La trampa de optimizar lo que no importa mientras lo que importa arde

Pasas horas perfeccionando el proceso de facturación y llevas semanas sin hablar con ningún cliente potencial. Eso tiene nombre y no es productividad.

Llevas tres días optimizando el proceso de facturación.

Plantilla nueva. Numeración automática. Integración con el banco para registrar los pagos al momento. Un flujo de Zapier que actualiza una hoja y manda un email de confirmación. Todo perfecto. Todo eficiente. Un sistema de facturación que cualquier empresa con veinte empleados envidiaría.

Y llevas tres semanas sin mandar una propuesta a nadie.

Eso no es productividad. Es lo opuesto a la productividad disfrazado de productividad.

¿Por qué el cerebro con TDAH optimiza lo irrelevante?

Porque lo irrelevante es seguro y estimulante al mismo tiempo.

Optimizar la facturación tiene todas las características que tu cerebro busca: es nuevo (cada vez que lo retoces hay algo diferente que explorar), tiene retroalimentación inmediata (puedes ver el sistema funcionando al momento), no tiene riesgo de rechazo (una hoja de cálculo no te puede decir que no), y se siente como trabajo real.

Hablar con clientes potenciales no tiene ninguna de esas características. Es repetitivo si llevas tiempo haciéndolo. La retroalimentación puede tardar días o semanas. Hay riesgo de rechazo en cada conversación. Y hay momentos en que no se siente como trabajo, se siente como vulnerabilidad.

Así que el cerebro elige lo primero sobre lo segundo cada vez que puede. Y cuando lo hace, se inventa una narrativa de por qué era necesario. "El sistema de facturación estaba mal" es una razón que suena a adulto responsable. "No quería enfrentarme a que quizás no hay suficientes clientes interesados" es la razón real.

¿Cómo distingues lo que importa de lo que no importa?

Una pregunta: ¿esto genera dinero directamente o lo facilita?

Si la respuesta es "lo facilita", tienes que ser muy honesto sobre si realmente lo facilita o si solo te hace sentir que trabajas. Un buen sistema de facturación facilita cobrar. Pero si ya cobras bien sin él, el tiempo invertido en perfeccionarlo es tiempo robado a lo que genera el dinero en primer lugar.

Lo que importa en casi todos los negocios pequeños es lo mismo: encontrar personas con un problema, ofrecerles algo que resuelva ese problema, y cobrar por ello. Todo lo demás es infraestructura. Y la infraestructura solo tiene sentido cuando hay tráfico que gestionar.

Facturar no es lo mismo que ganar

¿Qué pasa cuando identificas el patrón?

La primera reacción suele ser vergüenza. Llevas días, semanas, a veces meses haciendo cosas que se sentían importantes y que en realidad eran una forma elaborada de evitar lo que de verdad mueve el negocio.

La vergüenza es inútil. Úsala como información y sigue adelante.

El patrón de caer siempre en lo mismo no desaparece porque lo hayas identificado una vez. Vuelve. La optimización de lo irrelevante es una forma de procrastinación tan sofisticada que engaña incluso a quien la padece. La diferencia es que ahora tienes una señal de alerta: cuando llevas más de dos días mejorando algo que ya funciona, pregúntate qué estás evitando.

La respuesta a esa pregunta es probablemente lo único que merece tu atención esta semana.

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