No termino los cursos que compro y tengo 12 a medias
Compras cursos con toda la ilusión del mundo y a las dos semanas no los has vuelto a abrir. No es pereza ni falta de tiempo. Tiene otra explicación.
Tengo doce cursos comprados. A medias. Mentira: alguno lleva el 4% de progreso, que tampoco sé si contar eso como "a medias" o como "ni he empezado bien".
Curso de fotografía. Curso de programación en Rust. Curso de copywriting. Un máster de marketing digital que me costó lo que no te voy a decir. Un curso de meditación que compré en un momento de estrés total y que tiene exactamente el karma que te estás imaginando. Otro de edición de vídeo. Uno de Python que compré creyendo que el anterior de Python no era suficientemente bueno.
Y así.
Todos con la mejor intención del mundo. Todos con esa descarga de dopamina brutal que te da pulsar el botón de compra. Y todos cogiendo polvo digital en mi biblioteca de Teachable.
¿Por qué compras cursos que no terminas?
La respuesta que te han dado toda la vida es: "porque no tienes disciplina". O la versión con más eufemismos: "porque no te has comprometido de verdad". O la versión coach de Instagram: "porque no tienes un por qué suficientemente grande".
Todas mentira. O al menos, incompletas.
Porque si fuera un problema de disciplina, pasaría siempre. Y no siempre pasa. Hay cursos que he terminado. Proyectos que he completado. Cosas que he empezado y llevado al final. ¿Qué tienen en común esas cosas? Que eran urgentes, nuevas, o me generaban interés real en ese momento concreto.
El problema no es que no puedas terminar cosas. El problema es que tu cerebro no puede terminar cosas cuando la novedad inicial se acaba y queda solo el trabajo.
Y eso, amigo, es un patrón muy concreto.
La trampa de la compra es la misma que la trampa del inicio
Mira, hay algo que le pasa a muchos cerebros: son máquinas de empezar.
Empezar es emocionante. Empezar tiene novedad. Empezar tiene posibilidades infinitas. Cuando compras ese curso de fotografía llevas en la cabeza una versión de ti mismo haciendo retratos brutales en blanco y negro con iluminación perfecta. Llevas el resultado, no el proceso.
Y entonces abres la primera lección. Y la haces. Y la segunda. Y la tercera.
Y en algún punto del camino, la novedad se evapora. Ya no es nuevo. Ya has visto el esquema general. Ya sabes más o menos de qué va. Y aquí es donde tu cerebro toma una decisión que no te consulta: desconectar.
No porque no quieras aprender. No porque el curso sea malo. Sino porque el combustible que usas para seguir adelante, que es el interés y la novedad, se ha acabado. Y sin ese combustible, seguir requiere un esfuerzo que otros cerebros no necesitan pero tú sí.
Si te pasa esto constantemente, no solo con cursos sino con proyectos en general, es posible que no sea un problema de actitud.
El cementerio de las suscripciones
Lo más curioso no es ni siquiera el dinero. Bueno, el dinero también, no te voy a engañar. Pero lo más curioso es el patrón.
Porque hay un ciclo que se repite con una precisión que da miedo.
Primero: ves el curso anunciado en algún sitio. Te parece interesante. Lo añades a favoritos o lo guardas para "cuando tenga tiempo".
Segundo: lo compras. Normalmente en un momento de energía alta, de "voy a cambiar mi vida", de "este año sí". A veces porque hay descuento y sientes que si no lo compras ahora lo pierdes para siempre.
Tercero: lo abres. Haces las primeras lecciones con entusiasmo genuino.
Cuarto: algo interrumpe el ritmo. Un viaje. Un proyecto urgente. Una semana mala. Cualquier cosa.
Quinto: ya no vuelves. No porque no quieras. Sino porque retomar algo que ya no está en el radar cuesta demasiado. Y hay algo nuevo brillando en el horizonte.
Sexto: compras otro curso.
Y si esto te suena a algo que también pasa en otras áreas de tu vida, quizá con empezar cosas y no terminar ninguna, no es coincidencia. Es un patrón de cómo funciona tu cerebro.
¿Y si no es falta de tiempo sino de regulación?
Aquí viene la parte incómoda.
Porque la excusa que nos contamos siempre es el tiempo. "Es que no tengo tiempo." Pero si fueras honesto contigo mismo, encontrarías tiempo si el interés fuera suficientemente alto. Hay temporadas que me he visto episodios de una serie durante horas seguidas sin problema. O investigando algo que me importa a las dos de la mañana cuando "no tenía tiempo".
El tiempo no es el problema. La regulación de la atención sí.
Hay cerebros que pueden empujar hacia adelante con una tarea aburrida o repetitiva usando solo disciplina. Lo sostienen. No es que les guste más que a ti. Es que su mecanismo de regulación les permite seguir aunque no sea emocionante.
Otros cerebros, en cambio, necesitan que la tarea genere interés o urgencia real para funcionar. Sin ese estímulo, es como intentar encender un mechero sin gas. Le das al botón. Chispa hay. Llama, no.
Esto no lo digo yo de buenas a primeras. Lo dicen los estudios sobre función ejecutiva y TDAH desde hace décadas. Y por qué te cuesta todo más que a los demás tiene más explicación de lo que te han contado.
Qué he aprendido después de doce cursos a medias
A ver, tampoco quiero dejarte solo con el diagnóstico y nada más. Hay cosas que me han funcionado para terminar lo que empiezo. No siempre. No te voy a engañar. Pero más que antes.
La primera es aceptar que no voy a terminar todos los cursos que compro. Y que eso no me hace mala persona. Me hace alguien que aprende de forma diferente. A veces el 30% de un curso me da todo lo que necesitaba. No necesito el 100%.
La segunda es reducir el tiempo entre compra y uso. Si compro un curso y no lo abro en 48 horas, las probabilidades de que lo termine caen a algo cercano a cero. No porque lo decida así, sino porque así funciona mi cerebro.
La tercera es elegir cursos más cortos. Un curso de 40 horas para un cerebro como el mío es una sentencia de abandono. Cuatro horas, a lo mejor me lo termino.
La cuarta, y esta es la más importante, es entender por qué pasa. Porque cuando sabes que no es vagancia ni falta de carácter sino un patrón concreto de cómo funciona tu cabeza, puedes dejar de machacarte y empezar a buscar soluciones que de verdad encajen con cómo eres.
Si esto te parece demasiado familiar
Hay bastante gente que compra cursos que no termina. Y muchos de ellos tienen en común algo que nunca les han explicado: que su cerebro regula la atención de una forma distinta. Que el problema no es la voluntad sino la arquitectura.
En algunos casos tiene nombre. Se llama TDAH. No el trastorno de los niños que no paran quietos. El trastorno de adultos que compran doce cursos, empiezan cuatro proyectos, y sienten que son los únicos que funcionan así.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si sospechas que tu cerebro funciona de una forma que no encaja con lo que te han contado, habla con un psicólogo o psiquiatra. Pero si quieres un punto de partida para entender si tu cabeza va por ahí, tengo algo que puede ayudarte.
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