No tengo un horario fijo para nada: ni comer, ni dormir, ni trabajar

Comes a las 4. Duermes a las 2. Trabajas de madrugada. Tu vida no tiene horario porque tu cerebro no lo permite. Y no es por falta de intentos.

Ayer comí a las 4 de la tarde.

No es que estuviera ocupado. No es que no tuviera hambre. Es que simplemente no se me ocurrió comer hasta las 4. Estaba haciendo algo en el ordenador - ya ni recuerdo qué - y de repente mi estómago hizo un ruido que parecía una protesta formal. Miré el reloj. Las 4 y cuarto. Llevaba siete horas despierto sin comer.

Hoy he comido a la 1 y media. Mañana probablemente coma a las 3. O a las 5. O no coma hasta las 7. No lo sé. Depende del día. Depende de lo que esté haciendo. Depende de si mi cerebro se acuerda de que tengo un cuerpo que necesita alimentarse.

Y con dormir pasa lo mismo. Y con trabajar. Y con ducharme. Y con todo.

Mi vida no tiene horario. Tiene una sucesión de eventos aleatorios que ocurren cuando les da la gana.

El mito del horario fijo

"Pon horarios fijos". Es el consejo que me ha dado todo el mundo desde que tengo uso de razón. Padres, profesores, coaches, libros de productividad, artículos de internet. Todos coinciden: la clave está en tener un horario y respetarlo.

Genial. Lo he intentado. Lo he intentado con alarmas. Con apps. Con post-its. Con un pizarra en la cocina con bloques de colores. Una vez hasta hice un Excel con mi semana ideal, con franjas de 30 minutos, colores para cada tipo de actividad, y un sistema de puntos por cada bloque completado.

Duró tres días. El Excel sigue en algún lugar de mi disco duro. Probablemente en una carpeta llamada "Organización v17" junto con otros diecisiete intentos fallidos.

Porque no puedo tener un horario fijo de nada. Y no es por falta de intentos. Es por falta de un cerebro que pueda seguirlo.

Tu cerebro no tiene reloj. Tiene brújula loca.

La mayoría de la gente tiene un reloj interno que les dice cuándo hacer las cosas. A las 7 me levanto. A las 8 desayuno. A la 1 como. A las 7 ceno. A las 11 duermo. Es un ciclo. Predecible. Estable. Automático.

Tu reloj está roto. No marca horas - marca intereses. Si algo te interesa, el reloj desaparece y puedes pasarte ocho horas sin comer, sin beber, sin ir al baño. Si nada te interesa, el reloj avanza a cámara lenta y cada minuto dura una hora.

Esto tiene una explicación, y se llama disfunción ejecutiva. Es un rasgo del TDAH que afecta directamente a la percepción del tiempo y a la capacidad de crear secuencias de acciones predecibles. Tu cerebro no puede automatizar rutinas porque cada acción requiere una decisión consciente. Y como no puede automatizarlas, tampoco puede ponerles horario.

Un día típico (que no existe)

Te voy a describir mi "día típico". Entrecomillo "típico" porque no existe un día típico. Cada día es diferente. Pero más o menos:

Me levanto entre las 7 y las 11, dependiendo de a qué hora me haya dormido, que puede ser entre las 12 y las 4. Desayuno entre las 8 y la 1, o no desayuno. Como entre la 1 y las 5, o me salto la comida. Trabajo en ráfagas de 20 minutos a 4 horas, intercaladas con períodos de no hacer absolutamente nada, que pueden durar 5 minutos o 2 horas. Ceno entre las 8 y las 12, o no ceno.

Si alguien me pregunta "¿a qué hora comes?", no tengo respuesta. No porque no quiera. Porque la respuesta cambia cada día. Es como preguntar "¿cuánto mide una goma elástica?". Depende de cuánto tires.

Cuando la falta de horario te afecta la salud

No comer a horas regulares no es solo un inconveniente. Es un problema real. Porque como a deshoras y a veces me olvido de que tengo hambre. Y cuando como, como de golpe. Y mal. Porque a las 4 de la tarde no te apetece hacerte una ensalada. Te apetece lo primero que pilles, que suele ser algo procesado, rápido y que no requiera pensar.

Y con dormir pasa igual. No puedo irme a dormir a la misma hora dos noches seguidas. Un día a las 11, otro a las 2, otro a las 4. Y cada cambio de hora arrastra el resto del horario del día siguiente. Como fichas de dominó que nunca dejan de caer.

La presión de un mundo con horarios

Y lo peor: el mundo tiene horarios. Tu jefe tiene horarios. Tus amigos tienen horarios. Los restaurantes tienen horarios. Los médicos tienen horarios. Todo funciona con un reloj que tú no puedes seguir.

Y eso genera una presión constante. Una sensación de estar siempre fuera de tiempo. De llegar tarde, de comer raro, de dormir mal, de hacer las cosas cuando no toca.

Si la única rutina que mantienes es no tener ninguna, no eres un desastre. Eres alguien cuyo cerebro no puede funcionar dentro de un molde que no está hecho para él.

Porque por qué te cuesta todo más que a los demás a veces empieza por algo tan simple como no poder comer a la misma hora dos días seguidos. Y si te suena, quizá valga la pena mirar los síntomas del TDAH en adultos y entender por qué.


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