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Relación a distancia con TDAH: el olvido que no es desamor

Se te olvida llamar 3 días. Tu pareja cree que ya no le quieres. Tú ni te enteraste. Así funciona el TDAH en una relación a distancia.

tdah

Se te olvida llamar tres días seguidos.

No contestas mensajes. Desapareces una semana sin darte cuenta. Tu pareja piensa que ya no le quieres. Y tú ni te enteraste de que habían pasado tres días. Porque en tu cabeza fueron como cinco horas. Seis, como mucho.

No es que no quieras. Es que tu cerebro no mide el tiempo como el de los demás. Y en una relación a distancia, donde lo único que tienes es la comunicación, eso es como jugar al fútbol sin balón.

Lo que parece y lo que es

Desde fuera, parece dejadez. Parece desgana. Parece que te da igual.

Tu pareja mira el móvil. Último mensaje tuyo: martes. Estamos a viernes. Cero llamadas. Cero audios. Ni un triste emoji de buenas noches. Cualquier persona en su lugar pensaría lo mismo: "ya no le importo".

Pero tú no estabas ignorando a nadie. Estabas metido en un proyecto a las 2 de la madrugada. O enganchado con un juego que ibas a jugar "20 minutitos". O simplemente tu cerebro decidió que hoy no existía el teléfono. Así, sin más. Como si alguien hubiera desactivado esa parte de tu cabeza.

Es el mismo mecanismo que hace que un amigo desaparezca tres meses y vuelva como si nada. Solo que cuando es tu pareja, el daño es mucho mayor. Porque una amistad aguanta silencios. Una relación a distancia se alimenta exclusivamente de ellos.

¿Puede funcionar una relación a distancia con TDAH?

La respuesta corta: sí. Pero no como funciona para los demás.

La respuesta larga: necesitas entender qué está pasando dentro de tu cabeza para que tu pareja también lo entienda. Porque el problema no es el amor. El problema es que tu cerebro tiene la memoria de trabajo de un pez dorado con jet lag.

En una relación presencial, tu pareja está ahí. Te la cruzas en el salón, la ves en la cama, te recuerda que existes simplemente estando. Hay estímulos constantes. Tu cerebro recibe la señal "esta persona importa" todo el rato sin que tengas que hacer nada.

A distancia, esa señal desaparece. Tu pareja deja de ser un estímulo presente y se convierte en una tarea pendiente. Y ya sabemos cómo gestiona tu cerebro las tareas pendientes: las mete debajo de una montaña de otras cosas y se olvida de que existen.

No es desamor. Es que ojos que no ven, cerebro con TDAH que archiva en la carpeta de "ya lo haré".

El silencio que tu pareja no entiende

El problema más gordo es que no puedes explicar esto sin que suene a excusa.

"Es que tengo TDAH y se me olvidó llamarte."

Ponte en el lugar de tu pareja. Lleva tres días sin saber de ti. Ha pasado por preocupación, enfado, tristeza y resignación. Y tú llegas con "se me olvidó". Como si olvidar a tu pareja fuera algo aceptable.

Y en su mundo, no lo es. Porque su cerebro no funciona así. Su cerebro le dice "llevas un día sin hablar con tu pareja, llámale". El tuyo te dice "mira, un vídeo de 45 minutos sobre cómo funcionan los motores de avión".

Eso genera una asimetría brutal. Uno siente que da más. El otro siente que le están pidiendo algo imposible. Y los dos tienen razón desde su perspectiva.

Es parecido a lo que pasa con la comunicación en pareja cuando hay TDAH de por medio. Solo que a distancia, sin el lenguaje corporal, sin los abrazos de reconciliación, sin poder ver la cara del otro cuando dice "estoy bien" con tono de que no está nada bien.

Lo que funciona (y lo que no)

Lo que no funciona: promesas vagas. "Te prometo que te llamo más." Tu cerebro se ríe de esa promesa antes de que termines de pronunciarla. Mañana se te habrá olvidado que la hiciste.

Lo que sí funciona: sistemas.

Alarmas. Recordatorios. Rituales fijos. "Todos los días a las 22:00, llamada de buenas noches." No porque sea romántico. Sino porque tu cerebro necesita estructura para hacer lo que otros hacen en automático.

Suena poco sexy, lo sé. "Cariño, te llamo porque me saltó una alarma." Pero es infinitamente mejor que no llamar en absoluto. Y con el tiempo, el hábito se instala y la alarma deja de ser necesaria. O no. Pero da igual. El resultado es el mismo.

También funciona ser honesto antes de que pase el desastre. Decirle a tu pareja: "Mira, tengo TDAH. Voy a desaparecer a veces. No es porque no te quiera. Es porque mi cerebro tiene la capacidad de atención sostenida de un cachorro rodeado de ardillas. Si pasan dos días y no sabes de mí, escríbeme tú. No me voy a molestar. Me vas a estar salvando."

Eso no es debilidad. Es poner las cartas sobre la mesa.

Cuando el otro lado se desgasta

Hay una parte que no se habla mucho y duele.

Tu pareja también tiene un límite. Por mucho que entienda el TDAH, por mucho que lea sobre ello, por mucho que intente no tomárselo como algo personal, llega un punto en que el cansancio gana.

Porque entender no es lo mismo que aguantar.

Puedes entender que tu pareja se olvida de llamarte. Puedes saber que no es personal. Pero eso no quita que te sientas solo. Que te sientas invisible. Que un viernes por la noche estés mirando el móvil esperando una señal de vida de alguien que, al parecer, te dejó en visto y tu cerebro decidió que era el fin del mundo.

El TDAH no es excusa para no cuidar a la otra persona. Es contexto. Es explicación. Pero no es un pase libre para desaparecer sin consecuencias. Si quieres que funcione, te toca currar. Más que una persona sin TDAH. Porque tu punto de partida está más atrás. Y la distancia hace que cada olvido pese el doble.

Lo que nadie te dice

Que muchas relaciones a distancia con TDAH funcionan mejor que las presenciales en una cosa: la intensidad de los reencuentros.

Cuando por fin os veis, tu cerebro recibe una descarga de novedad, de emoción, de estímulo. Todo lo que le faltaba durante la distancia llega de golpe. Y esos encuentros son una locura. Son intensos, son bonitos, son de esos que recuerdas. Porque tu cerebro, el mismo que se olvida de llamar un martes, es el mismo que hace que cuando estás presente, estés al 200%.

El truco está en que la relación no viva solo de los reencuentros. Que haya algo entre medias. Aunque sea una alarma a las 22:00 que dice "llama a tu persona favorita".

Porque sí, puedes querer a alguien con todo tu ser y olvidarte de llamarle. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo. Y cuanto antes lo entiendas (tú y tu pareja), antes dejáis de pelearos por algo que no es falta de amor, sino falta de dopamina.

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