Mi psiquiatra me mandó tomar Monster: cafeína, Concerta y TDAH

Cuando mi Concerta empezó a fallar fui al psiquiatra. Me dijo algo que no esperaba: usa cafeína como herramienta. Esto es lo que aprendí.

Aviso para empezar: no soy médico. Lo que vas a leer es lo que mi psiquiatra decidió en mi caso concreto, después de varias consultas, de probar dosis distintas y de llevar años medicándome. No es un consejo para ti. Es una historia personal.

Dicho esto, vamos al asunto. Porque lo que te voy a contar me pareció tan raro la primera vez que lo escuché que pensé que mi psiquiatra estaba de coña.

¿Por qué el Concerta dejó de funcionarme como antes?

Me diagnosticaron TDAH hace años. Probamos varias medicaciones y la que mejor me fue era el Concerta. Durante una temporada fue lo que me salvó: enfoque, orden mental, capacidad de arrancar tareas sin quedarme 40 minutos mirando la pantalla.

El problema es lo que nadie te cuenta del todo: la tolerancia.

Cuanto más tiempo la tomaba, menos efecto notaba. Y cada revisión la conversación iba en la misma dirección: subir la dosis. Llegué a la máxima, 54 miligramos, dos al día. Una auténtica bomba para el cuerpo. Y sí, funcionaba. Pero la relación con la pastilla empezó a ser rara.

Porque había días que se me olvidaba tomarla. Y esos días era un escombro.

No un poco despistado. Un escombro humano. Sin esa pastilla no era capaz de funcionar. Y ahí es cuando empecé a hacerme la pregunta: ¿y si el problema no es el TDAH, sino la dependencia que he montado con la medicación?

Hablarlo con el psiquiatra sin dramas

Cogí esa inquietud y la llevé a la consulta. Oye, me está pasando esto. Si se me olvida la pastilla no funciono. Y cada vez necesito más.

Eso es lo primero que quiero subrayar: la relación con tu psiquiatra no es ir a pedir recetas y punto. Es una conversación. Si no le cuentas lo que te pasa, no puede ajustar nada. La medicación del TDAH no es un todo o nada. Es un proceso continuo de probar, medir, ajustar.

Mi psiquiatra escuchó, analizó, probamos algunas cosas, cambiamos rutinas, y llegamos a una conclusión que no esperaba: no tenía que tomarme el Concerta todos los días.

Solo los días que de verdad lo necesitara.

La medicación como muleta, no como columna vertebral

El cambio de enfoque fue brutal.

Hasta ese momento me tomaba la pastilla por defecto. Cada mañana, sin preguntarme si la necesitaba. Con el nuevo planteamiento, solo la tomaba los días que me levantaba y sabía, ya en la cama, que ese iba a ser uno de esos días. Cualquier persona con TDAH sabe a lo que me refiero.

Hay días que te levantas y notas que no vas a funcionar. No es vaguería. Es que tu cerebro está en modo supervivencia y no hay forma de arrancarlo con fuerza de voluntad.

Esos días: pastilla. El resto: sin ella.

Y pasó algo que no esperaba. Poco a poco fui necesitándola menos. La dosis bajó de 54 a 36 miligramos. Y ahora mismo casi nunca la tomo. Lo subrayo por si alguien piensa que esto significa que me he "curado" del TDAH: no. El TDAH es un trastorno, lo tienes toda la vida, y punto. Simplemente he aprendido a gestionarlo mejor. Ni el diagnóstico es una condena ni la medicación es una salvación. Es una herramienta.

Una muleta. Y una muleta la usas cuando cojeas, no cuando andas bien.

Si te interesa este enfoque desde dentro, tengo el vídeo entero aquí.

¿Y dónde entra la cafeína en todo esto?

Aquí viene la parte que a la gente le explota la cabeza.

Cuando yo paso un día flojo pero no tanto como para sacar la artillería del Concerta, a veces me tomo un café o una bebida energética. Un Monster, un café largo, lo que sea. Y con eso me basta.

No estoy diciendo que la cafeína sea lo mismo que el Concerta. No lo es. No actúa igual, no tiene el mismo efecto, no es comparable a nivel químico. Pero sí es un estimulante suave. Y para un cerebro con TDAH, los estimulantes son exactamente la categoría de sustancias que ayudan a poner foco.

Esto lo consulté con mi psiquiatra, porque para mí eso es intocable. No te automediques, no improvises con tu cuerpo. Le pregunté si en mi caso concreto tenía sentido usar la cafeína como herramienta para los días intermedios. Y me dijo: si te funciona, hazlo.

Y ya está.

Esto es clave: esa respuesta era para mí. Para mi cuerpo, para mi historial, para mi caso. A otra persona con hipertensión, con problemas cardíacos, con ansiedad severa, el mismo psiquiatra probablemente le diría que ni se le ocurriera. Por eso la comunicación con el profesional es obligatoria, no opcional.

Y ojo con esto también: el café tiene su propia relación tóxica con el cerebro TDAH. No es ni gratis ni inocente. Pero usado con cabeza, puede ser una herramienta más.

¿Por qué las bebidas energéticas están tan demonizadas?

Porque se han hecho famosas por la parte mala. El chaval de 16 años que se toma cinco Monster en una noche de fiesta y acaba en urgencias. Eso ha pasado. Existe. No lo niego.

Pero también existe la persona adulta que se toma uno de vez en cuando, con conocimiento de causa, consultando con su médico, y no le pasa absolutamente nada.

Y como todo en la vida, ni blanco ni negro. La cafeína, la taurina, el resto de ingredientes: son sustancias con efectos reales sobre tu sistema nervioso. El problema no es la sustancia en sí. Es cómo, cuándo y cuánta te tomas. Y para quién.

Hay un dato que mucha gente con TDAH descubre por su cuenta: cuando tomaban bebidas energéticas o mucho café, funcionaban mejor. Y no era casualidad. La gente lleva años automedicándose con cafeína sin saber que tiene TDAH. Su cerebro necesitaba estimulación.

Lo que nadie te cuenta de la medicación para el TDAH

Voy a decir algo que parece obvio pero que nadie te explica: la medicación no te convierte en un superhéroe.

Hay vídeos por ahí donde el chaval se toma la pastilla y todo el ruido del mundo se apaga y de repente es capaz de leer un libro entero del tirón y programar dos aplicaciones. Eso es mentira. O al menos es una exageración brutal.

Lo que hace la medicación es facilitarte poner foco en algo. Con el metilfenidato y compañía, te cuesta menos arrancar una tarea y sostenerla. Pero la palabra clave es "algo". Tu cerebro medicado pondrá foco tanto si te sientas a trabajar como si te sientas a ver Netflix. El foco no discrimina.

Por eso hay gente con TDAH que se medica y en vez de convertirse en una máquina productiva se convierte en un procrastinador profesional. Si tu TDAH no está bien gestionado de raíz, a nivel de hábitos y estructura, la pastilla solo te ayuda a poner foco en el sitio incorrecto.

De ahí la importancia de la otra pata: la psicología. El psiquiatra te ajusta la medicación. El psicólogo te ayuda a crear las herramientas para que tu día a día funcione sin depender solo de la pastilla. Los dos son imprescindibles.

Si estás empezando, la primera cita con el psiquiatra tiene su cosa y va a marcar bastante cómo va todo después.

Herramientas, muletas y la trampa del todo o nada

Si hay un mensaje que me gustaría que te llevaras de aquí: el TDAH no se cura con una pastilla, ni con Monster, ni con disciplina, ni con mantras de productividad.

Se gestiona. Y para eso necesitas muchas herramientas distintas. La medicación es una. La cafeína puede ser otra (si tu médico te lo aprueba). Los sistemas que te montas. Las rutinas. El ejercicio. El sueño. La terapia. Todo suma.

Algunos días necesitas más herramientas que otros. Y está bien. No es un fracaso tirar de la muleta cuando cojeas. Y no es una victoria no tirar de ella cuando la necesitas. Es simplemente gestionar tu día a día con lo que tienes.

Si todavía estás dando vueltas con la duda de si esto que te pasa tiene nombre o no, el primer paso es saber qué te está pasando realmente.

Hacer el test de TDAH

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