa, y se cae otra cosa.

Es un bucle infinito. Y los vecinos te miran raro porque es la tercera vez que abres el portal en 5 minutos.

No es que seas desorganizado. Es que salir de casa es una operación logística

A ver, la gente piensa que salir de casa es simple. Te pones los zapatos, coges las llaves y sales. Punto.

Pero para un cerebro que funciona como el nuestro, salir de casa es un proceso de 47 micro-decisiones simultáneas. ¿Llevo paraguas? ¿Necesito los cascos? ¿He cogido la cartera? ¿He cerrado la ventana? ¿He apagado el fuego? ¿Dónde dejé el móvil? ¿Tengo batería? ¿Llevo las llaves del trabajo o solo las de casa?

Y todo eso pasa en paralelo. En tu cabeza. Sin sistema. Sin orden. A lo bestia.

Es como intentar hacer malabares con 8 pelotas cuando solo puedes sujetar 2. Las otras 6 están en el aire, y cada vez que coges una, sueltas otra. Y así hasta que te rindes y sales rezando.

Y luego te comparas con la gente que sale de casa en 30 segundos sin volver ni una vez y piensas que eres un desastre. Que te cuesta todo más que a los demás. Que algo va mal contigo.

No va mal nada. Bueno, va diferente. Que no es lo mismo.

Lo de olvidar cosas es un patrón más grande de lo que parece

Esto no se queda en salir de casa, ¿no?

Olvidas el almuerzo. Olvidas las gafas. Olvidas citas y compromisos importantes. Olvidas dónde dejaste las llaves, el móvil o las gafas por enésima vez. Es el mismo mecanismo aplicado a distintas situaciones.

Tu cerebro no archiva las cosas donde debería. Las deja en cualquier sitio, como cuando llegas a casa cansado y dejas las llaves en el primer lugar que pillas en vez de en el gancho. Y luego no las encuentras. Porque tu cerebro hizo exactamente lo mismo con la información: la dejó en el primer sitio que pilló y siguió a lo suyo.

No es falta de inteligencia. No es falta de interés. Es un sistema de archivado que funciona con sus propias reglas, y sus reglas son bastante caóticas.

Lo que a mí me funciona (que no es perfecto, pero es algo)

No te voy a engañar. Sigo volviendo a casa. Menos que antes, pero sigo.

Lo que me ayuda es sacar las cosas de mi cabeza y ponerlas en un sitio físico. En mi caso, una bandeja al lado de la puerta. Todo lo que tengo que llevar al día siguiente va a esa bandeja la noche anterior. Llaves, cartera, cascos, lo que sea.

Parece una tontería. Pero la diferencia entre "lo tengo en la cabeza" y "lo tengo en la bandeja" es la diferencia entre volver 3 veces y volver 0. O 1, que también pasa. Pero mejor 1 que 3.

El truco no es recordar mejor. El truco es dejar de depender de tu memoria para las cosas que puedes delegar a un sistema físico. Porque tu memoria va a fallar. La bandeja no.

Y si no es una bandeja, que sea una mochila preparada. O una lista pegada en la puerta. O una alarma que te diga "revisa la bandeja, imbécil". Da igual el sistema. Lo que importa es que no dependa de tu cabeza.

Porque si depende de tu cabeza, ya sabes lo que va a pasar. Vas a salir. Vas a volver. Y vas a volver a salir. Y los vecinos van a pensar que se te ha ido la pinza.

Que a lo mejor sí. Pero al menos ahora sabes por qué.

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