La obsesión de Hitchcock: planificar cada fotograma antes de rodar
Hitchcock decía que rodar era aburrido. Lo divertido era planificarlo todo en su cabeza. Un perfeccionismo que encaja con el TDAH.
Hitchcock decía que rodar una película era aburrido.
Así, sin más. El tío que inventó el suspense moderno, que hacía que millones de personas se mordieran las uñas en el cine, pensaba que la parte de grabar era un trámite. Lo divertido de verdad era antes. Planificarlo todo en su cabeza. Cada ángulo. Cada corte. Cada expresión del actor en el segundo exacto. Llegaba al rodaje con la película ya terminada dentro del cráneo y lo que hacía con las cámaras era poco más que transcribir.
Para el resto del mundo eso era genialidad excéntrica.
Para alguien que entiende cómo funciona un cerebro con TDAH, eso suena a otra cosa completamente distinta.
¿Por qué Hitchcock necesitaba controlarlo todo antes de empezar?
Hay un dato que la gente repite como curiosidad y que a mí me parece una pista enorme. Hitchcock dibujaba storyboards de cada escena antes de rodar. No estamos hablando de bocetos generales. Estamos hablando de cientos de dibujos detallados donde aparecía cada plano, cada movimiento de cámara, cada gesto de cada actor.
Y no lo hacía por método ni por disciplina.
Lo hacía porque si no lo tenía todo controlado de antemano, se perdía.
Eso es algo que cualquiera con TDAH reconoce al instante. La necesidad de construir un sistema externo que sostenga lo que tu cabeza no puede retener sola. Porque el problema nunca es la falta de ideas. El problema es que tienes demasiadas, todas a la vez, y si no las anclas en algún sitio se evaporan como si nunca hubieran existido.
Hitchcock ancló las suyas en storyboards. Otros las anclamos en listas de Notion que luego olvidamos revisar. Cada uno con su nivel.
¿Era el perfeccionismo de Hitchcock un síntoma de TDAH?
Aquí hay que ser honesto: Hitchcock nunca fue diagnosticado de TDAH. Vivió en una época donde eso ni existía como concepto clínico. Así que no voy a decirte que tenía TDAH como si fuera un hecho, porque no lo sé y nadie lo sabe.
Lo que sí puedo decirte es que muchos de sus patrones encajan como un guante.
El perfeccionismo obsesivo. No el perfeccionismo sano de "quiero hacer las cosas bien". El otro. El de no poder soltar algo hasta que cada detalle está exactamente como tu cerebro dice que tiene que estar. Chaplin tenía eso mismo. Repetía escenas cien veces hasta que coincidían con la imagen que tenía en la cabeza. Hitchcock hacía algo parecido, pero en la fase de planificación. Si el storyboard no estaba perfecto, no rodaba. Punto.
La hiperfijación en un solo proyecto. Cuando Hitchcock trabajaba en una película, no existía nada más. No había cenas, no había vacaciones, no había vida fuera de esa obsesión. Su mujer Alma prácticamente gestionaba todo lo demás porque Alfred estaba en otro planeta. Metido en su cabeza, construyendo escenas que aún no existían, resolviendo problemas que aún no habían pasado.
Eso no es simplemente "ser apasionado". Eso es un cerebro que cuando se engancha a algo no suelta ni aunque le paguen.
Marie Curie tenía una obsesión parecida
El aburrimiento como motor secreto
Hay algo que Hitchcock repetía en entrevistas y que a mí me resulta revelador. Decía que una vez que tenía la película planificada, rodarla era como copiar un examen. Ya no había misterio. Ya no había novedad. Ya no había nada que resolver.
Y se aburría.
Eso es muy de cerebro TDAH. La fase de crear, imaginar, resolver el puzzle, es donde está toda la dopamina. Pero cuando ya lo has resuelto y toca ejecutar, tu cerebro te dice "esto ya lo hemos hecho" y se va a buscar otra cosa. Hitchcock lo describía como si rodar fuera un mal necesario. El peaje que tenía que pagar para que los demás pudieran ver lo que él ya había visto en su cabeza semanas antes.
Es el mismo patrón que ves en muchos directores de cine con rasgos compatibles con el TDAH. La fase creativa les absorbe. La fase de ejecución les drena.
El miedo detrás del control
Hitchcock tenía miedo. Mucho.
Miedo a la policía. Miedo a los huevos (sí, a los huevos). Miedo a quedarse solo. Miedos que a la gente le parecían ridículos pero que para él eran reales. Y canalizó todo ese miedo en sus películas. Lo convirtió en suspense. En tensión. En esa sensación de que algo terrible está a punto de pasar aunque no sepas qué.
Un cerebro que funciona a base de ansiedad de fondo, que necesita controlarlo todo porque si no controla se desborda, y que transforma esa ansiedad en arte.
No estoy diciendo que eso sea TDAH necesariamente. Pero tampoco me sorprendería.
Porque he visto ese patrón cientos de veces. Personas que construyen sistemas elaboradísimos no porque les guste el orden, sino porque sin ese orden su cabeza es el caos. Personas que planifican cada detalle no por disciplina, sino por puro terror a lo que pasa cuando improvisan. Personas que desde fuera parecen máquinas de productividad y por dentro están corriendo para mantenerse un paso por delante de su propio cerebro.
Lo que Hitchcock nos enseña sin querer
Que el control obsesivo puede ser una herramienta, no solo un problema.
Que un cerebro que necesita planificarlo todo antes de empezar no es un cerebro lento. Es un cerebro que ha aprendido a protegerse de sí mismo. Que ha descubierto que si deja las cosas al azar, el azar le come vivo.
Hitchcock no rodaba películas. Rodaba los storyboards que ya había terminado en su cabeza. Y eso, que para muchos era una manía de viejo excéntrico, puede que fuera la estrategia más inteligente que encontró para que su cerebro no le saboteara.
A veces, lo que el mundo llama obsesión no es más que un cerebro diferente buscando la manera de funcionar en un mundo que no está diseñado para él.
Si alguna vez te han dicho que eres demasiado perfeccionista, demasiado controlador, demasiado obsesivo con los detalles, puede que tu cerebro funcione de una manera que nadie te ha explicado.
Sigue leyendo
Steve Jobs: TDAH, LSD y el cerebro que creó Apple
Steve Jobs fue adoptado, expulsado de su empresa y cambió el mundo. ¿Tenía TDAH? Todo apunta a un cerebro que no funcionaba como los demás.
¿Tenía Van Gogh TDAH? 900 cuadros en 10 años
Van Gogh pintó más de 900 cuadros en una década, no podía gestionar su propia vida y sentía todo con una intensidad que le desbordaba. Los rasgos encajan.
Coco Chanel: de orfanato a imperio con un cerebro que no paraba
Coco Chanel revolucionó la moda, se reinventó mil veces y trabajó hasta los 87 años. ¿Una energía normal? Difícil creerlo.
Marco Polo: el veneciano que viajó 24 años porque su cerebro no sabía volver
Marco Polo salió de Venecia con 17 años y volvió con 41. Su cerebro necesitaba ver qué había detrás de cada montaña. Posibles rasgos TDAH.