No tengo ninguna habilidad profunda porque dejo todo a medias
Sabes de todo un poco y de nada lo suficiente. Tu CV parece un buffet libre. Y no es falta de talento, es otra cosa.
Sabes un poco de guitarra, un poco de diseño, un poco de programación, un poco de fotografía. De todo un poco. De nada lo suficiente. Tu CV parece un buffet libre.
Y lo peor no es eso. Lo peor es que miras a la gente que domina una cosa, una sola cosa, y piensas "¿cómo narices ha conseguido eso?". Como si fueran de otra especie. Como si tuvieran un gen que a ti te falta.
Pues no. No les falta nada a ellos. Lo que pasa es que tu cerebro funciona distinto. Y ese "distinto" tiene consecuencias.
¿Por qué no dominas nada si has empezado tantas cosas?
Vamos a hacer un ejercicio rápido. Piensa en todas las cosas que has empezado a aprender en los últimos cinco años. Todas.
Apuesto a que la lista es larga. Ridículamente larga. Y apuesto a que en cada una de ellas llegaste al mismo punto: el punto donde lo básico ya lo sabes, lo intermedio empieza a ser repetitivo, y lo avanzado requiere meses de práctica aburrida y sin novedad.
Ahí te bajaste del tren. Cada vez.
Porque aprender algo nuevo es la hostia. Los primeros días son pura dopamina. Todo es descubrimiento. Cada pequeño avance se siente como un logro enorme. Tu cerebro está encendido, tu motivación por las nubes, y piensas "esto va a ser lo mío".
Pero luego llegas a la meseta. Esa zona donde ya no avanzas tan rápido. Donde para mejorar un 10% necesitas el triple de esfuerzo que para el primer 70%. Y tu cerebro, que vive de la novedad y del progreso visible, se apaga como una bombilla fundida.
Es como si tu curva de aprendizaje tuviera un techo de cristal. Y el techo no lo pone tu capacidad. Lo pone tu atención.
El síndrome del eterno principiante
Yo me he pasado años así. Te lo digo por experiencia.
He aprendido a tocar la guitarra lo suficiente para rasguear cuatro acordes. He aprendido diseño lo suficiente para hacer algo que no dé vergüenza. He aprendido de marketing, de vídeo, de escritura, de mil cosas. En todas he llegado al mismo punto: el punto donde ser mediocre es fácil y ser bueno requiere paciencia.
Y la paciencia no es exactamente mi fuerte. Ni el de nadie cuyo cerebro funciona con el ciclo de empezar y no terminar.
El resultado es que acabas siendo un generalista forzado. No porque lo eligieras. No porque tengas una mente renacentista y curiosa. Sino porque tu cerebro no te dejó quedarte el tiempo suficiente en ningún sitio como para profundizar.
Y cuando alguien te pregunta "¿en qué eres bueno?", no sabes qué contestar. Porque eres un poco bueno en muchas cosas y muy bueno en ninguna. Y eso, lejos de sentirse como un superpoder, se siente como un fracaso.
La trampa de la comparación
Lo peor es que te comparas con gente que lleva años haciendo una sola cosa.
Ves a alguien que es un crack dibujando y piensas "ojalá yo pudiera dibujar así". Pero esa persona lleva 8 años dibujando todos los días. Ocho. Años. Todos. Los. Días.
Y tú no has hecho nada durante 8 años seguidos excepto respirar y procrastinar. No porque no quieras. Sino porque tu cerebro te lleva de una cosa a otra como un niño en una tienda de juguetes. "Esto mola. No, espera, esto mola más. No, espera..."
Es la misma historia que la del coleccionista de comienzos. Muchos inicios, pocos finales. Mucha amplitud, poca profundidad.
Y la comparación es injusta. Porque estás comparando tu dispersión con la constancia de otra persona. Es como comparar a un colibrí con un búho. El colibrí visita 300 flores al día. El búho se queda en su rama. Los dos sobreviven, pero de maneras muy distintas.
¿Y si el problema no es que dejas todo a medias?
A ver, voy a decir algo que quizá no esperas.
Puede que el problema no sea que no tienes habilidades profundas. Puede que el problema sea cómo defines "habilidad profunda".
Porque saber un poco de muchas cosas tiene un valor que no se ve a simple vista. Conectar ideas de campos distintos. Adaptarte rápido a contextos nuevos. Aprender lo básico de cualquier cosa en una fracción del tiempo que le lleva a los demás.
Eso no es un fallo. Es un perfil. Un perfil que no encaja en el modelo de "elige una cosa y dedícale tu vida", pero que tiene sus propias ventajas.
El problema real no es la dispersión. El problema es que nadie te dijo que tu cerebro iba a funcionar así, y tú te pasaste años pensando que estabas roto. Que te costaba todo más que a los demás por algún defecto personal. Y esa narrativa es veneno puro.
Lo que a mí me ha funcionado (y no es magia)
No te voy a engañar. No he conseguido profundizar en 47 disciplinas a la vez. Eso no va a pasar.
Lo que sí he conseguido es elegir una cosa, UNA, en la que la novedad nunca se acaba del todo. En mi caso es crear contenido. Porque dentro de crear contenido hay mil sub-disciplinas que mi cerebro puede visitar sin abandonar el proyecto principal. Escribir, grabar, editar, pensar estrategia, diseñar, programar cosas para la web.
No es profundidad en una sola habilidad. Es profundidad en un ecosistema de habilidades relacionadas. Y eso sí funciona con un cerebro que necesita variedad.
Parece una tontería, pero buscar algo que tenga suficientes capas como para que tu cerebro no se aburra puede ser la diferencia entre dejar algo a medias por enésima vez y, por fin, construir algo de verdad.
No es un diagnóstico lo que doy aquí. Si esto de dejar todo a medias es un patrón que reconoces en toda tu vida, no solo en hobbies sino en trabajo, relaciones, estudios, habla con un profesional. Merece la pena entender por qué.
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