La mejor oportunidad que he rechazado y por qué lo volvería a hacer

Decir no a una oportunidad brillante cuando el momento no es el correcto es una habilidad que nadie enseña y que muy pocos tienen.

Era una oferta muy buena.

Cliente grande. Presupuesto decente. Trabajo interesante. Y yo en un momento en que un ingreso extra nunca viene mal. Todo indicaba que debía decir sí. Todas las señales apuntaban a aceptar.

Dije que no.

Y durante las dos semanas siguientes me pregunté varias veces si había cometido un error enorme.

¿Por qué resulta tan difícil rechazar algo bueno?

El problema con las buenas oportunidades es que no puedes decir que no por una razón obvia. Si alguien te ofrece algo malo, el rechazo es fácil. Pero cuando la oferta es genuinamente buena y la razón para rechazarla no es un defecto en la oferta sino algo interno, algo relacionado con dónde estás tú y hacia dónde vas, la conversación en tu cabeza se vuelve muy complicada.

Con TDAH, la complicación se multiplica. Tu cerebro ama la novedad. Ama los proyectos nuevos, las posibilidades nuevas, el estímulo de algo que todavía no conoces. Y una oportunidad nueva, aunque no sea lo que necesitas ahora mismo, activa exactamente esos circuitos. Se siente bien. Se siente como potencial.

Y esa sensación de potencial es exactamente lo que te impide ver con claridad si es lo correcto en este momento o simplemente lo que parece emocionante ahora.

¿Qué criterios usas para decidir si una oportunidad vale la pena?

No todos los proyectos buenos son proyectos correctos para ti en este momento.

El primer criterio es la dirección. ¿Esta oportunidad te lleva más cerca de donde quieres estar en dos años o te aleja? No en términos de dinero únicamente. En términos de habilidades, contactos, posicionamiento, energía. A veces un cliente grande que paga bien te lleva exactamente en la dirección equivocada porque absorbe tiempo y energía que necesitas para construir algo tuyo.

El segundo criterio es el coste de oportunidad. Decir sí a esto significa decir no a qué. Tu tiempo es fijo. Tu energía también. Y con un cerebro que solo puede estar hiperfocalizado en un número limitado de cosas a la vez, añadir un proyecto más tiene un coste real aunque no lo veas al principio.

El tercer criterio, el más difícil de medir: ¿esto lo aceptas porque genuinamente crees que es bueno para ti, o lo aceptas porque tienes miedo de que si lo rechazas no venga nada mejor?

¿Cómo el miedo a que no llegue nada más nubla el juicio?

Este es el motor oculto detrás de la mayoría de los síes que luego lamentamos.

No aceptamos la oportunidad porque sea la correcta. La aceptamos porque en el momento en que llega, nuestro cerebro decide que es la última oportunidad que va a llegar. Que si la dejamos pasar, el mercado se cerrará, el cliente desaparecerá y nos quedaremos esperando sin que llegue nada.

Es el mismo mecanismo que hace que la gente compre cosas que no necesita en rebajas. La escasez, real o percibida, activa un modo de decisión que tiene muy poco que ver con si la cosa es buena para ti.

Con TDAH, la impulsividad hace que ese mecanismo sea más potente. El sí impulsivo a una oportunidad que parece urgente es uno de los patrones que más caro cuesta. No porque la oportunidad sea necesariamente mala. Sino porque el sí impulsivo rara vez viene acompañado de un análisis de qué tienes que dejar de hacer para poder decir ese sí.

¿Qué pasa después de decir que no?

En mi caso, las dos semanas de duda. Ese momento en que te preguntas si fuiste demasiado estricto, si sobreestimaste el coste, si el orgullo tuvo más peso del que debería.

Y luego, el espacio.

Cuando rechazas algo que no era para ti, aunque sea bueno, se abre un hueco. Y ese hueco no siempre se llena inmediatamente con algo mejor. A veces se queda vacío un tiempo. Pero es un vacío útil. Un espacio donde puede entrar lo que sí encaja.

El problema es que tolerar ese hueco requiere paciencia. Y la paciencia no es exactamente el punto fuerte de un cerebro con TDAH.

Pero vender sin perseguir clientes implica exactamente esto: saber cuándo una oportunidad no es para ti y dejarla pasar sin que el pánico te empuje a aceptar. El emprendimiento de largo plazo se construye con los síes que tienen sentido, no con todos los síes disponibles.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

La oportunidad que rechacé era buena. Simplemente no era para mí en ese momento. Y hay una diferencia enorme entre esas dos cosas.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

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