La resiliencia es un mito que a los emprendedores con TDAH nos cuesta caro

La resiliencia no se entrena. Se descubre. Y mientras tanto, el cuento de que eres resiliente te hace aguantar cosas que no deberías aguantar.

La resiliencia está de moda. Ha estado de moda desde que alguien se dio cuenta de que podía vender cursos sobre ella.

Y mira, entiendo la idea. La capacidad de recuperarse de los golpes es real. No la estoy negando. Pero la forma en que se vende la resiliencia al emprendedor medio tiene un problema gordo: te convierte en alguien que aguanta cuando debería cambiar de rumbo.

"Eres resiliente." "Tienes lo que se necesita para seguir." "Los que salen adelante son los que no se rinden."

Todo muy bonito. Muy motivador. Y completamente inútil cuando llevas dieciocho meses aguantando un modelo de negocio que no funciona porque has interiorizado que rendirse es de débiles.

¿Por qué el concepto de resiliencia daña especialmente a los emprendedores con TDAH?

Porque ya tenemos suficiente con aguantar cosas que no deberíamos aguantar.

El TDAH te pone a prueba constantemente. Llevas toda la vida demostrando que puedes. Que no eres el que se rinde. Que a pesar de la cabeza caótica, de los olvidos, de las arrancadas en falso, puedes. Eso crea una identidad muy particular: la del que supera. La del que no para. La del que sigue aunque todo diga que no.

Y esa identidad, que en muchos contextos es una fortaleza brutal, se convierte en una trampa cuando el problema no es de resistencia sino de dirección.

Porque no todo merece ser aguantado. Algunos proyectos no tienen solución con más esfuerzo. Algunos modelos de negocio no responden a más horas. Algunos caminos sencillamente no llevan a ningún sitio, y la única decisión inteligente es dar la vuelta.

Pero si has construido tu identidad sobre ser el que resiste, dar la vuelta se siente como una derrota. Aunque dar la vuelta sea exactamente lo correcto.

¿Qué hay de real en la resiliencia y qué es marketing?

Lo que hay de real es esto: la experiencia acumulada de haber sobrevivido a cosas difíciles te da una referencia. Cuando llevas varios golpes encima, el siguiente golpe te pilla con algo que no tenías antes. Un contexto. Una prueba de que ya saliste de algo parecido.

Eso sí es real. No es una habilidad que entrenas en abstracto. Es la consecuencia específica de haber pasado por cosas concretas.

Lo que es marketing es la idea de que puedes entrenar la resiliencia como si fuera un músculo. Que hay ejercicios mentales que te hacen más resiliente antes de que lleguen los problemas. Que si haces suficiente trabajo interior vas a botar de los golpes con más facilidad.

No funciona así.

Lo que sí puedes hacer es reducir el tiempo que tardas en procesar el golpe y moverte. Eso se mejora. No con mindfulness genérico, sino con patrones propios. Saber cómo procesas tú los golpes. Saber cuánto tiempo necesitas. Saber a quién llamar. Saber qué hacer primero cuando todo se cae.

Eso es concreto. Eso sí tiene valor.

¿Cuándo "seguir adelante" es la decisión equivocada?

Cuando lo que necesita cambiar es la dirección y no la intensidad.

Si tu problema es que trabajas pocas horas o que tu ejecución es mala, seguir adelante con más esfuerzo tiene sentido. Si tu problema es que el mercado no quiere lo que ofreces, o que tu precio no tiene lógica, o que tu modelo no escala, seguir adelante con más esfuerzo solo te lleva al mismo sitio más rápido.

El emprendedor con TDAH que ha interiorizado el discurso de la resiliencia tiene un sesgo peligroso: interpreta cualquier resistencia externa como un problema de insuficiente esfuerzo propio. Y sigue empujando cuando lo que toca es pensar.

El primer lanzamiento que vendió cero

La diferencia entre el que usa la resiliencia bien y el que la usa mal es exactamente esa. Uno la usa para recuperarse y cambiar. El otro la usa para aguantar lo que no debería aguantar.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

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