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La impulsividad de Prince: grabar 5 álbumes a la vez y no publicar ninguno

Prince tenía miles de canciones inéditas en una bóveda. Grababa álbumes enteros en días y los guardaba. Impulsividad creativa pura compatible con TDAH.

tdahfamosos

Prince tenía una bóveda en Paisley Park con miles de canciones que nadie ha escuchado. Álbumes enteros grabados en una semana. Cintas, discos duros, casetes, vinilos de prueba. Se estima que hay material para publicar un disco nuevo cada año durante las próximas décadas.

Un cerebro que producía más rápido de lo que el mundo podía consumir.

Y eso, cuando lo miras con las gafas del TDAH, tiene mucho sentido.

¿Por qué Prince grababa más de lo que publicaba?

Hay músicos que trabajan un álbum durante dos años. Lo pulen. Lo masteriza un ingeniero con nombre y apellidos. Sale con una campaña de marketing de tres meses. Todo medido, todo controlado.

Prince no funcionaba así.

Prince se encerraba en su estudio a las once de la noche y no salía hasta las seis de la tarde del día siguiente. Con veinte horas de grabación encima. Tocando él solo los 27 instrumentos que dominaba. Batería, bajo, guitarra, teclados, sintetizadores. Todo. Sin ingenieros, sin productores, sin nadie que le dijera "oye, igual deberías descansar".

Y cuando terminaba un álbum, en vez de publicarlo, empezaba otro.

No era perfeccionismo. El perfeccionista pule la misma canción durante meses. Prince terminaba canciones perfectamente válidas y las tiraba a la bóveda porque su cerebro ya estaba en la siguiente idea. La anterior ya no le generaba la misma descarga de dopamina. Ya no era nueva. Ya no era emocionante.

Eso no es indisciplina. Es un patrón compatible con la impulsividad creativa del TDAH. La incapacidad de frenar cuando el hiperfoco se activa, combinada con el abandono del resultado cuando el estímulo desaparece.

El cerebro que no podía parar ni delegando

Prince mostraba patrones compatibles con TDAH en prácticamente cada aspecto de su vida profesional.

Tocaba todos los instrumentos él mismo. No porque no pudiera pagar músicos de sesión. Podía pagar a quien quisiera. Pero su cerebro necesitaba controlarlo todo. Cada nota, cada mezcla, cada decisión creativa. Delegar significaba esperar, y esperar era insoportable.

Hay un dato que lo resume bastante bien: en el álbum "For You", su debut de 1978, tocó los 27 instrumentos y produjo todo el disco él solo. Tenía 19 años. Diecinueve. La mayoría de la gente con 19 años está intentando aprobar una asignatura que no entiende. Prince estaba grabando un álbum entero en solitario porque no podía esperar a que otros hicieran las cosas a su ritmo.

Eso conecta directamente con lo que contaba en el post sobre Prince y su incapacidad de delegar. El mismo patrón. El mismo cerebro que necesita hacer todo a su velocidad, que se frustra con el ritmo de los demás, que encuentra en el control total la única forma de satisfacer la velocidad a la que procesa ideas.

La guerra con las discográficas como síntoma

Prince se cambió el nombre a un símbolo impronunciable. Se escribió "esclavo" en la cara durante los conciertos. Peleó durante años con Warner Bros por el control de su música.

La narrativa habitual es "artista rebelde contra la industria". Y vale, sí, también era eso. Pero hay otra lectura.

Un cerebro impulsivo no negocia bien con estructuras que le dicen "no puedes publicar más de un disco al año". Prince quería publicar todo, ya, ahora. Tenía material para cinco álbumes y la discográfica le decía que sacar uno al año ya era mucho. Que el mercado no podía absorber más.

El mercado no podía. Su cerebro sí.

Esa fricción constante entre la velocidad interna y las limitaciones externas es algo que cualquier persona con TDAH reconoce inmediatamente. Tienes veinte ideas, quieres ejecutarlas todas a la vez, y el mundo te dice que vayas más despacio. Que te centres en una. Que hagas cola.

Y tú miras la cola y piensas: "Pero si ya tengo las veinte hechas en mi cabeza".

La impulsividad creativa no es un defecto cuando suena así

Lo interesante de Prince es que su impulsividad no producía basura. Producía cantidades absurdas de música de altísimo nivel. No es que grabara mucho y la mayoría fuera mediocre. Es que grababa mucho y casi todo era bueno.

Eso pasa cuando la impulsividad se combina con talento y un nivel de hiperfoco que roza lo sobrehumano. No es el patrón más común, pero cuando se da, el resultado es exactamente lo que fue Prince: un artista que dejó un catálogo tan grande que seguimos descubriendo material nuevo casi una década después de su muerte.

Otros músicos con cerebros parecidos han seguido caminos similares. Bob Dylan nunca se quedó en un solo género, reinventándose cada pocos años porque su cerebro necesitaba estímulos nuevos. Es un patrón que se repite una y otra vez entre músicos con TDAH: la producción descontrolada, el cambio constante, la incapacidad de hacer las cosas al ritmo que los demás consideran "normal".

Prince simplemente lo llevó al extremo. Al extremo de tener una bóveda que necesitaba un equipo dedicado solo para catalogar lo que había dentro.

Lo que la bóveda de Prince dice sobre tu cerebro

Si tienes TDAH y alguna vez has empezado un proyecto con una energía brutal, lo has llevado al 90%, y luego lo has abandonado porque tu cerebro ya estaba en la siguiente cosa, enhorabuena. Compartes un patrón neurológico con alguien que llenó una bóveda de obras maestras que el mundo aún no ha terminado de escuchar.

No es que no acabes las cosas porque seas vago. Es que tu cerebro funciona con un motor que va más rápido que el de la mayoría. Y a veces, el resultado no es un proyecto terminado con un lazo bonito. A veces es una bóveda llena de cosas increíbles que nadie ha visto.

La diferencia entre Prince y la mayoría de nosotros es que él encontró la forma de convertir esa impulsividad en su profesión. No la frenó. La canalizó. Se construyó un estudio en su casa para poder grabar a cualquier hora sin depender de nadie. Se rodeó de músicos que podían seguir su ritmo. Y cuando la industria intentó ponerle límites, se los saltó.

No digo que sea fácil. Digo que la impulsividad creativa no es un fallo de fábrica. Es un rasgo que, en el contexto adecuado, produce bóvedas llenas de obras maestras.

Si te sientes identificado con esa velocidad interna, con la sensación de que tu cabeza produce ideas más rápido de lo que puedes ejecutarlas, quizá no sea un problema. Quizá solo necesitas entender cómo funciona tu cerebro.

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