Tu peor jefe eres tú y no sabes despedirte
Dejaste tu empleo para no tener un jefe tóxico. Ahora tú eres el jefe. Y resulta que eres peor que cualquiera que hayas tenido.
Dejaste tu trabajo.
Te dijiste: "Nunca más voy a tener un jefe que me trate así." Nunca más alguien diciéndote que no rindes lo suficiente. Nunca más alguien controlando tus horarios. Nunca más alguien haciéndote sentir que no eres suficiente.
Y ahora, tres años después, tienes exactamente eso. Un jefe que te dice que no rindes. Un jefe que controla tus horarios. Un jefe que te hace sentir insuficiente todos los días.
Ese jefe eres tú.
Y eres bastante peor que cualquiera que hayas tenido antes.
¿Por qué te tratas peor de lo que permitirías que te tratara un jefe?
Piénsalo un segundo. Si un jefe te dijera las cosas que tú te dices a ti mismo, lo denunciarías. "Eres un vago." "No produces lo suficiente." "Deberías estar trabajando en vez de descansando." "Los demás trabajan más que tú." "Si no puedes ni con esto, ¿para qué emprendes?"
Si un jefe te dijera eso, lo llamarías acoso laboral. Y tendrías razón.
Pero cuando te lo dices tú, lo llamas "exigencia" o "ambición" o "disciplina". Y no lo es. Es maltrato. Auto-maltrato. Que es peor, porque no hay departamento de recursos humanos al que ir a quejarte. No hay sindicato. No hay un compañero que te diga "oye, que ese tío se está pasando". Solo estás tú. Jefe y empleado en la misma persona. Verdugo y víctima en el mismo cuerpo.
El día que me di cuenta de que era un jefe nefasto
Fue una noche. Las 11 y pico. Llevaba desde las 8 de la mañana trabajando. No había parado ni para comer bien. Un café, un sándwich delante del ordenador, otro café. Y estaba ahí, a las 11 de la noche, diciéndome "un rato más, que no has hecho suficiente".
Y mi novia me dijo una cosa que me reventó: "Si un jefe te obligara a trabajar así, lo odiarías."
Me quedé callado.
Porque tenía razón. Si alguien me obligara a hacer jornadas de 15 horas sin pausas, sin comida decente, sin descanso, con la presión constante de "no es suficiente", yo habría dejado ese trabajo en una semana. Pero como el jefe era yo, lo normalizaba. "Es que estoy emprendiendo." "Es que tengo que sacar esto adelante." "Es que si no lo hago yo, no lo hace nadie."
Excusas. Excusas de un jefe tóxico que resulta que vive en mi cabeza.
El perfeccionismo como disfraz de autoexigencia
Con TDAH, la autoexigencia tiene un sabor especial. Porque llevas toda la vida compensando. Compensando la falta de concentración con más horas. Compensando los olvidos con más listas. Compensando la impuntualidad con llegar antes. Compensando, compensando, compensando.
Y cuando emprendes, esa compensación se convierte en autoexplotación. Porque ya no hay nadie que te diga "eh, para, es viernes a las 5, vete a casa". No hay horario. No hay límite. No hay nadie que te proteja de ti mismo.
Y tu cerebro, que lleva toda la vida diciéndote que tienes que esforzarte el doble para conseguir lo mismo, no tiene freno. "Más horas." "Más esfuerzo." "Mejor." "Más rápido." Hasta que tu cuerpo dice basta. Y tu cuerpo siempre dice basta. A veces con un aviso suave. A veces con un golpe que te tumba.
Cómo "despedir" a tu jefe interior
No puedes despedirte de ti mismo. Obvio. Pero puedes cambiar la gestión. Puedes pasar de ser un jefe tóxico a ser un jefe razonable. Y eso empieza por tratarte como tratarías a un empleado que te importa.
Si un empleado te dijera "llevo 14 horas y estoy agotado", ¿le dirías "un rato más"? No. Le dirías "vete a casa". Pues eso. Cuando llevas 14 horas, vete a casa. Aunque quede algo por hacer. Siempre queda algo por hacer. Siempre.
Si un empleado te dijera "he tenido un día malo y no he producido casi nada", ¿le dirías "eres un inútil"? No. Le dirías "mañana será otro día". Pues eso. Cuando tienes un día malo, mañana será otro día. Sin culpa. Sin rumiación. Sin pasarte la noche pensando en lo poco que has hecho.
Yo me puse normas de jefe razonable. No trabajo antes de las 9. No trabajo después de las 7. Dos descansos al día mínimo. Un día a la semana sin abrir el portátil. Y cuando mi jefe interior me dice "deberías estar trabajando", le contesto: "Estoy descansando. Y mañana voy a producir más por eso."
No siempre funciono. Hay días que caigo. Hay semanas que vuelvo a las 15 horas y la voz de "no es suficiente". Pero cada vez que me pillo, vuelvo a las normas. Porque mi negocio no es mi identidad. Y destruirme no es la forma de sacarlo adelante.
Eres un buen profesional. Probablemente un mal jefe. La buena noticia es que al jefe lo puedes cambiar. Solo tienes que decidir que mereces un trato que nunca te has dado.
¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que te dice en qué dimensiones tu cerebro te está poniendo la zancadilla: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos. Gratis. Sin humo.
Sigue leyendo
Confié en un proveedor y me dejó tirado a mitad de proyecto con el cliente esperando
Externalicé parte de un proyecto, el proveedor desapareció y me quedé solo con un deadline y un cliente que no sabía nada. Así aprendí a delegar.
La obsesión por el sistema perfecto te quita tiempo de producir
Llevas 3 semanas diseñando el sistema perfecto de productividad y no has producido nada. El sistema no es el trabajo. El trabajo es el trabajo.
Dejé de hacer todo yo y facturé el doble
Hacía todo: marketing, soporte, contenido, contabilidad. El día que solté empecé a facturar el doble. La historia real.
La ansiedad del domingo por la noche del emprendedor con TDAH
El domingo a las 10 de la noche tu cerebro abre 47 pestañas de todo lo que no hiciste. La ansiedad anticipatoria del emprendedor con TDAH.