Rodearte de gente que siempre dice que sí es la trampa más cómoda del emprendimiento

Los que siempre te apoyan se sienten bien pero te cuestan caro. El emprendedor que solo escucha síes toma peores decisiones y tarda más en descubrirlo.

Es tentador.

Después de años emprendiendo, de recibir críticas, de explicar lo que haces a personas que no entienden, de justificar decisiones a gente que no tiene contexto, la comodidad de rodearte de personas que te entienden, que apoyan lo que haces y que no cuestionan cada paso, se convierte en algo que buscas activamente. Consciente o no.

El problema es que esa comodidad tiene un precio que no aparece inmediatamente. Y cuando aparece, ya has tomado demasiadas decisiones dentro de ella.

¿Por qué el sí constante es más peligroso que el no constante?

Porque el no constante al menos te mantiene alerta.

Si siempre recibes críticas, desarrollas un músculo de evaluación: aprendes a distinguir la crítica que tiene razón de la que no. Aprendes a procesar la incomodidad del cuestionamiento sin que te paralice. Aprendes que puedes seguir adelante aunque no todo el mundo esté de acuerdo.

El sí constante no desarrolla ese músculo. Lo atrofia. Cada vez que tomas una decisión y todo el mundo asiente, el cerebro aprende que no necesita buscar problemas porque el entorno confirma que no los hay. Y entonces llega el momento en que hay un problema real - en el producto, en el pricing, en la estrategia - y no tienes el sistema de detección calibrado porque no lo has ejercitado.

Con TDAH esto se amplifica de una forma particular. El sistema de recompensa responde muy bien a la aprobación. El sí activa dopamina. El no la bloquea. Si el entorno te da síes constantemente, estás entrenando el cerebro para tomar decisiones que maximizan los síes, no las que son correctas. Y esas dos cosas no siempre coinciden.

¿Qué distingue al apoyo real del sí disfrazado de apoyo?

El apoyo real puede incluir un pero.

"Me parece bien la idea, pero hay una cosa que no te cuadra en el pricing." "El copy está bien, pero la promesa de la headline no la puedes cumplir con lo que describes después." "Creo que vas por buen camino, pero si no resuelves esto ahora, va a ser un problema en seis meses."

Ese tipo de apoyo es el más valioso que existe. Porque parte de una posición de querer que te vaya bien, y precisamente porque quiere que te vaya bien, te señala lo que puede salir mal.

El sí disfrazado de apoyo no incluye peros. O si los incluye, son tan suaves que no producen ningún cambio. "Todo está muy bien" no es apoyo. Es comodidad compartida. La persona que te lo dice se siente bien por no haberte hecho sentir mal. Tú te sientes bien por haber recibido validación. Nadie ha dicho nada útil.

¿Cómo construyes un entorno que te diga la verdad sin que sea un entorno hostil?

La respuesta no es buscar gente que te critique constantemente. El extremo opuesto tampoco funciona: rodearte de personas que cuestionan todo produce parálisis, no claridad.

Lo que funciona es calibrar las expectativas explícitamente. Cuando le pides feedback a alguien, dile exactamente qué tipo de feedback necesitas. "Necesito que me digas qué no funciona, no si te gusta." "Busco que me señales el punto más débil, no que me confirmes si va bien." La gente que te quiere puede darte feedback incómodo si le quitas la presión de tener que decidir si dártelo o no.

Y construye relaciones con personas que tengan algo que perder si te dicen que sí cuando no es verdad. Un mentor, un socio, alguien cuya reputación está ligada a la calidad de su opinión. Esas personas tienen incentivos para ser precisas, no para ser amables.

La pieza que conecta todo esto es el orgullo: muchas veces no buscamos personas que nos digan la verdad porque en el fondo no queremos escucharla. Buscamos validación. Y la encontramos, porque el entorno siempre da lo que le pides. Si pides síes, síes obtienes.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

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