No puedo relajarme: mi cuerpo no sabe lo que es estar en calma
Te sientas a descansar y tu cerebro te grita que deberías estar haciendo algo. Con TDAH, relajarse se siente como un fallo. Y no lo es.
Te sientas a descansar y sientes que deberías estar haciendo algo. Te tumbas en el sofá y tu pierna no para de moverse. Tu cerebro con TDAH no distingue entre descanso y pereza. Y te castiga por intentar parar.
Yo llevo años con esto.
Puedo estar agotado, fundido, con los ojos que se me cierran. Pero en cuanto me siento a no hacer nada, algo dentro de mí se enciende. Una vocecita que dice "¿y ese email que no has contestado?". "¿No ibas a grabar un vídeo?". "Estás perdiendo el tiempo". Como si tuviera un vigilante interno con turno de 24 horas y sin derecho a vacaciones.
El otro día acabé un día largo de currar. Cerré el portátil. Me senté en el sofá. Cogí el mando. Puse una serie.
A los siete minutos estaba mirando el móvil. A los doce estaba respondiendo un mensaje de trabajo. A los quince ya tenía tres pestañas abiertas buscando algo que ni recuerdo.
Descansar duró exactamente siete minutos.
¿Por qué no puedes relajarte si tienes TDAH?
Porque tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y relajarse no da dopamina. Es así de simple y así de injusto.
Cuando haces algo productivo, tu cerebro recibe su dosis. Un email enviado, una tarea tachada, un proyecto avanzado. Minidescargas constantes que le dicen a tu cabeza "bien, estamos haciendo algo". Y tu cerebro se calma un poco. Se siente útil.
Pero cuando paras, la dopamina se corta. Y tu cerebro entra en pánico. No porque haya peligro. No porque seas vago. Sino porque para él, no recibir estímulo es lo mismo que estar en peligro. Es como un motor al ralentí que vibra más que cuando va a toda velocidad.
Entonces hace lo único que sabe hacer: buscar estímulo donde sea.
La pierna que se mueve sola. La mano que coge el móvil sin que le hayas dado la orden. Los pensamientos que saltan de tema en tema como si tu cerebro fuera un mono con acceso a Wikipedia. Todo eso no es nerviosismo. Es tu cerebro buscando dopamina porque el descanso no se la da.
Y lo peor es la capa de culpa que viene encima.
¿Por qué te sientes culpable por descansar?
Porque llevas toda la vida escuchando que el problema eres tú.
"Eres vago." "Si quisieras, podrías." "Todo el mundo se relaja menos tú, algo estarás haciendo mal."
Y lo has internalizado tan profundo que ya no necesitas que nadie te lo diga. Te lo dices tú solo. Cada vez que te sientas a no hacer nada, la voz interior aparece. Y no es una voz amable. Es un jefe de planta un domingo por la mañana diciéndote que muevas cajas.
El resultado es que el descanso deja de ser descanso. Se convierte en una batalla. Estás tumbado pero tenso. Estás quieto pero tu cabeza va a doscientos. Tu cerebro no tiene botón de apagar, ni de día ni de noche.
Y entonces decides que si vas a sentirte culpable igualmente, mejor hacer algo. Así al menos la culpa tiene sentido.
Y vuelves a currar. O a limpiar. O a organizar algo que no necesitaba organizarse. Cualquier cosa menos estar quieto.
¿Es hiperactividad o es otra cosa?
Un poco de las dos.
La hiperactividad del TDAH en adultos no siempre es correr por la casa o dar saltos. A veces es esa inquietud interna. Esa sensación de que algo vibra dentro de ti y no puedes apagarlo. Como si tuvieras un motor encendido en el pecho las 24 horas.
Pero también hay un componente aprendido. Años de compensar. Años de intentar demostrar que no eres vago, que sí puedes, que vales. Y tu cerebro ha aprendido que la única forma de sentirse seguro es hacer cosas. Todo el rato. Sin parar.
Entonces los hábitos de salud se abandonan. Dejas de dormir bien. Dejas de moverte por placer. El autocuidado se convierte en otra tarea más de la lista que nunca terminas.
Y cuando alguien te dice "tienes que aprender a relajarte", tú piensas: ya, claro, como si fuera tan fácil. Como si no llevara años intentándolo. Como si pudiera darle a un botón y desconectar el ruido.
¿Qué puedes hacer con esto?
No te voy a decir que medites. Ni que hagas yoga. Ni que te prepares una infusión de manzanilla y escuches sonidos de la naturaleza. Si eso te funciona, perfecto. Pero a mí me funciona tanto como ponerle tiritas a una tubería rota.
Lo que sí me ha funcionado es dejar de intentar relajarme al estilo "tradicional".
Mi cerebro no sabe estar quieto. Vale. Acepto la realidad. Entonces el descanso no puede ser "no hacer nada". El descanso tiene que ser "hacer algo que no sea trabajo pero que le dé a mi cerebro lo que necesita".
Videojuegos. Caminar sin rumbo con auriculares. Cocinar algo nuevo. Dibujar garabatos mientras veo una serie. Descanso productivo, lo llaman algunos. Yo lo llamo "engañar al cerebro para que se calle".
Porque si le das un estímulo que no sea trabajo, se relaja. No del todo. Pero lo suficiente para que el cuerpo baje un par de marchas.
La clave no es parar. La clave es cambiar de marcha.
No eres una máquina que funciona mal
Si estás leyendo esto y te reconoces, necesito que sepas una cosa: no estás roto. Tu cuerpo no está defectuoso. Tu cerebro funciona diferente, y nadie te dio el manual que necesitabas.
No poder relajarte no significa que seas débil, ni ansioso, ni que estés fallando en algo básico que "todo el mundo sabe hacer". Significa que tu cerebro tiene un sistema de recompensa distinto. Y que el mundo está diseñado para cerebros que funcionan de otra manera.
No es excusa. Es contexto. Y con el contexto correcto, empiezas a buscar soluciones que de verdad encajan contigo.
---
Si te has visto reflejado en esto y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre tu cabeza que un artículo de Google. 10 minutos, gratis, y sin email obligatorio.
Sigue leyendo
Listas que funcionan con TDAH: por qué las tuyas no sirven y cómo arreglarlo
Tienes 14 listas en 7 sitios distintos y sigues sin hacer nada. El problema no eres tú. Es cómo haces las listas. Listas TDAH que funcionan.
Descansar de verdad con TDAH: por qué no sabes parar y cómo aprenderlo
Te sientas a descansar y tu cerebro te grita que hagas algo. Con TDAH, parar no es fácil. Pero se puede aprender.
Deportistas con TDAH que dominaron su deporte
23 oros olímpicos, 37 medallas mundiales, 4 Super Bowls. Lo que parecía un problema resultó ser el motor que los hizo leyendas.
Leer el mensaje, pensar la respuesta perfecta y no contestar nunca
Leíste el mensaje hace tres días. Pensaste qué decir. Y nunca contestaste. No contestar mensajes con TDAH no es dejadez, es tu cerebro.