El emprendedor que eras y el que eres ya no son la misma persona

Hay un momento en que te miras al espejo y el emprendedor que ves ya no tiene nada que ver con el que empezó. Eso puede ser lo mejor que te ha pasado.

El emprendedor que empecé siendo era un desastre fascinante.

Tenía ideas buenísimas que no ejecutaba. Ejecutaba ideas malísimas con una energía brutal. Prometía plazos que no podía cumplir. Cobraba lo primero que se me ocurría. Aceptaba cualquier cliente que apareciera porque la alternativa era no tener clientes. Y cada vez que algo salía mal, concluía que el problema era externo.

Era yo. El problema era yo.

Pero en ese momento no podía verlo porque no tenía perspectiva. Y la perspectiva solo te la da el tiempo y los golpes.

¿Cómo sabes que has cambiado de verdad y no es solo que has mejorado el discurso?

Porque los cambios reales se muestran en las decisiones pequeñas.

No en lo que dices en un post de LinkedIn sobre lo que has aprendido. En lo que haces cuando llega un cliente que paga bien pero que ya sabes que va a ser un problema. En cómo respondes cuando un lanzamiento no sale como esperabas. En si puedes sentarte con la incertidumbre financiera sin tomar una decision impulsiva que lo empeore.

El emprendedor que eras tomaba esas decisiones desde el pánico. El que eres ahora, si has crecido de verdad, las toma desde algo más parecido a la calma. No la calma del que no le afectan las cosas. La calma del que le afectan pero sabe qué hacer con eso.

Con TDAH, la regulación emocional es la habilidad que más tarda en desarrollarse y la que más impacto tiene en el negocio. Más que cualquier sistema de productividad, más que cualquier estrategia de ventas. Emprender con TDAH es en gran medida aprender a no destruir en un día lo que construiste en un mes.

¿Qué tiene que pasar para que el negocio te cambie como persona?

Tiene que dolerte algo suficientemente.

No hay crecimiento real sin un momento que te sacude. El cliente que se fue y entendiste por qué demasiado tarde. El lanzamiento que falló y te obligó a cuestionarte qué estabas prometiendo. El año en que facturas pero te quedas sin dinero y tienes que entender de verdad cómo funciona tu modelo.

Los momentos bonitos enseñan poco. Los momentos feos enseñan mucho, pero solo si los procesas en vez de huir de ellos.

La tendencia con TDAH es huir. Ir al proyecto siguiente. Abrir otra pestaña. Empezar algo nuevo que aún no ha fallado y que por tanto aún no duele. Es el mecanismo de defensa más comun y el que más ralentiza el crecimiento.

La soledad del emprendedor también juega aqui. Cuando no tienes a nadie con quien procesar lo que está pasando, los golpes se quedan sin integrar. Y si no los integras, los repites.

¿Qué pierdes cuando creces como emprendedor que nadie te advierte que perderás?

La ingenuidad. Y eso tiene un coste.

El emprendedor que empezó tenía una energía que venía de no saber lo difícil que era. No sabía lo que podía salir mal. No conocía el coste real de escalar. No había visto suficientes ciclos de euforia y frustración como para reconocerlos desde lejos.

Eso era ineficiente. Pero también era combustible.

Cuando ya sabes lo que puede pasar, a veces es más difícil lanzar. Más difícil confiar. Más difícil emocionarte con un proyecto nuevo sin que el cinismo te susurre que ya has estado aqui antes.

El crecimiento real incluye aprender a recuperar la curiosidad sin recuperar la ingenuidad. Son cosas distintas. La ingenuidad ignora el riesgo. La curiosidad lo conoce y avanza de todas formas.

¿Cómo sabes que el cambio va en la dirección correcta?

Cuando el negocio que tienes ahora es más tuyo que el que tenias antes.

No más grande. No más rentable, necesariamente. Más tuyo. Más alineado con cómo piensas, con lo que te importa, con el tipo de cliente que quieres tener, con el problema que te interesa resolver.

Mucha gente crece como emprendedor en habilidades y se aleja de lo que le importa. Aprenden a vender pero venden algo que ya no les mueve. Aprenden a escalar pero escalan algo que no querían ser.

Crecer bien significa que el emprendedor que eres hoy es más efectivo que el que eras antes y también más parecido a quien quieres ser. Si solo eres más efectivo pero estás más lejos de ti mismo, algo fue mal por el camino.

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