La relación mentor-mentee que sale mal

El mentoring tiene un punto de inflexión en el que deja de ser útil y se convierte en una dinámica de dependencia o de decepción mutua. Aquí está ese.

La primera vez que alguien me dijo que podía ser mi mentor, sentí algo parecido a la gratitud y algo parecido al alivio. Alguien que sabía más que yo, que había pasado por lo que yo estaba pasando, que estaba dispuesto a dedicarme tiempo.

Lo que no sabía entonces es que las relaciones mentor-mentee tienen una vida útil. Y que cuando esa vida útil termina, si nadie lo reconoce a tiempo, la relación se deteriora de formas que son difíciles de anticipar y difíciles de reparar.

¿Cuándo empieza a ir mal?

Cuando las expectativas no son explícitas.

Nadie entra en una relación de mentoring con un contrato que diga cuánto dura, qué se espera de cada parte y cuándo se considera que ha terminado su función. Y esa falta de claridad es la semilla de la mayoría de los problemas.

El mentee espera que el mentor esté disponible siempre que lo necesite. El mentor espera que el mentee avance con autonomía y no lo consulte todo. El mentee espera validación. El mentor espera que el mentee tome sus propias decisiones. Y nadie ha dicho en voz alta ninguna de estas cosas.

Cuando tienes TDAH y te cuesta gestionar la ambigüedad, esta falta de estructura se amplifica. Necesitas saber qué se espera de ti. Y si nadie te lo dice, o lo interpretas de forma distinta o lo preguntas demasiado y eso incomoda al mentor.

¿Qué ocurre cuando el mentee deja de crecer?

Que el mentor lo percibe antes de que el mentee lo admita.

Hay un punto en la relación de mentoring en el que el mentee ya ha absorbido lo esencial que el mentor puede darle. Las conversaciones empiezan a repetirse. Las preguntas son versiones de preguntas anteriores. Los problemas que trae el mentee son los mismos de siempre con distinto disfraz.

El mentor lo ve. Y no sabe cómo decirlo sin que suene a abandono o a fracaso del proceso. Entonces empieza a reducir la disponibilidad de forma gradual. Las respuestas tardan más. Las sesiones se espacian. El mentee lo interpreta como que ha hecho algo mal.

No ha hecho nada mal. Simplemente ha llegado al techo de lo que esa relación puede darle. Pero nadie lo ha dicho.

¿Qué pasa cuando el mentor tiene agenda propia?

Que eso no lo convierte automáticamente en mala persona.

Hay mentores que se ofrecen a serlo porque genuinamente quieren ayudar. Y hay mentores que se ofrecen porque les da visibilidad, acceso a proyectos interesantes, o simplemente porque alimenta su ego ser visto como la persona que sabe más en la sala.

Los dos pueden darte cosas útiles. El problema es cuando el mentor con agenda propia empieza a dirigir tus decisiones hacia lo que le beneficia a él. Cuando los consejos que te da se alinean curiosamente con sus intereses. Cuando el proyecto que te recomienda es uno en el que él tiene participación.

Eso no siempre es consciente. A veces el mentor genuinamente cree que te está ayudando mientras te empuja hacia lo que le conviene. Es un sesgo, no una conspiración. Pero el resultado para ti es el mismo.

¿Cómo se sale de una relación de mentoring que ya no funciona?

Con más directidad de la que crees que puedes permitirte.

La relación de mentoring tiene una asimetría de poder que hace que salir de ella se sienta como ingratitud. El mentee siente que debe lealtad, que no puede decepcionar al mentor, que decir que la relación ha llegado a su fin es una forma de decirle que ya no le necesita.

Y eso, para alguien que tiene dificultades para pedir ayuda y que mezcla la relación profesional con la personal, es muy difícil de gestionar.

La alternativa directa es también la más limpia. Agradecer lo que ha aportado. Reconocer que el proceso ha llegado a un punto de madurez. Plantear la posibilidad de cambiar el formato de la relación.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

No todo mentoring tiene que terminar. Pero casi todos tienen que evolucionar. Y los que no lo hacen terminan siendo una carga para los dos.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

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