Mi mesita de noche es donde van a morir las cosas que no tienen sitio

Tu mesita de noche tiene tres libros, un cargador, un vaso, un ticket y cosas que no sabes ni identificar. Bienvenido al caos nocturno.

Voy a describir tu mesita de noche y dime si me equivoco.

Un vaso de agua de hace dos días. Un cargador. Un libro que empezaste hace tres meses y llevas por la página 40. Otro libro que compraste después porque el primero ya no te interesaba. Un paquete de pañuelos medio vacío. Un ticket de algo que no recuerdas qué era. Un cable que no sabes de qué es pero que "igual lo necesito". Y un par de cosas que no puedes ni identificar porque llevan tanto tiempo ahí que ya forman parte del paisaje.

Si me he acercado, no es porque sea adivino. Es porque la mesita de noche es el vertedero universal de todo lo que no tiene sitio. El sitio donde van las cosas cuando no sabes dónde ponerlas. El agujero negro de los objetos sin hogar.

¿Por qué la mesita de noche se convierte en un vertedero?

Porque es lo último que tocas antes de dormir y lo primero que tocas al despertar. Y en esos dos momentos tu cerebro está al mínimo. No tiene energía para decidir dónde va cada cosa. Así que todo va a la mesita.

Llegas por la noche. Vacías los bolsillos. Móvil, cartera, llaves, un par de monedas. Todo a la mesita. Te quitas las gafas. A la mesita. Abres un paquete de algo. El envoltorio a la mesita. Y así, día tras día, la mesita acumula capas geológicas de vida cotidiana.

Es como no poder mantener tu casa limpia, pero concentrado en medio metro cuadrado. La mesita es la versión miniatura del caos general. El resumen ejecutivo de tu relación con el orden.

¿Por qué no la ordenas y ya está?

Porque ordenar la mesita no es el problema. El problema es que la vas a volver a llenar mañana. Y pasado. Y al otro.

Puedes limpiarla ahora mismo. Te lleva cinco minutos. Tiras los pañuelos, devuelves los libros a la estantería, enrollas los cables. Perfecto. Mesita nueva. Y mañana a las 23:30, cuando llegues muerto de sueño, vas a vaciar los bolsillos encima y el ciclo empieza otra vez.

No es un problema de limpieza. Es un problema de sistema. No tienes un sitio donde vaciar los bolsillos al llegar a casa. No tienes una rutina de "antes de dormir pongo cada cosa en su sitio". Y no la tienes porque tu cerebro no automatiza esas cosas. Lo que para otra persona es un hábito que hacen sin pensar, para ti es una decisión consciente que requiere energía que no tienes a las once de la noche.

La mesita como indicador

Mira, te digo una cosa que a mí me ayudó. La mesita de noche es un termómetro. Cuando está limpia, estoy bien. Cuando tiene tres capas de cosas, estoy en modo supervivencia.

No es solo desorden. Es un reflejo de cómo va todo. Cuando tu cerebro está saturado, la mesita se llena. Cuando las cosas van bien y tienes energía, la mesita se vacía. Es así de simple.

Y no digo esto para que te sientas mal cuando la veas llena. Lo digo para que entiendas que no es pereza. Es indicador. Si tu mesita está a tope, probablemente tú también. Y en vez de forzarte a ordenarla sintiéndote culpable, quizá lo que toca es parar y ver qué está pasando por dentro.

Porque eso es lo que pasa con la desorganización. No es el problema. Es el síntoma. Y cuando eres desorganizado de forma crónica, no es porque no te importe. Es porque tu cerebro tiene las prioridades revueltas y lo urgente siempre tapa lo importante.

El truco del cuenco (en serio)

Parece una tontería, pero un cuenco al lado de la puerta me cambió más que cualquier app de productividad que he probado en mi vida. Llegas a casa, vacías los bolsillos en el cuenco. Llaves, cartera, monedas, lo que sea. Ya no va a la mesita. Va al cuenco.

La mesita pasa de ser un vertedero a ser solo una mesita. Con un vaso de agua y ya. Bueno, y el libro que no voy a terminar. Pero eso es otro tema.

El truco no es ser organizado. El truco es reducir las decisiones. Si todo va al cuenco, no hay que decidir dónde va cada cosa. Y las decisiones que no tienes que tomar son las únicas que no te agotan.

Si todo esto te suena demasiado familiar, si la mesita de noche es solo la punta del iceberg de un caos que se extiende por tu casa, tu trabajo y tu vida, quizá no eres simplemente desordenado. Quizá hay algo más. Y entender por qué todo te cuesta más que a los demás es el primer paso para dejar de culparte por ello. Un profesional puede ayudarte a verlo con más claridad.

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