Pierdo paraguas siempre: llevo 8 este año
Pierdes cosas constantemente. Paraguas, llaves, la cartera. No es que seas despistado. Tu cerebro tiene un problema con los objetos que dejan de estar en tu mano.
Ocho paraguas. En lo que va de año. Ocho.
Ni siquiera son paraguas baratos, porque ya aprendí que comprar paraguas baratos es tirar dinero directamente. Así que ahora compro paraguas de quince euros y los pierdo con la misma eficacia que los de tres.
Lo dejo en el restaurante. Lo dejo en el metro. Lo dejo en casa de alguien. Lo dejo en la oficina y cuando vuelvo ya no está. Una vez lo dejé en el coche de un amigo y no me di cuenta hasta tres días después, cuando llovía.
Y la gente me dice: "Tío, pues ten más cuidado." Como si no lo hubiera intentado. Como si no hubiera probado colgármelo del brazo, ponerlo siempre en el mismo sitio del bolso, atarlo a la mochila con una cuerda. Da igual. Mi cerebro decide en algún momento que el paraguas ya no existe y lo suelta del registro.
¿Por qué pierdes todo lo que no está atado a tu cuerpo?
A ver, ¿qué pasa? Que tu cerebro tiene un sistema de seguimiento de objetos. Y en algunos cerebros, ese sistema funciona de maravilla. Saben dónde están las llaves, dónde dejaron el móvil, dónde está el paraguas. Sin pensar. Es automático.
En tu cerebro, ese sistema tiene una avería. Y la avería es que solo rastrea lo que estás usando activamente. En el momento en que dejas de usar el paraguas (porque entras en un sitio, porque deja de llover), tu cerebro lo desclasifica como "objeto relevante" y lo borra del mapa.
No es que lo pierdas. Es que tu cerebro olvida que lo tenías.
Es el mismo mecanismo que hace que olvides a qué ibas cuando entras en una habitación. Tu cerebro cruza un umbral (entrar en el restaurante, llegar al destino) y resetea. Todo lo que no forma parte del nuevo contexto se queda atrás.
El cementerio de objetos perdidos
Y no son solo paraguas. Seamos sinceros.
Gafas de sol. Auriculares. Cargadores de móvil. Botellas de agua. Chaquetas en los respaldos de las sillas. He perdido tantos auriculares que ya no compro de más de veinte euros. Directamente asumo que tienen fecha de caducidad.
Lo gracioso es que recuerdo perfectamente dónde pierdo las cosas. Sé que dejé los auriculares en aquel café de la calle Garbary. Sé que el paraguas está en el perchero del consultorio. Lo recuerdo después. Pero en el momento de salir, mi cerebro no conecta "estás saliendo" con "tienes cosas que recoger".
Es como si tu cerebro tuviera una memoria selectiva que funciona genial para cosas que le interesan y fatal para las tareas de mantenimiento. Te acuerdas de una conversación de hace seis años pero no de que entraste con paraguas hace veinte minutos.
Trucos de supervivencia
No te voy a engañar: no he encontrado la solución definitiva. Pero he encontrado trucos que reducen las pérdidas.
Uno: reducir la cantidad de cosas que pueden perderse. Chubasquero en vez de paraguas. Auriculares que van colgados del cuello. Cartera con cadena. Suena ridículo, pero si algo no se puede separar de tu cuerpo, no se pierde.
Dos: el check de salida. Antes de levantarme de cualquier sitio, me obligo a mirar la mesa, la silla y el suelo. Lo hago como un ritual. Miro la mesa. Miro la silla. Miro el suelo. Tres segundos. No siempre funciona, pero ha salvado unos cuantos cargadores.
Tres: aceptar que vas a perder cosas. Suena a rendición, pero no lo es. Es pragmatismo. No comprar nada que no puedas permitirte perder. No ponerle un valor emocional excesivo a objetos que tu cerebro va a soltar tarde o temprano.
¿Es que soy un caso perdido?
No. Pero si pierdes cosas de forma sistemática. Si la gente de tu entorno ya lo tiene asumido como "es que tú eres así". Si has gastado más dinero reemplazando cosas perdidas que en las cosas originales. Entonces no es un rasgo de carácter. Es un patrón.
Y ese patrón, en muchos adultos, tiene un nombre. El TDAH en adultos no es solo no concentrarse. Es también perder cosas, olvidar acciones rutinarias, y tener una memoria de trabajo que no retiene lo que "debería" ser obvio.
No estoy diciendo que sea tu caso. Esto no sustituye una evaluación con un profesional. Pero si llevas años pensando que simplemente eres un desastre con las cosas y ya no te queda a quién culpar, quizá el problema no es la falta de cuidado. Quizá es que todo te cuesta más que a los demás por una razón que nadie te ha explicado.
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