No puedo ir a comprar sin una lista y aun así me dejo cosas
Haces la lista. Vas al súper. Vuelves a casa. Miras la bolsa. Faltan tres cosas de la lista. Que tenías en la mano. Tu cerebro te ha traicionado.
Fui al supermercado ayer. Con lista. Con la lista escrita en el móvil, bien organizada. Leche, huevos, tomates, papel higiénico, jabón, arroz, pollo.
Volví a casa. Saqué las bolsas. Leche, tomates, arroz. Y un paquete de galletas que no estaba en la lista, una salsa picante que nunca he comprado en mi vida y algo llamado "hummus de remolacha" que compré porque el envase era bonito.
¿Y los huevos? No. ¿El papel higiénico? No. ¿El jabón? No. ¿El pollo? No.
Tenía la lista. La miré al entrar. Y aun así se me olvidaron cuatro de siete cosas. A cambio, traje tres cosas que nadie ha pedido jamás.
Esto me pasa cada vez que voy al supermercado. Cada. Vez. Es como si mi cerebro entrara en el súper con un plan y saliera con otro completamente distinto. Como si la versión de mí que hizo la lista y la versión de mí que compra fueran dos personas diferentes que no se hablan.
¿Por qué fallo con la lista si la tengo delante?
Porque mi cerebro en un supermercado es como un niño de cinco años en una tienda de juguetes. Todo le llama la atención. Todo activa la curiosidad. Todo es más interesante que mirar la puñetera lista.
Entro con un plan. Voy a la sección de lácteos. Cojo la leche. Y de camino a los huevos paso por la sección de salsas y pienso "oh, salsa picante, hace tiempo que no compro". Y la cojo. Y sigo andando. Y paso por los snacks y "hummus de remolacha, nunca lo he probado". Y lo cojo.
Y en algún momento mi cerebro ha dejado de seguir la lista y ha entrado en modo exploración. Es como si la lista fuera un GPS y mi cerebro decidiera que es más divertido conducir sin rumbo a ver qué encuentra.
El problema es que cada pasillo es un estímulo nuevo. Y mi cerebro procesa los estímulos nuevos con una intensidad que elimina todo lo demás de la memoria de trabajo. Así que cuando veo la salsa picante, los huevos desaparecen temporalmente de mi cabeza. Y cuando veo el hummus, la salsa picante ya ni me acuerdo de que la he cogido.
Es como tener una mesa diminuta donde solo caben dos cosas. Cada vez que pones algo nuevo, se cae algo que ya estaba. Y al final llegas a la caja con un carro lleno de cosas que no necesitas y sin las que sí.
¿No puedes simplemente mirar la lista mientras compras?
Sí. Puedo. Y lo intento. Pero pasa esto: miro la lista. Leo "huevos". Me dirijo a los huevos. Paso por delante de algo que me llama la atención. Lo miro. Lo cojo. Sigo andando. Cinco minutos después pienso "¿a qué iba?". Miro la lista otra vez. Leo "papel higiénico". Voy al papel higiénico. Y los huevos siguen sin estar en el carro.
Es como jugar a un videojuego con misión principal y misiones secundarias. Mi cerebro dice "misión principal: comprar huevos". Pero por el camino aparece una misión secundaria brillante y atractiva y mi cerebro dice "bueno, un momentito" y tres misiones secundarias después ya no me acuerdo de la principal.
El problema no es la lista. El problema es que mi cerebro no puede mantener la lista activa mientras está procesando el bombardeo sensorial de un supermercado. Luces, colores, ofertas, gente, música, productos nuevos. Es demasiada información simultánea para un cerebro que ya de normal tiene problemas para filtrar.
Y lo peor es la sección de ofertas. Esa sección al fondo del super con carteles de neón gritando "3x2". Entrar ahí con mi cerebro es como entrar en un casino. Salgo con quince cosas que no necesitaba y sin las tres que sí.
He llegado a casa con dos botes de pepinillos idénticos porque no me acordaba de que ya había cogido el primero. Dos. Botes. De pepinillos. Que ni siquiera estaban en la lista.
Mi novia ya no me deja ir solo. O si voy solo, me dice "no compres nada que no esté en la lista". Y yo asiento muy convencido. "Claro, solo lo de la lista." Y vuelvo con lo de la lista... más un chorizo ibérico, unas patatas de bolsa y un bote de encurtidos. Porque estaban ahí. Y mi cerebro les ha dicho que sí sin consultarme.
¿Qué trucos uso para que la compra no sea un desastre?
He desarrollado un sistema entero. Y es ridículo que necesite un sistema para algo que la mayoría de la gente hace sin pensar, pero es lo que hay.
Primero: la lista organizada por zonas del supermercado. No por lo que necesito, sino por dónde está en la tienda. Así voy en orden, sin dar vueltas, y es más difícil que se me olvide algo porque cada pasillo tiene sus ítems asignados.
Segundo: voy tachando en tiempo real. Cada vez que meto algo en el carro, lo tacho de la lista en ese momento. No después. No "luego lo tacho todo junto". En el momento. Porque si espero, se me olvida qué he cogido y qué no.
Tercero: antes de ir a la caja, repaso la lista entera. Leo cada ítem y compruebo que está en el carro. Esto me añade dos minutos a la compra pero me ahorra un segundo viaje al supermercado el ochenta por ciento de las veces.
Cuarto: compra online. En serio. Desde que puedo hacer la compra por internet y que me la traigan a casa, el problema se ha reducido un noventa por ciento. Sin estímulos. Sin pasillos. Sin ofertas de neón. Solo yo, mi lista y un buscador. Es como comprar en modo fácil.
Y quinto: nunca voy al supermercado con hambre. Si voy con hambre, mi cerebro se vuelve completamente irracional y vuelvo a casa con tres tipos de queso, galletas, chocolate y ninguna verdura. Es como mandar a un lobo a cuidar las ovejas. No va a acabar bien.
Y sexto: los cascos. Me pongo cascos con música o un podcast. Así mi cerebro tiene un estímulo constante que lo mantiene ocupado y hay menos atención disponible para distraerse con cada producto nuevo que ve. Paradójicamente, añadir un estímulo me ayuda a distraerme menos.
Si cada vez que intentas un hábito nuevo fallas, si no puedes seguir una lista que tú mismo has escrito, si tu rutina matutina no dura ni dos días, puede que tu cerebro tenga un problema con la memoria de trabajo. Con mantener información activa mientras procesa estímulos nuevos. Y eso tiene un nombre. Y saber ese nombre no te va a hacer mejor en el supermercado de la noche a la mañana, pero te va a ayudar a entender por qué todo te cuesta más y a dejar de pensar que eres idiota por olvidar el papel higiénico.
---
Si no puedes ir al súper sin olvidarte la mitad de la lista, puede que tu memoria de trabajo funcione diferente. Tengo un test de 43 preguntas. Gratis, 5 minutos. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Tengo miedo de que me despidan por no rendir y eso me bloquea más
Sientes que no rindes lo suficiente y el miedo al despido te paraliza. Cuanto más miedo tienes, peor rindes. Y el bucle no para.
Trabajo mejor de noche pero el mundo funciona de día
A las 11 de la noche tu cerebro se enciende. A las 9 de la mañana estás muerto. Y el mundo no te espera. Hay una razón detrás de esto.
Pierdo el hilo de las conversaciones aunque quiero escuchar
Tu amigo lleva 5 minutos hablando y tú llevas 4 pensando en otra cosa. No es falta de interés. Es que tu cerebro funciona con otras reglas.
Los libros de hábitos que compro y nunca acabo de aplicar
Atomic Habits, El poder de los hábitos, Mini hábitos. Los has leído todos y sigues sin poder mantener ninguno.