El ex-socio que ahora es tu competidor

Cuando un socio se va y monta algo parecido a lo tuyo, el golpe tiene capas. Es negocio, es traición, es ego. Y gestionarlo mal te puede costar más que.

Hay un tipo de competencia que duele diferente.

No la del desconocido que entra al mercado con una propuesta parecida a la tuya. Esa también duele, pero de forma abstracta. La que duele de verdad es la del que estuvo dentro. El que vio cómo funcionaba todo. El que conoce a tus clientes, sabe tus precios, entiende tu proceso, y ha decidido usarlo para montar lo suyo.

El ex-socio que ahora es tu competidor.

¿Qué está pasando realmente cuando un socio se va y monta algo similar?

Depende del caso. Pero la respuesta honesta es que, la mayoría de las veces, no es traición.

Es que vio una oportunidad. Y decidió aprovecharla. Con el conocimiento que tenía, que incluye el que adquirió trabajando contigo.

Eso no lo hace menos incómodo. Pero ayuda a no interpretarlo como algo personal cuando probablemente no lo es. La mayoría de las personas que abandonan una sociedad y montan algo similar no lo hacen pensando "voy a hundir a Rubén". Lo hacen pensando "creo que puedo hacer esto por mi cuenta y quiero intentarlo".

El problema es que cuando estás dentro de la situación, la perspectiva objetiva no está disponible. Lo que ves es a alguien que te conoce bien usando ese conocimiento en tu contra. Y eso activa algo más profundo que la preocupación por la competencia. Activa el orgullo, la sensación de traición, el ego.

Y el ego toma pésimas decisiones de negocio.

¿Cómo evitas que el ego te lleve a movimientos estúpidos?

Primero reconociéndolo.

El movimiento estúpido más común es intentar destruirle antes de que te destruya a ti. Hablar mal de él con clientes comunes. Bajar precios para quitarle trabajo. Intentar acelerarle el fracaso. Todo eso consume energía que necesitas para otras cosas, crea una narrativa negativa alrededor de tu marca, y casi nunca funciona.

El segundo movimiento estúpido es ignorarlo completamente por orgullo. "No le voy a dar importancia". Y mientras tanto él está captando a clientes que podrían ser tuyos porque tú no estás mirando.

La respuesta útil es la del frío profesional. Analizas la situación. ¿Qué parte del mercado puede captar? ¿Qué tiene él que tú no tienes? ¿Qué tienes tú que él no puede replicar fácilmente?

Esa última pregunta es la más importante. Porque lo que construiste no es solo un producto o un servicio. Es una reputación, una relación con clientes, una forma de trabajar que él conoce pero que no puede copiar exactamente. Si no sabes qué te diferencia de él, ese es el problema de negocio que tienes que resolver, independientemente de si él existe o no.

¿Qué haces con los clientes que conocéis los dos?

Comunicas primero.

No de forma desesperada. No con el subtexto de "ojo que mi ex-socio es un traidor". Eso hace exactamente lo contrario de lo que quieres: pone la duda en la cabeza del cliente, que hasta ese momento no tenía ninguna.

Comunicas con la actitud de siempre. Sigues siendo el mismo. Sigues ofreciendo lo mismo. Y si el cliente te pregunta directamente por la situación, dices la verdad sin dramatismo: "nos fuimos por caminos distintos, cada uno con su proyecto".

Los clientes son más inteligentes de lo que les damos crédito. Ven perfectamente cuándo alguien está hablando mal de otro por despecho. Y eso les genera desconfianza, no hacia el otro, sino hacia quien habla mal.

Tu actitud durante este momento dice más de ti que cualquier argumento de venta. La soledad del emprendedor incluye también momentos en los que tienes que tomar decisiones difíciles sin que nadie te aplauda por hacerlo bien.

¿Puede el ex-socio convertirse en algo útil?

En algunos casos, sí.

He visto situaciones en las que dos ex-socios que montaron proyectos similares terminaron derivándose clientes mutuamente. Porque sus propuestas, aunque parecidas, servían a perfiles ligeramente distintos. O porque uno tenía capacidad pero no demanda, y el otro al revés.

Eso requiere ego bajo control. Y tiempo. Nadie llega a esa dinámica el primer mes después de la separación.

Pero la alternativa - vivir en guerra fría permanente con alguien que conoce tu negocio por dentro - tiene costes que se acumulan. Energía que no vas a dedicar a crecer. Conversaciones que te desgastan. Un ruido de fondo que nunca se apaga del todo.

Lo que toma más tiempo es lo que más duele pero también lo que más libera: entender que el negocio no eres tú y que la competencia de alguien que te conoce bien es la prueba más clara de que construiste algo que vale la pena imitar.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo