Piratas y corsarios con rasgos TDAH: cerebros que necesitaban el mar

Piratas, corsarios y exploradores que mostraban rasgos compatibles con TDAH. De Drake a Marco Polo, cerebros que no podían quedarse en tierra.

Piratas, corsarios, bucaneros. Gente que eligió vivir en un barco en lugar de un despacho. Cerebros que necesitaban riesgo, novedad y movimiento para funcionar.

¿Te suena?

Porque cuando lees sobre las vidas de los grandes navegantes y piratas de la historia, hay un patrón que se repite tanto que resulta difícil ignorarlo. Impulsividad. Necesidad constante de estímulos nuevos. Incapacidad de seguir una rutina. Aburrimiento como enemigo mortal. Y una tendencia a tomar decisiones que cualquier persona sensata calificaría de suicidas.

No estoy diciendo que todos los piratas tuvieran TDAH. No tenemos máquinas del tiempo ni psiquiatras con DeLorean. Pero los rasgos están ahí. Y cuando los juntas, el dibujo que sale es bastante revelador.

¿Por qué los cerebros inquietos necesitaban el mar?

Imagina que vives en el siglo XVI. Tus opciones vitales son: trabajar la tierra, servir a un señor feudal, meterte en un monasterio o unirte al ejército. Todas requieren obediencia, rutina y capacidad de hacer lo mismo durante años sin perder la cabeza.

Ahora imagina que tu cerebro necesita novedad como necesita oxígeno. Que la rutina te produce un dolor casi físico. Que cuando algo te engancha puedes tirarte dieciséis horas sin dormir, pero si no te interesa, no hay fuerza humana que te haga concentrarte.

El mar era la salida perfecta. Cada día era diferente. Cada travesía era un problema nuevo que resolver. Y si las cosas iban bien, te hacías rico. Si iban mal, te morías. Pero al menos no te aburrías.

Eso explica por qué tantos cerebros que no encajaban en tierra acabaron subidos a un barco.

Francis Drake: el corsario que no podía estarse quieto

Sir Francis Drake. Corsario, explorador, político, segundo hombre en circunnavegar el globo. La reina Isabel I le nombró caballero. Los españoles le llamaban El Draque y le tenían pánico.

Lo que me interesa de Drake es la cantidad de roles que asumió a lo largo de su vida. No era solo pirata. Era comerciante, explorador, navegante, líder militar, alcalde de Plymouth y miembro del Parlamento. Un currículum que parece el de alguien que cambia de proyecto cada vez que el anterior deja de ser emocionante.

Y mostraba rasgos compatibles con TDAH que resulta difícil no ver. Tomaba decisiones impulsivas en batalla que, por algún milagro, solían salir bien. Tenía una confianza en sí mismo que bordeaba la temeridad. Y cuando la Corona le pedía que se quedara en Inglaterra gestionando asuntos administrativos, duraba lo justo antes de buscar otra expedición.

Drake no funcionaba en modo estático. Necesitaba moverse. Necesitaba riesgo. Necesitaba la siguiente aventura. Y cuando no la encontraba, la creaba.

Magallanes: la obsesión que dio la vuelta al mundo

Fernando de Magallanes estaba obsesionado con una idea: llegar a las islas de las especias navegando hacia el oeste. Una ruta que nadie había probado. Que la mayoría de expertos consideraba imposible o suicida. Que requería atravesar aguas desconocidas durante meses sin garantía de volver.

Cuando Portugal le dijo que no, se fue a España. Cuando los expertos le dijeron que era una locura, insistió. Cuando sus propios capitanes se amotinaron, ejecutó a los cabecillas y siguió adelante.

Eso tiene un nombre: hiperfoco. Cuando un cerebro con rasgos compatibles con TDAH se engancha a una idea, no existe fuerza en el universo que lo desvíe. Da igual que sea irracional. Da igual que todo el mundo te diga que pares. La idea se convierte en la única realidad posible.

Si quieres profundizar en su historia, Magallanes es uno de los casos más fascinantes de navegantes con rasgos TDAH. Su impulsividad le costó la vida en Filipinas. Pero su obsesión cambió el mapa del mundo para siempre.

Amelia Earhart: no era pirata, pero tenía la misma energía

Vale, Amelia Earhart no robaba galeones españoles. Pero si la metes en la misma categoría de "personas que no podían quedarse quietas y elegían vehículos peligrosos como estilo de vida", encaja como un guante.

Desde pequeña mostraba rasgos que hoy asociaríamos con TDAH sin pestañear. Inquietud constante. Incapacidad de seguir las normas establecidas para las mujeres de su época. Una necesidad de buscar sensaciones nuevas que la llevó a subirse a un avión en los años veinte, cuando volar era básicamente un deporte de riesgo con alas.

Su historia tiene todos los ingredientes: rebeldía contra las convenciones, búsqueda compulsiva de riesgo, capacidad de hiperfocalizarse en un objetivo hasta conseguirlo. Y una tendencia a meterse en situaciones que cualquier persona con un cerebro más prudente habría evitado.

Amelia Earhart mostraba un patrón de conducta que encaja con lo que hoy sabemos del TDAH

Marco Polo: veinticuatro años porque Venecia se le quedaba pequeña

Marco Polo se fue de Venecia a los diecisiete años. Volvió a los cuarenta y uno. Veinticuatro años viajando. Por Asia. Por China. Por rutas que ningún europeo había pisado.

Veinticuatro años.

La explicación histórica es comercial: iba a buscar especias y rutas de negocio con el imperio mongol. Pero cuando lees su historia con ojos modernos, lo que ves es a alguien que no podía parar. Que cada vez que tenía la opción de volver a casa, encontraba una razón para seguir. Que describía cada lugar nuevo con una fascinación que suena a alguien cuyo cerebro se enciende con la novedad y se apaga con lo familiar.

Venecia era una de las ciudades más ricas y sofisticadas del mundo en el siglo XIII. Y a Marco Polo le parecía aburrida comparada con lo que había al otro lado del mapa.

Eso es muy TDAH. Cuando el estímulo no está donde estás, lo vas a buscar a Mongolia.

El patrón que conecta todos estos cerebros

Drake, Magallanes, Earhart, Marco Polo. Épocas diferentes. Continentes diferentes. Pero el mismo patrón de fondo.

Incapacidad de vivir una vida convencional. Necesidad de movimiento, riesgo y novedad como combustible vital. Hiperfoco en objetivos que los demás consideraban imposibles. Impulsividad que a veces les costaba la vida y a veces les daba la gloria. Y una alergia profunda a quedarse en un sitio haciendo lo mismo dos días seguidos.

La historia de la exploración está llena de cerebros que funcionaban así

No es que el TDAH te haga pirata. Es que un cerebro que necesita estímulos constantes, que se aburre con la rutina, que toma decisiones impulsivas y que se obsesiona con ideas que los demás consideran locuras, es exactamente el tipo de cerebro que en el siglo XVI acababa en un barco rumbo a lo desconocido.

Y en el siglo XXI, ese mismo cerebro acaba montando una startup a las dos de la mañana, cambiando de trabajo cada dos años o planeando un viaje sin billete de vuelta.

El mar ha cambiado. El cerebro, no.

Si lees esto y piensas "me siento más identificado con Drake que con mi jefe de departamento", quizá no sea casualidad. Quizá tu cerebro funciona de una forma que merece la pena entender.

Identificar patrones en figuras públicas ayuda a normalizar el TDAH, pero no sustituye una evaluación profesional.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo