Ser repartidor con TDAH: 8 horas en la furgoneta con tu cerebro de copiloto
Ruta nueva cada día, paquetes perdidos y un GPS que ignoras porque tu cerebro ya decidió ir por otro lado. Ser repartidor con TDAH es un caos rodante.
Ruta nueva cada día, paquetes que se pierden, clientes que no están y un GPS que ignoras porque tu cerebro ya decidió ir por otro lado. Ser repartidor con TDAH es un caos rodante.
Yo nunca he sido repartidor. Pero conozco a gente que sí. Y cuando me cuentan su día a día, reconozco cada patrón. Porque el cerebro con TDAH da igual dónde lo metas: en una oficina, en un aula o en una furgoneta de reparto. Va a hacer lo mismo. Ir por libre.
La diferencia es que en una furgoneta, ir por libre significa acabar en un polígono industrial a las 14:30 con 47 paquetes sin entregar y el móvil a punto de morir.
¿Cómo es ser repartidor con TDAH?
Imagina esto.
Te subes a la furgoneta a las 7 de la mañana. Tienes una ruta con 120 paradas. El GPS te marca el orden óptimo. Perfecto. Arrancas.
A la tercera parada, un vecino te dice que el del 4ºB no está nunca antes de las 10. Tu cerebro procesa esa información y decide, sin consultarte, reorganizar toda la ruta. No el GPS. Tu cerebro. Que ahora cree que es más eficiente hacer las entregas del otro lado del barrio primero y volver después.
¿Lo es? A lo mejor. A lo mejor no. Da igual. Tu cerebro ya ha tomado la decisión y el GPS está recalculando mientras tú ya has girado a la izquierda.
Y así empieza la espiral. Porque conducir con TDAH no es solo el volante y los espejos. Es conducir mientras tu cabeza está resolviendo un puzzle logístico, recordando que ayer no dejaste el aviso al del 2ºA, pensando en si la furgoneta tenía la revisión al día y escuchando un podcast sobre crímenes reales que te ha absorbido tanto que te has pasado tres calles.
¿Por qué el reparto y el TDAH chocan tanto?
Porque el trabajo de repartidor es, básicamente, una lista de tareas secuenciales que tienes que ejecutar en orden. Y los cerebros con TDAH no hacen "secuencial". Hacen "lo que les apetece ahora".
El reparto necesita:
- Seguir un orden concreto.
- No saltarse paradas.
- Recordar detalles (portales, nombres, códigos).
- Gestionar el tiempo al minuto.
- No distraerte al volante.
Todo eso es función ejecutiva pura. Planificación, memoria de trabajo, inhibición de impulsos. Justo las tres cosas que un cerebro con TDAH hace peor.
Es como pedirle a un pez que suba un árbol. El pez no es tonto. El árbol no es el sitio.
Y luego está el tema del cuerpo. Ocho horas sentado en una furgoneta. Subir, bajar, subir, bajar. A las cinco horas ya no sabes si te duele la espalda del asiento o del estrés. Tu cerebro lleva rato pidiendo estímulo nuevo y lo único que le das es otra calle igual, otro portal igual, otro timbre que no contesta.
La monotonía del reparto es kriptonita para el TDAH.
¿Y cuando las cosas salen mal?
Salen mal todos los días. Eso es lo normal. El cliente no está. El código del portal no funciona. La calle está cortada. El paquete no cabe en el buzón. Y tú tienes que resolver cada problema en treinta segundos porque llevas retraso.
Para un cerebro con TDAH, cada imprevisto es una bifurcación nueva. Y cada bifurcación nueva es una oportunidad para que tu atención se vaya a otro sitio. Pasas de resolver el problema del buzón a mirar si te han escrito por WhatsApp a preguntarte si cerraste la puerta de la furgoneta.
Spoiler: no la cerraste.
Y cuando llegas al almacén con paquetes sin entregar, nadie te pregunta si tu cerebro ha tenido un día difícil. Te preguntan por qué llevas 12 paquetes de vuelta. Los contratos precarios y el TDAH son una combinación que no necesita presentación. Nadie te va a adaptar la ruta porque tu memoria de trabajo tenga menos capacidad que la media.
¿Se puede sobrevivir a esto?
Sí. Con trucos.
Los repartidores con TDAH que conozco que aguantan no lo hacen porque hayan "superado" su TDAH. Lo hacen porque se han montado un sistema paralelo al que les da la empresa.
Unos graban audios con las notas de cada portal. Otros ponen alarmas cada 20 paradas para hacer un check de lo que llevan. Algunos reorganizan los paquetes en la furgoneta por colores o zonas, no por el orden del sistema, sino por un orden que su cerebro entiende mejor.
Son parches. Pero funcionan. Porque cuando no puedes cambiar el trabajo, cambias cómo interactúas con él.
El problema es que todo eso es energía extra. Energía que se suma a las 8 horas de conducir, cargar, subir escaleras, tratar con gente y resolver imprevistos. Y al final del día, llegas a casa con un agotamiento que no se explica solo con el trabajo físico. Estás quemado, pero no de los músculos. Estás quemado del cerebro.
¿Y si no es para ti?
Una de las cosas más difíciles de aceptar cuando tienes TDAH es que hay trabajos que simplemente no encajan con cómo funciona tu cabeza. No porque seas peor que nadie. Sino porque estás gastando el triple de energía que el de al lado para obtener el mismo resultado.
Eso no significa que tengas que dejarlo mañana. Pero sí significa que merece la pena entender por qué todo te cuesta más. Porque a lo mejor no es que seas lento, despistado o poco profesional. A lo mejor es que tu cerebro lleva ocho horas haciendo de copiloto sin que nadie le haya dado el mapa.
Y cuando entiendes eso, dejas de culparte.
Que es el primer paso para cualquier cosa.
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