El lunes que empieza el martes
Empezar la semana el lunes es para la gente que no tiene TDAH. Si tus lunes se convierten en martes por sistema, aquí está lo que está pasando realmente.
Todos los lunes iba a ser diferente.
Iba a levantarme temprano. Hacer ejercicio. Revisar el plan de la semana. Empezar con la tarea más importante antes de abrir el email. Todo muy ordenado, muy de persona que tiene su vida bajo control.
Y luego llegaba el lunes real. Y el martes era el nuevo lunes.
¿Por qué el lunes nunca empieza el lunes?
No es pereza. Es neurología.
El domingo por la noche, el cerebro hace la lista. Imagina la semana. Planifica. Todo parece posible porque todo es futuro y el futuro siempre parece más manejable que el presente. El cerebro con TDAH es especialmente bueno en esto. Puede planificar la semana perfecta con una claridad asombrosa. El problema es ejecutarla.
El lunes por la mañana llega con sus propias condiciones. El cuerpo no ha dormido bien. El cerebro no ha arrancado todavía. Hay un email que no esperabas. Una notificación que distrae. Una conversación que se alarga. Y de repente son las 11 de la mañana y todavía no has empezado nada de lo que tenías planificado.
La respuesta habitual es: "hoy no cuenta, mañana empiezo de verdad". Y el martes se convierte en el lunes real de la semana.
El problema no es el lunes. Es que el plan que hiciste el domingo no tiene en cuenta cómo funciona tu cerebro en condiciones reales. Y cuando el plan no encaja con la realidad, el cerebro abandona el plan. No la realidad.
¿Hay alguna semana que empiece bien de verdad?
Sí. Las semanas que empiezan el domingo por la noche.
No con planificación. Con preparación. Hay una diferencia enorme.
Planificar es hacer listas. Prepararse es eliminar fricción. Si el lunes tienes que empezar con algo difícil, la semana anterior dejas todo listo para que el lunes solo tengas que abrir el archivo y escribir. Sin buscar. Sin decidir. Sin el coste cognitivo de recordar dónde lo dejaste.
El cerebro con TDAH tiene una tolerancia muy baja a la fricción inicial. Si hay que buscar algo antes de empezar, es probable que no empiece. Si está ahí, abierto, esperando, hay muchas más probabilidades de que arranque.
Eso es lo que diferencia las semanas que empiezan el lunes de las que empiezan el martes. No la disciplina. La fricción.
¿Qué pasa cuando llevas meses empezando el martes?
Pasa que el patrón se convierte en identidad.
"Soy de los que no empiezan los lunes". "Soy del tipo que necesita calentar motores". "Así funciono yo". Y eso es cierto en parte. Pero en otra parte es una historia que te estás contando para no ver que estás cayendo siempre en el mismo patrón.
El patrón no es neutro. Tiene un coste. Un lunes perdido por semana son 52 lunes al año. 52 días de trabajo que empiezan el martes. Ese es el coste real de normalizar el retraso de arranque.
No lo digo para que te machaches. Lo digo para que lo veas como lo que es: un problema de sistema, no de carácter. Y los problemas de sistema tienen solución.
He visto emprendedores que llevan años produciendo de forma irregular, pensando que así son ellos, que así funciona el TDAH, que no hay nada que hacer. Y cuando cambian una sola variable del entorno, la semana entera cambia. No el carácter. El sistema.
¿Se puede arreglar o simplemente convivir con ello?
Las dos cosas. En ese orden.
Primero convives. Aceptas que tus lunes a menudo van a empezar el martes. No te peleas con eso. Organizas el trabajo de esa semana con ese conocimiento. Pon las cosas menos importantes el lunes. Las más importantes el martes y el miércoles, que es cuando tu semana de verdad arranca.
Luego optimizas. Buscas qué está causando que el lunes no arranque. A veces es el domingo por la noche. A veces es la falta de sueño. A veces es que el trabajo del lunes es el más difícil de la semana y tu cerebro lo sabe y lo evita.
Cada vez que una de esas semanas arranca de verdad el lunes, registras qué fue diferente. Y repites eso.
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