Mi rutina de mañana ideal nunca sobrevive al martes

El lunes la clavo. Agua, ejercicio, journaling, planificación. El martes ya es café y mirar el móvil.

El lunes a las 6:30 suena el despertador. Me levanto. Bebo agua. Hago 10 minutos de estiramientos. Escribo tres cosas por las que estoy agradecido. Planifico el día. Desayuno sin móvil. Me siento como un CEO de Silicon Valley con su vida resuelta.

El martes a las 6:30 suena el despertador. Lo pospongo. Dos veces. Me levanto a las 7:15. Miro el móvil en la cama durante 20 minutos. Me hago un café. Me siento en el sofá. Y cuando quiero darme cuenta son las 9 y no he hecho nada de mi "rutina perfecta".

Ese es el gap. Del lunes al martes. De la versión ideal de mí mismo a la versión real. Y la versión real siempre gana.

¿Por qué el lunes siempre funciona y el martes nunca?

Porque el lunes tienes el combustible de la novedad. Es un día nuevo, una semana nueva, un inicio nuevo. Tu cerebro lo percibe como un evento y libera dopamina extra para la ocasión.

Pero el martes no es un inicio. Es una continuación. Y la continuación no genera dopamina. La continuación es rutina. Y la rutina para ciertos cerebros es kriptonita.

Es como cuando vas a un buffet libre. El primer plato lo preparas con cariño: eliges bien, colocas bonito, hasta haces foto. El segundo plato ya es "lo que quepa". Y el tercero es meter cosas sin mirar. Tu rutina de mañana es ese buffet. El lunes es el primer plato. El martes, lo que quepa.

La rutina de mañana que diseñas vs. la que ejecutas

Cuando diseñas tu rutina de mañana, la diseñas desde la versión más optimista de ti mismo. La versión que se levanta con energía, que no tiene sueño, que no se queda en la cama mirando Instagram, que no necesita tres cafés para funcionar.

Pero esa versión de ti mismo solo existe en tu imaginación. La versión real tiene sueño. Tiene pereza. Tiene un cerebro que a las 6:30 de la mañana todavía está intentando arrancar como un coche viejo en invierno.

Y la brecha entre la versión diseñada y la versión real es donde mueren todas las rutinas de mañana. Porque el martes, cuando la versión real aparece, miras la lista de 7 cosas que tienes que hacer antes de las 8 y piensas "ni de coña".

¿Significa que no puedo tener rutina de mañana?

No. Significa que tu rutina de mañana tiene que ser tan ridículamente pequeña que incluso la peor versión de ti mismo pueda hacerla.

A mí me funciona tener una rutina de mañana de exactamente una cosa. Una. "Levantarme y beber un vaso de agua." Ya está. Esa es mi rutina. Algunos días hago más. Algunos días hago ejercicio, planifico, leo. Pero eso es bonus. No es la rutina. La rutina es el vaso de agua.

¿Es patético? Puede. ¿Funciona? Sí. Porque cuando la barra está en "beber agua", puedo cumplir incluso los días que no puedo ni seguir una agenda más de tres días. Y cumplir genera una micro-victoria que a veces, solo a veces, me da el empujón para hacer la segunda cosa. Y la tercera.

Pero si no llego a la tercera, da igual. Porque he cumplido. Y eso es infinitamente mejor que fallar con una rutina de 7 pasos y sentirme un desastre.

La rutina de mañana perfecta es la que haces. No la que planificas. Y si la que haces es un vaso de agua, pues mira, ya tienes una rutina de mañana. Más de lo que la mayoría puede decir cuando su rutina de 45 minutos no sobrevive al segundo día.

Si tu cerebro sabotea tus rutinas de forma sistemática, puede que no sea un problema de voluntad. Merece la pena explorarlo con un profesional.

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Tengo un test de 43 preguntas que te puede dar bastante claridad sobre por qué te cuesta tanto mantener rutinas. Hacer el test TDAH.

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