La presión de ser original te paraliza: nadie espera que inventes algo nuevo

Estás bloqueado porque crees que debes decir algo que nadie ha dicho antes. Tu audiencia no quiere originalidad. Quiere tu perspectiva.

Llevas tres horas mirando una pantalla en blanco.

No porque no tengas nada que decir. Tienes mucho. El problema es que todo lo que se te ocurre ya lo ha dicho alguien. Mejor que tú, probablemente. Con más datos, con más ejemplos, con más rigor. Cualquier tema que abres ya tiene diez artículos, cinco vídeos y dos libros completos.

¿Para qué añadir uno más?

Esa pregunta es el principio del bloqueo. Y es una pregunta basada en una premisa falsa.

¿Qué entiende mal el creador que busca originalidad?

Que la originalidad no está en el tema. Está en el autor.

El tema "cómo vender sin perseguir clientes" ya existe. Hay libros enteros sobre ello. Hay consultores que llevan décadas dando formación. Hay frameworks con nombres, con pasos, con certificaciones. No puedes inventar un tema nuevo sobre eso.

Pero tú puedes contar cómo lo hiciste tú. Con qué tropezaste. Qué te sorprendió. Qué funcionó en tu caso y qué no funcionó aunque los libros decían que sí. Qué pensabas antes de probarlo y qué piensas ahora.

Esa perspectiva es irrepetible. No porque seas especial de una manera abstracta. Sino porque eres tú, con tu historia concreta, con tus errores concretos, con tu negocio concreto. Nadie más puede escribir ese texto porque nadie más ha vivido exactamente lo que tú has vivido.

La audiencia no quiere tips. Quiere saber cómo lo hizo alguien real en una situación real. Y eso solo tú puedes darlo.

¿Por qué el TDAH intensifica la presión de ser original?

Porque hace que todo se sienta urgente e importante al mismo tiempo.

Cuando tienes una idea, la tienes con toda la intensidad de ese momento. Te parece poderosa, nueva, digna de ser desarrollada. Pero luego el cerebro avanza, llega otro estímulo, y esa idea se archiva. Y cuando vuelves a ella, ya no tiene la misma energía. Ya no parece tan nueva. Ya no vale la pena.

Así es como el archivo de ideas crece y se pudre sin que nada salga. Cada idea llega cargada de entusiasmo, se archiva antes de ejecutarse, y cuando vuelves a ella ya no tiene ese brillo inicial. Y buscas la siguiente idea nueva, que también brillará brevemente y también se archivará.

El ciclo es el mismo que con las herramientas que cambian cada trimestre: persigues lo nuevo porque lo nuevo activa el cerebro. Pero lo nuevo no necesariamente produce más.

Lo que produce es ejecutar lo que tienes, aunque ya no brille tanto, aunque ya no parezca tan original como cuando llegó.

¿Qué pasa cuando publicas algo que crees que ya está dicho?

Pasa algo que te sorprende la primera vez.

Alguien responde: "esto es exactamente lo que necesitaba escuchar". Alguien más dice: "nunca lo había visto desde este ángulo". Y tú piensas: ¿qué ángulo? Si yo creía que esto era una obviedad.

Lo que es obvio para ti, dado lo que has vivido y dónde estás, no es obvio para alguien que está tres pasos detrás en ese camino. Lo que te parece una repetición de algo que has dicho antes es la primera vez que esa persona lo escucha dicho de esa manera. Y "de esa manera" incluye tu tono, tus ejemplos, tu forma de estructurar el argumento. Cosas que no son el tema pero que son inseparables de él.

La originalidad que buscas desesperadamente ya la tienes. Está en cómo lo cuentas, no en qué cuentas.

El trabajo es parar de buscarla como si fuera un ingrediente externo que tienes que encontrar, y empezar a confiar en que la tienes incorporada. No como mérito especial. Como consecuencia inevitable de ser quien eres.

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