Monté mi propio panel de métricas con Claude Code y Supabase
Dejar de abrir seis paneles cada mañana y tenerlo todo en una pantalla que se actualiza sola. Cómo lo monté y qué me costó.
Cada mañana abría seis pestañas.
Las visitas de la web en un sitio. Los suscriptores del correo en otro. Las ventas en un tercero. El canal en un cuarto. Y dos más que ni te cuento. Diez minutos largos, todos los días, solo para saber si el día anterior había pasado algo.
Diez minutos por día son varias horas al mes mirando pantallas que no me dicen nada nuevo el ochenta por ciento de las veces.
Así que me monté un panel. Uno solo. Con lo mío dentro y actualizándose sin que yo haga nada.
¿Cómo monto un dashboard con mis propios datos?
Con tres piezas, y ninguna de las tres es complicada.
La primera es un sitio donde guardar los datos. Da igual de dónde vengan: si están todos juntos en una tabla, ya puedes hacer preguntas cruzadas que en las herramientas originales son imposibles.
La segunda es algo que traiga esos datos solo, cada día, sin que tú entres a copiarlos. Si hay que copiar a mano, el panel dura dos semanas. Esto no es opinión, es lo que me pasó con el primero.
La tercera es una pantalla que enseñe eso de forma que se entienda en cinco segundos.
Yo usé Supabase para la primera, un proceso que corre solo cada noche para la segunda, y Claude Code para escribir todo lo demás, incluida la pantalla.
Qué guardo exactamente
Aquí está la decisión que más importa y la que menos se piensa.
Mi primer panel guardaba todo lo que podía sacar de cada herramienta. Docenas de columnas. Y era inútil, porque un panel con cuarenta números no es un panel, es un examen.
Ahora guardo una fila por día y por fuente, con muy poco dentro: la fecha, de dónde viene el dato, qué mide y el número. Así de simple. Con esa estructura entra cualquier cosa nueva sin tener que rehacer nada, y eso es lo que hace que el sistema aguante.
De ahí salen las cinco cosas que miro: visitas del día, suscriptores nuevos, ventas, vistas del canal y correos respondidos pendientes. Cinco. Si algo no cambia una decisión mía, no está en el panel.
Antes de montar la parte visual, merece la pena tener clara la estructura de la tabla. Sobre eso escribí en bases de datos y CRM sin código, que aunque va de otro uso, el criterio de qué guardar y qué no es exactamente el mismo.
Cómo lo construí sin programar la parte difícil
Yo no me senté a escribir código. Me senté a explicar lo que quería.
Le describí a Claude Code la estructura de la tabla, le dije de qué herramientas venía cada dato y qué quería ver en pantalla. Él montó las consultas, la página, y los procesos que traen los datos cada noche.
Mi trabajo real fue otro: conseguir los accesos de cada herramienta y decidir qué medir. Eso no lo puede hacer nadie por ti, porque depende de tu negocio.
La parte de conectar el proyecto con la base de datos, que es donde más gente se atasca, la tengo explicada aparte en conectar Claude Code a una base de datos. Es más mecánica de lo que parece: conseguir las credenciales, guardarlas donde no se vean, y probar que responde.
Y si no has usado nunca esta herramienta, empieza por Claude Code para no programadores antes de meterte en esto. Este proyecto no es el primero que deberías hacer.
Qué costó
En tiempo, dos tardes para tener algo funcionando y luego varias semanas de ajustes pequeños según lo iba usando de verdad.
Las dos tardes fueron la parte divertida. Los ajustes fueron lo aburrido: que un dato viniera con otro formato, que una fuente cambiara sin avisar, que un número contara distinto de como yo pensaba.
En dinero, casi nada. Supabase tiene plan gratuito que aguanta de sobra un panel personal, y el resto ya lo pagaba. Los planes cambian, así que confirma en la web oficial si vas a meter datos serios.
Lo que no es gratis es el mantenimiento. Cada vez que una herramienta cambia cómo entrega sus datos, algo se rompe. No se rompe mucho ni a menudo, pero se rompe. Quien te diga que esto se monta y se olvida, no lo tiene montado.
Qué salió mal
Lo primero, y esto me tuvo tonto un par de días: los datos no cuadraban con los originales.
No era un error de código. Era que cada herramienta cuenta a su manera. Una cuenta visitas por persona, otra por sesión. Una cierra el día a medianoche de un sitio y otra a medianoche de otro. Cuando juntas datos de sitios distintos, esas diferencias salen a la superficie y te vuelves loco buscando un fallo que no existe.
Lo resolví escribiendo al lado de cada número de dónde sale y cómo cuenta. Ahora, cuando algo no cuadra, ya sé por qué.
Lo segundo: hice el panel muy bonito antes de saber si lo iba a usar. Gráficas, colores, comparativas. Y luego resulta que miro cinco números y me voy. Toda esa parte visual fue trabajo tirado.
Lo tercero, que fue culpa mía por prisa: dejé las credenciales de acceso en un sitio donde no debían estar durante un par de días. No pasó nada, pero es el tipo de descuido que se paga caro. Si montas algo así, esa parte se hace bien desde el minuto uno.
Lo que añadí después y no estaba previsto
Dos cosas que no formaban parte del plan y que hoy son las que más uso.
La primera es una comparación con el mismo día de la semana anterior. Un número solo no dice nada: que ayer hubiera cierto tráfico no es bueno ni malo hasta que sabes con qué comparar. Y comparar un lunes con un domingo no vale, porque todos los negocios tienen su forma semanal. Comparar lunes con lunes sí.
La segunda es una línea de avisos. Si algún dato se sale mucho de lo normal, hacia arriba o hacia abajo, aparece una nota en la parte de arriba. No es nada sofisticado, es una comparación contra la media de las últimas semanas.
Eso convirtió el panel en otra cosa. Pasé de mirarlo por costumbre a mirarlo cuando hay algo que mirar. Un panel que solo enseña números te obliga a interpretarlos cada mañana. Un panel que te dice qué se ha salido de lo normal hace ese trabajo por ti.
Si algún día lo rehago, esas dos piezas irían en la primera versión.
¿Merece la pena?
Para mí sí, por una razón que no es la que esperaba.
Yo pensaba que el valor era ahorrar los diez minutos de la mañana. Y sí, los ahorro. Pero lo que de verdad cambió es que ahora veo cosas que antes no veía, porque están juntas.
Cuando las visitas y las ventas están en pantallas distintas, no relacionas nada. Cuando están una al lado de la otra, en la misma línea de tiempo, ves que un pico de un sitio va seguido de movimiento en el otro tres días después. Eso no lo ves en seis pestañas.
Y hay un efecto secundario que no esperaba: al tener que decidir qué cinco números merecen estar en pantalla, tuve que decidir qué me importa de verdad del negocio. Esa conversación conmigo mismo valió más que el panel.
Este panel es una pieza de un sistema más grande: cómo llevar un negocio de una sola persona sin que se te caiga nada. Eso es lo que enseño aquí.
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