Tu relación sufre porque tu cabeza siempre está en el negocio
Estás cenando con tu pareja pero tu cabeza está redactando un email. Tu relación paga el precio de emprender con TDAH.
Estás cenando. Tu pareja te habla. Asientes. Dices "ajá" en los momentos correctos. Hasta sonríes cuando parece que toca sonreír.
Pero no estás ahí.
Estás en el email que tienes que mandar mañana. En la métrica que ha bajado esta semana. En esa idea que se te acaba de ocurrir y que necesitas apuntar antes de que se evapore. En el cliente que no ha contestado. En el lanzamiento del mes que viene.
Tu cuerpo está en la mesa. Tu cabeza está en el negocio. Y tu pareja lo nota. Siempre lo nota.
"¿Me estás escuchando?" Y esa pregunta, que suena a reproche, en realidad es una súplica. Estoy aquí. Mírame. Estoy aquí.
El emprendedor presente que no está presente
Hay una diferencia entre estar y estar presente. Puedes estar en el sofá viendo una película juntos y estar completamente en otro planeta. Puedes estar de vacaciones en Roma y estar revisando métricas en el baño del restaurante. Puedes estar en la cama un sábado por la mañana y estar pensando en el contenido de la semana que viene.
Tu pareja no compite con otra persona. Compite con tu negocio. Y tu negocio tiene una ventaja injusta: está en tu cabeza todo el rato. No necesita estar delante de ti para reclamar tu atención. Simplemente ocupa espacio mental. Un espacio que debería ser para la persona que tienes al lado.
Con TDAH esto es peor. Porque tu cerebro ya de por sí tiene un problema con la atención selectiva. No es que elijas pensar en el negocio. Es que tu cerebro va a lo que más estimulación le da. Y un problema de negocio sin resolver genera más estimulación que una conversación sobre qué cenar.
No es que tu pareja te aburra. Es que tu cerebro prioriza los estímulos incompletos. Las tareas sin cerrar. Los problemas sin resolver. Y mientras haya uno abierto, tu atención va a estar parcialmente secuestrada.
Las peleas que no son peleas
"Es que nunca estás." No es un ataque. Es un dato. Un hecho. Has estado tan metido en el negocio las últimas semanas que tu pareja ha cenado sola más veces de las que ha cenado contigo. Aunque estuvieras en la misma mesa.
"Siempre es más importante tu trabajo." Tampoco es un ataque. Es lo que parece desde fuera. Porque desde fuera, cada vez que hay un conflicto entre una cena romántica y un deadline, gana el deadline. Cada vez que hay que elegir entre el plan de pareja y el proyecto, gana el proyecto. No todas las veces. Pero las suficientes como para que se note.
"Es que estás de mala hostia cuando te va mal." Y esta es la que más duele. Porque es verdad. Cuando el negocio va mal, tú vas mal. Y cuando tú vas mal, tu pareja lo paga. Se come tu ansiedad, tu frustración, tu irritabilidad. Sin haber firmado para ello.
Tu pareja no es tu socia. No tiene acciones en tu empresa. No recibe beneficios cuando va bien. Pero recibe todas las pérdidas cuando va mal. Eso no es justo. Y lo sabes.
Lo que me costó aprender (y me sigue costando)
No voy a fingir que tengo esto resuelto. No lo tengo. Sigo fallando. Sigo pillándome pensando en el negocio cuando debería estar pensando en la persona que tengo delante.
Pero hay cosas que he aprendido a hacer y que, parece una tontería, pero cambian bastante.
La primera: el teléfono fuera de la mesa. No silenciado. Fuera. En otra habitación. Si está en mi bolsillo, lo voy a mirar. Es como dejar chocolate en la mesa de un niño y pedirle que no lo toque. No funciona.
La segunda: bloques de tiempo que son sagrados. No "intentaré no trabajar por la noche". Sino "de 8 a 10 de la noche, el portátil está cerrado y no se abre por nada que no sea que se esté incendiando algo". Y que se esté incendiando algo de verdad, no que un cliente quiera una respuesta rápida.
La tercera: decirlo en voz alta. "Perdona, estoy pensando en el negocio y no estoy aquí." No para que me perdone, sino para reconocerlo. Porque cuando lo dices en voz alta, tu cerebro se da cuenta de que lo está haciendo y a veces, solo a veces, para.
Tu relación es un activo que no aparece en la hoja de cálculo
Los emprendedores medimos todo. Ingresos, gastos, conversiones, aperturas, clics. Todo tiene una métrica. Todo se optimiza.
Tu relación no tiene KPIs. No puedes medir el ROI de una cena sin teléfono. No puedes cuantificar el valor de estar presente un sábado por la mañana. Y como no se puede medir, no se prioriza. Así funciona el cerebro emprendedor: lo que no se mide, no existe.
Pero existe. Y cuando se rompe, te enteras de cuánto valía.
Yo he visto a emprendedores perder relaciones por esto. Buenos emprendedores. Gente que hacía las cosas bien en el negocio pero que olvidó que había una persona esperándoles en casa. No por malos. Por ausentes.
Mi sobrina me pidió un dinosaurio
Y no hay app para eso.
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