En redes sociales ya no encuentro nada que me llene (y es rarísimo)

Abres TikTok, bajas media hora y sales con la sensación de haber comido aire. No son los creadores ni el algoritmo. Has cambiado tú y nadie te avisó.

Llevo semanas con una sensación rara. Abro Instagram, abro TikTok, abro YouTube. Bajo. Bajo. Bajo. Y salgo con la misma cara que pongo cuando abro la nevera seis veces y no hay nada.

No es que no haya contenido. Es que no hay nada que me llene.

¿Por qué ya nada me engancha como antes?

A mí me encanta consumir contenido mientras hago otras cosas. Conduciendo, andando por Wrocław, currando cosas manuales. Un podcast, un vídeo largo, algo que me acompañe. Es una necesidad de mi cerebro con TDAH, o sea, no puedo estar solo con mi cabeza mucho tiempo porque acaba gritándome.

Y lo que pasa es que no encuentro nada que me haga resonar. Nada que me identifique. Nada que me haga parar y pensar "oye, esto está hecho para mí".

Todo lo que el algoritmo me pone delante me parece intensamente vacío.

Ojo, no te voy a engañar. Cuando digo "intensamente vacío" no digo que sea mal contenido. Hay creadores currándoselo, hay vídeos bien hechos. No va por ahí. Va por un desajuste entre lo que me están sirviendo y lo que mi cabeza necesita ahora. Como si el algoritmo estuviera entrenado para una versión antigua de mí. Para el Rubén al que le gustaban unas cosas hace dos años. Y ese tío ya no soy yo.

El círculo de los papagayos

Una teoría: llevamos un tiempo en una era de creación muy mimética.

Un creador hace un vídeo que funciona. Al día siguiente hay 400 replicándolo con el mismo hook, la misma estructura, el mismo corte. Parece el círculo de los papagayos repitiéndose unos a otros.

Lo entiendo. Si algo funciona, se copia. Es ley de la vida digital.

Pero el efecto acumulado para quien consume es que todo sabe a lo mismo. Y cuando encuentras al creador original, al que de verdad tiene algo que decir, ya estás tan saturado del ruido de alrededor que no le das el peso que merece.

Se te pasa. Scroleas. Siguiente.

Luego está la IA. Generar contenido está tan democratizado que ni los algoritmos saben qué ponerte delante. Tienen tanto donde elegir que se lían. Te ofrecen lo seguro. Lo que funciona a la media. Lo que no ofende a nadie.

Y yo no quiero lo que no ofende a nadie. Yo quiero algo que me sacuda un poco.

¿Es el contenido o soy yo el que ha cambiado?

Aquí la pregunta honesta. Probablemente los creadores no tengan la culpa. Probablemente el que ha cambiado sea yo.

Recuerdo una época no hace tantos años en la que me ponía vídeos y había algunos que me parecían mágicos. Alguien decía algo y yo paraba, rebobinaba, y pensaba "hostia, esto lo he sentido yo". Ese clic pequeñito de reconocimiento que te hace sentir menos raro en el mundo. Ahora no lo encuentro casi nunca.

Tengo dos hipótesis. La primera: he consumido tanto contenido que he normalizado la sensación. He quemado la dopamina del reconocimiento. Como cuando comes todos los días tu comida favorita durante dos meses y un día le das un bocado y te sabe a nada. No es que la comida haya cambiado. Es que tu sistema ha dejado de reaccionar.

Si te suena, tiene mucho que ver con la dopamina que tu cerebro con TDAH no produce suficiente. Cuando tu baseline está bajo, necesitas estímulos cada vez más fuertes para sentir lo mismo que antes sentías con poco. Las redes saben eso. Pero también se les acaba la munición.

La segunda hipótesis es menos cómoda. Que he cambiado como persona. Que lo que antes me llenaba ya no encaja con quién soy ahora, y todavía no sé qué es lo que sí.

Si no sé qué estoy buscando, ¿cómo narices voy a encontrarlo?

Los Reels cortos y la trampa del casi

Últimamente me escapo a Reels o TikTok buscando esa identificación. Y de vez en cuando la encuentro.

Aparece alguien natural, con textura emocional real, con algo que decir. Y me quedo con ganas de más. Porque un Reel dura 30 segundos. Y yo quiero seguir escuchándolo media hora.

Voy a su perfil. Y veo que todo es lo mismo. Reels de 30 segundos que se repiten. Y ya no me llenan igual.

Es como encontrar un tráiler buenísimo de una peli que nunca se ha rodado.

Con el contenido largo me pasa lo contrario. Pongo un podcast de hora y media, aguanto 20 minutos, y me doy cuenta de que no me está sosteniendo. Estoy mirando el móvil a la vez. Mi cabeza se fue a pensar sus cosas y cuando vuelve no sé por dónde va el episodio.

En corto me quedo con hambre. En largo me pierdo. No encuentro el formato que ahora mismo me encaja. Quizás no existe todavía. O existe y el algoritmo no sabe llevarme hasta él.

Si prefieres el formato vídeo lo tienes aquí, aunque tampoco resuelvo gran cosa. Es más bien un pensamiento en voz alta.

El vacío existencial del feed infinito

Aquí viene la parte incómoda. Lo que me está generando esto no es solo frustración. Es algo más parecido a un vacío existencial tremendo cuando me pillo scroleando.

Llevo veinte minutos bajando en TikTok. No he encontrado nada que me llene. Y levanto la cabeza y pienso "¿qué hago aquí, qué he ganado con estos veinte minutos?".

La respuesta suele ser ninguno.

Estaba buscando identificación y me conformé con estímulo. Y encima ni siquiera era buen estímulo. Era estímulo a la mínima, el que llega para tapar el aburrimiento dos segundos y luego pide otro.

Es exactamente el scroll infinito que tu cerebro con TDAH no puede parar, pero con un matiz nuevo: ya ni siquiera funciona. La trampa de la dopamina fácil está dejando de engancharme porque mi cerebro está saturado de la misma tarta.

Y eso es raro. Porque debería ser bueno. Pero se siente a mierda.

¿Es mi estado emocional o es el contenido?

Lo primero que pensé fue "Rubén, quizás estás deprimido y lo estás proyectando en las redes". Me paré a mirarlo. Y no.

Precisamente estoy en uno de los momentos de estabilidad emocional más bestia que he tenido en mucho tiempo. Mi vida no es perfecta, tengo frentes abiertos como todo el mundo. Pero no estoy en un "me siento vacío por dentro y por eso todo me parece vacío". Es al revés.

Estoy bien y aun así no encuentro contenido que me acompañe. El problema no está en mi ánimo. Está en cómo se ha degradado la experiencia de consumir en redes. O en cómo ha cambiado mi forma de buscar. O en el punto medio.

Fuera del feed tengo estímulos de sobra. Cuando hago deporte, cuando programo, cuando escribo, cuando quedo con gente, cuando aprendo una palabra nueva en polaco. La vida analógica me da lo que mi cabeza necesita. El problema es específico: dentro del feed me siento en un desierto.

Si conoces el aburrimiento existencial con TDAH sabes a qué me refiero. No es que no haya opciones. Es que ninguna activa nada.

Lo que estoy haciendo mientras figuro el qué

He dejado de abrir las apps por inercia. Cuando noto el impulso de abrir TikTok sin motivo, intento parar y preguntarme "¿qué estás buscando?". Si no tengo respuesta, no abro. Si la tengo, busco lo que busco en vez de dejar que el algoritmo elija por mí.

Cuando no encuentro contenido que me llene, me refugio en sistemas propios. Escribir. Ordenar ideas. Grabar una nota de voz con un pensamiento suelto. Cosas que no me exigen saber qué busco, me permiten estar sin más. Y resulta que a veces generar algo propio es más reparador que consumir lo que otros generaron.

Me estoy dando cuenta de que el feed no me debe nada. Si no encuentro lo que busco ahí, puedo cerrar la app y hacer otra cosa. Lo que pasa es que como soy TDAH, mi cerebro se resiste a aceptar que a veces la mejor dopamina no viene de una pantalla.

Cerrar. Respirar. Hacer otra cosa.

No sé si te suena. Sospecho que sí. Que hay una generación entera de cerebros dispersos saturados de estímulos, buscando algo sin tener ni el nombre del algo.

Si no sabes ni qué buscas, quizás antes de abrir otra app convenga mirar cómo está tu cerebro hoy.

Ver en qué modo está tu cerebro hoy

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