Time blocking con TDAH: la técnica que funciona hasta que tu cerebro la sabotea

El time blocking promete organizar tu día. Con TDAH, tu cerebro lo destroza antes de las 10. Cómo adaptarlo para que funcione de verdad.

Lunes. 8 de la mañana. Abro Google Calendar y me construyo el día perfecto.

De 9 a 10: escribir. De 10 a 11: emails. De 11 a 12: proyecto grande. De 12 a 13: reunión. Almuerzo. De 15 a 17: más proyecto grande. De 17 a 18: tareas pequeñas.

Perfecto. Limpio. Cada hora tiene su dueño. Cada tarea tiene su hueco. Es como un Tetris donde todas las piezas encajan.

A las 9:17 voy a hacer "una búsqueda rápida" en Google. A las 10:45 sigo en esa búsqueda. A las 11 miro el calendario y veo que debería estar con el proyecto grande, pero ni siquiera he terminado de escribir. Y como ya he fallado dos bloques, mi cerebro dice "bueno, el día ya está roto" y me paso la tarde viendo vídeos de tipos restaurando herramientas oxidadas.

Martes. 8 de la mañana. Abro Google Calendar y me construyo el día perfecto.

Otra vez.

¿Por qué el time blocking parece perfecto para el TDAH?

Porque en teoría lo es.

El TDAH te quita la capacidad de decidir qué hacer en cada momento. Tu cerebro se enfrenta a 20 tareas posibles y no sabe cuál elegir, así que no elige ninguna. Es la parálisis de siempre: demasiadas opciones, cero acción.

Y el time blocking soluciona exactamente eso. Externalizas la decisión. Ya no tienes que pensar qué hacer ahora. Solo tienes que mirar el calendario. La decisión ya está tomada. Tu cerebro solo tiene que obedecer.

En teoría.

En la práctica, tu cerebro no obedece. Tu cerebro mira el bloque de "proyecto grande de 11 a 12" y dice "sí, pero no me apetece". Y no hay calendario en el mundo que le pueda obligar a hacer algo que no le apetece. Porque el TDAH no es un problema de organización. Es un problema de regulación. Y puedes organizar tu día perfectamente y seguir sin poder ejecutarlo.

¿Qué falla cuando intentas bloquear tu tiempo?

Todo. Pero sobre todo tres cosas.

La primera: no sabes cuánto tardan las cosas. Si pones "escribir artículo" en un bloque de una hora, probablemente necesitas tres. Pero como tu cerebro tiene una relación creativa con el tiempo, le pones una hora. Y cuando a la hora no has terminado, el bloque se come al siguiente. Y al siguiente. Y de repente tienes un calendario destrozado a las 11 de la mañana. Eso de estimar mal el tiempo no es un accidente. Es una constante.

La segunda: las transiciones. Pasar de una tarea a otra no es un clic. Es un proceso. Tienes que cerrar mentalmente lo que estabas haciendo, cambiar de contexto, abrir lo nuevo, recordar dónde lo dejaste, y motivarte para empezar. Para un cerebro neurotípico eso son dos minutos. Para un cerebro con TDAH eso son veinte. O cuarenta. O toda la mañana, si la tarea anterior era interesante y la siguiente es aburrida. Las transiciones entre tareas con TDAH son el agujero negro donde desaparece tu productividad.

La tercera: los imprevistos. Te llama alguien. Te llega un email urgente. Tu hija necesita algo. El fontanero puede venir "entre las 10 y las 14". Un imprevisto en un calendario rígido es como una piedra en un cristal. No mueve una pieza. Lo rompe todo. Y con TDAH, un día roto es un día perdido. Porque tu cerebro no sabe rearmar un plan sobre la marcha.

¿Entonces el time blocking no funciona con TDAH?

El time blocking clásico no. El que ves en los vídeos de productividad donde cada minuto está asignado y el tipo tiene la disciplina de un monje budista. Ese no.

Pero la idea de base sí funciona. Externalizar la decisión. Tener un plan visible. Saber qué toca sin tener que pensarlo. Eso sigue siendo oro para un cerebro con TDAH. Lo que falla es la rigidez.

Y la solución no es abandonar el time blocking. Es hacerlo mal a propósito.

¿Cómo se adapta el time blocking a un cerebro que no coopera?

Con cinco cambios que parecen pequeños pero lo cambian todo.

Bloques más cortos. Si pones bloques de dos horas, no los vas a cumplir. Tu cerebro se aburre, se distrae, o se agota. Pon bloques de 25 a 45 minutos. Un bloque corto es un compromiso que tu cerebro puede aceptar. "Solo 30 minutos de esto" es mucho más digerible que "dos horas de esto". Y si al acabar el bloque quieres seguir, nadie te lo impide. Pero el compromiso inicial es pequeño.

Buffers entre bloques. No pegues un bloque al siguiente. Deja 10 o 15 minutos entre medias. Para la transición. Para ir al baño. Para mirar el móvil sin culpa. Para que tu cerebro procese el cambio de tarea sin cortocircuitar. Esos huecos no son tiempo perdido. Son el lubricante que hace que todo lo demás funcione.

El bloque de "lo que sea". Esto me salvó. Un bloque de una hora, normalmente después de comer, donde no hay tarea asignada. Es el bloque comodín. Si por la mañana algo tardó más de lo previsto, va ahí. Si no hay nada pendiente, haces lo que te apetezca. La simple existencia de este bloque reduce la ansiedad de "se me ha descolocado todo" porque sabes que hay un hueco donde recolocar.

Menos bloques productivos de los que crees. Si pones ocho horas de bloques productivos, vas a fallar. Siempre. Pon cuatro o cinco bloques de trabajo real y deja el resto para los buffers, el comodín, y cosas que no requieren esfuerzo cognitivo. Tu cerebro con TDAH tiene un tanque de gasolina más pequeño de lo que piensas. Planifica para cuatro horas buenas. Si salen seis, es un bonus.

Flexibilidad visual. Usa colores. Bloque rojo: no negociable. Bloque amarillo: importante pero movible. Bloque verde: si llego, llego. Eso le da a tu cerebro permiso para reorganizar sin sentir que ha fallado. Porque el problema no es mover un bloque. El problema es que tu cerebro interprete "he movido un bloque" como "he fracasado" y tire la toalla.

¿Por qué la flexibilidad importa más que el plan?

Porque las agendas rígidas con TDAH son una receta para el fracaso. No porque seas incapaz. Sino porque un plan rígido convierte cualquier desviación en un error. Y un cerebro con TDAH se desvía. Siempre. Es su naturaleza.

Un plan flexible convierte la desviación en parte del sistema. No es un fallo. Es el diseño. Es como construir un edificio en zona sísmica: no lo haces rígido para que resista. Lo haces flexible para que se mueva sin romperse.

Tu calendario tiene que poder moverse sin romperse. Si un imprevisto a las 10 te destroza las 8 horas restantes del día, el calendario es el problema, no tú.

La regla que lo cambia todo

No planifiques el día perfecto. Planifica el día que puedes cumplir cuando todo sale regular.

No el peor día. No el mejor día. El día normal. Ese en el que te distraes un poco, tardas más de lo previsto, y algo inesperado pasa. Porque ese es el día que va a ocurrir el 80% de las veces.

Si tu plan funciona en un día normal, funciona. Si solo funciona cuando todo sale perfecto, no es un plan. Es una fantasía.

Y tu cerebro ya tiene suficientes fantasías sobre lo productivo que serás mañana. Lo que necesita es un sistema que funcione hoy, con el cerebro que tienes hoy, en el día que realmente vas a tener.

Eso no es conformarse. Es dejar de pelear contra tu propio cerebro y empezar a diseñar alrededor de él.

Esto no es un diagnóstico. Si algo de lo que has leído te suena familiar, habla con un profesional.

Si organizar tu tiempo es una guerra diaria y siempre has pensado que era falta de disciplina, quizá no es eso. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro sabotea hasta los mejores planes.

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