El patrón de caer siempre en lo mismo
Si llevas años cometiendo el mismo error de formas distintas, el problema no es mala suerte. Hay un patrón. Y hasta que no lo veas, seguirá pasando.
Mi patrón favorito era aceptar proyectos sin tener claro el scope.
No lo hacía por descuido. Lo hacía porque en el momento de aceptar todo parecía razonable y la ambigüedad no me molestaba. Luego el proyecto crecía, el cliente pedía más de lo que acordamos, y yo cedía porque no había dejado nada por escrito y tampoco quería el conflicto.
Lo hice cuatro veces antes de verlo como patrón.
La primera vez fue un cliente difícil. La segunda, mala suerte. La tercera, una situación especial. La cuarta ya no tenía excusa. Era yo. Era mi forma de funcionar. Y mientras no lo viera como patrón propio, iba a seguir pasando con el quinto cliente y con el sexto.
Eso es lo que hace un patrón. Sobrevive a los contextos porque no viene del contexto. Viene de ti.
¿Por qué cuesta tanto ver los propios patrones?
Porque cada vez que sucede parece diferente.
El cliente es distinto. El proyecto es distinto. Las circunstancias son distintas. Y como el escenario cambia, tu cerebro lo clasifica como un evento nuevo, no como una repetición. No conecta los puntos porque los puntos no parecen iguales.
Con TDAH esto tiene una capa extra. El cerebro con TDAH tiene memoria episódica fuerte para momentos concretos, pero tiende a no hacer generalizaciones de comportamiento propias de forma automática. Ve el episodio pero no el patrón detrás del episodio. Necesita hacerlo de forma consciente y deliberada, porque no ocurre solo.
Además, reconocer el patrón implica reconocer que el problema no fue el cliente, ni el mercado, ni el timing. Fuiste tú. Y eso es más incómodo que cualquier explicación externa.
La explicación externa es cómoda. El patrón propio incomoda. Así que el cerebro prefiere la primera.
¿Cómo se detecta un patrón antes de que haga daño otra vez?
Con la pregunta que nadie quiere hacerse.
¿He estado aquí antes? No en este proyecto. No con este cliente. Aquí. En este tipo de situación, con este tipo de sensación, tomando este tipo de decisión.
Si la respuesta es sí, tienes un patrón. No dos coincidencias. Un patrón.
La segunda pregunta es: ¿qué decisión tomé en esos momentos anteriores que me metió en esto? No qué hizo el cliente. Qué hice yo. Qué acepté que no debía aceptar. Qué ignoré que debía haber atendido. Qué evité porque era incómodo.
El patrón casi siempre lleva a un momento de evitación. Evitaste la conversación difícil. Evitaste poner el precio real. Evitaste pedir que firmaran el contrato. Evitaste decir no cuando todavía era fácil decirlo. Y esa evitación, repetida en distintos contextos, produce el mismo resultado.
¿Qué hacer cuando ya ves el patrón?
Primero, no machacarte. Reconocer un patrón no es un juicio. Es información. Y la información, a diferencia del juicio, sirve para algo.
Segundo, buscar el punto de intervención más temprano. Los patrones no se rompen cuando ya has caído en ellos. Se rompen antes, en el momento en que están a punto de activarse. Ese momento suele tener una señal reconocible. Una sensación de "esto me suena", una incomodidad que prefieres ignorar, una duda que archivas como "ya lo veré".
Esa señal es tu punto de intervención.
Tercero, diseñar una regla para ese punto específico. No una regla general de "seré más cuidadoso". Una regla concreta. "Cuando un cliente quiera empezar sin haber firmado el contrato, digo que esperamos a tenerlo firmado antes de arrancar". Sin excepciones. Sin "en este caso es distinto". Sin margen para que el patrón se cuele.
El patrón seguirá pasando el tiempo que tardes en verlo.
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