Pongo las cosas en sitios aleatorios y luego no las encuentro
El mando encima de la nevera. Las llaves en el baño. El móvil en la cama debajo de la almohada. Si tu cerebro elige sitios aleatorios, lee esto.
El otro día encontré el mando de la tele dentro del microondas.
No calenté el mando. No metí el mando a propósito. Lo que pasó fue algo así: estaba viendo la tele, me levanté a calentar algo, el mando iba en la mano, abrí el microondas, lo solté dentro para coger el plato con las dos manos, metí el plato, cerré. Y el mando se quedó dentro.
Me pasé media hora buscándolo. Media hora. Busqué entre los cojines del sofá. Detrás de la tele. En el baño. En la habitación. Debajo de la mesa. Nada.
Encontrarlo fue pura casualidad. Fui a calentar otra cosa, abrí el microondas y ahí estaba. Mirándome.
Y lo peor es que ni me sorprendí. Porque esto me pasa constantemente. Mis cosas acaban en los sitios más absurdos del universo, y tengo que aceptar que soy yo quien las pone ahí.
¿Cómo acaban las cosas en sitios imposibles?
Porque tu cerebro no registra el acto de soltar las cosas.
En serio. Cuando dejas las llaves, tu cerebro está pensando en otra cosa. En lo que vas a cenar, en ese correo que tienes que enviar, en una canción que se te ha metido en la cabeza. Y en ese estado de distracción, tus manos actúan en automático. Sueltan lo que llevan donde sea. Encima de la lavadora. Dentro de un zapato. Al lado del bote de champú.
No es una decisión. Es un acto reflejo que sucede sin supervisión consciente. Como respirar, pero destructivo para tu capacidad de encontrar cosas.
Es lo mismo que pasa cuando entras en una habitación y no sabes a qué venías. Tu cerebro cambia de canal y lo que estaba en la pantalla anterior desaparece. Incluido el dato de "acabo de dejar el mando del microondas en el... dentro del microondas".
¿Tu pareja también encuentra tus cosas en sitios imposibles?
Mi novia ha dejado de sorprenderse. Antes, cuando encontraba mis llaves en la estantería de los libros, me llamaba para preguntarme cómo habían llegado ahí. Ahora simplemente las coge, las lleva a la entrada y suspira.
Ese suspiro lo dice todo.
Porque no es solo tu problema. Es el problema de la gente que vive contigo. La gente que busca el mando que tú dejaste en un sitio imposible. La gente que encuentra tu cartera dentro de la bolsa de la compra reciclada. La gente que aprende a buscar tus cosas en los sitios donde ninguna persona racional las dejaría, porque ya sabe que tú no eres una persona racional con los objetos.
Mi novia ha desarrollado un sexto sentido. "¿Has mirado en el baño?", me dice cuando busco algo. Y el 70% de las veces, está en el baño. Porque al parecer mi cerebro tiene una obsesión inconsciente con dejar cosas en el baño cuando paso por ahí.
Los sitios más absurdos donde he encontrado mis cosas
Voy a hacer una lista. No porque sea gracioso - que lo es - sino porque sé que tú vas a tener una lista parecida.
Las llaves: dentro de la nevera, en el bolsillo de un pantalón que estaba en la lavadora, encima del router del WiFi, dentro de una bota.
El móvil: debajo de la almohada sin que yo lo hubiera puesto ahí conscientemente, encima del lavavajillas, en el cesto de la ropa sucia.
La cartera: en la estantería de los libros, dentro de una bolsa de la compra vacía, en el cajón de los cubiertos.
El mando: en el microondas (ya lo sabes), dentro de la bañera seca, encima del armario donde no llego sin una silla.
Cada uno de estos sitios tiene una explicación lógica si te paras a pensar. "Iba al baño con el mando y lo solté." "Estaba guardando la compra con las llaves en la mano." Pero la explicación solo tiene sentido después. En el momento, no hay consciencia. Solo hay un cerebro distraído y unas manos que sueltan cosas en el sitio más cercano.
¿Todo el mundo pone las cosas en sitios raros?
Sí, de vez en cuando. Un despiste puntual es humano. Todo el mundo ha dejado alguna vez las gafas encima de la cabeza y las ha buscado durante cinco minutos.
Pero si esto te pasa todos los días. Si pierdes objetos que tenías en la mano hace un segundo. Si has desarrollado un ritual de "búsqueda matutina" donde los primeros 15 minutos del día se van en encontrar las llaves, la cartera y el móvil. Si la gente a tu alrededor ya ni se sorprende cuando dices "he encontrado el mando en el baño".
Entonces estamos ante un patrón. Y los patrones crónicos de este tipo pueden tener que ver con cómo funciona tu memoria de trabajo y tu regulación de la atención.
No estoy diagnosticando nada. No soy profesional de salud mental. Pero si esto te cuesta más que a los demás y afecta tu día a día, hablar con un psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a entender por qué.
Lo que medio funciona para dejar de jugar al escondite conmigo mismo
El cuenco. Ya, suena a consejo de revista del dentista. "Pon un cuenco en la entrada." Pero es que funciona. No porque sea un truco brillante, sino porque elimina la decisión.
No tengo que decidir dónde poner las llaves. Van al cuenco. No tengo que decidir dónde poner la cartera. Va al cuenco. Es automático. Hábito físico, no memoria. Y mi memoria ha demostrado repetidamente que no es digna de confianza.
Lo segundo: hablar en voz alta. "Estoy dejando las llaves en la entrada." Suena ridículo. Es ridículo. Pero al decirlo en voz alta, tu cerebro lo registra de forma diferente. No es solo visual, es también auditivo. Y dos canales son mejor que uno cuando uno falla.
Y lo tercero: reducir la cantidad de cosas que llevo encima. Cuantas menos cosas, menos cosas pueden acabar en sitios absurdos. Llaves, móvil, cartera. Tres cosas. Todo lo demás se queda en casa. Porque como dice el dicho: donde no hay objetos que perder, no hay objetos en el microondas. Bueno, el dicho me lo acabo de inventar. Pero la idea se entiende.
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¿Hay algo detrás de todo esto?
Mira, dejar las cosas en sitios raros de vez en cuando es humano. Todo el mundo ha dejado alguna vez las gafas en la nevera. Pero si esto es tu rutina diaria. Si cada mañana empieza con una búsqueda del tesoro que no has elegido. Si la gente que vive contigo ya tiene un protocolo de "buscar las cosas de [tu nombre] en los sitios más absurdos posibles".
Entonces no es un despiste. Es un patrón. Y los patrones crónicos de pérdida de objetos, combinados con dificultades de atención y memoria de trabajo, pueden tener explicaciones que merecen la pena explorar con un profesional.
No te voy a decir qué tienes. Ni te voy a diagnosticar por internet. Pero te voy a decir que no eres un caso raro. Hay mucha gente cuyo cerebro funciona exactamente así. Y muchos no saben por qué hasta que alguien se lo explica.
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