No me acuerdo de lo que he estudiado aunque pasé horas con ello

Estudias 4 horas, cierras el libro y no recuerdas nada. Si tu cerebro borra lo que estudias, esto te va a sonar demasiado familiar.

Estudié cuatro horas para un examen. Cuatro horas seguidas. Con el libro abierto, los apuntes delante, el rotulador subrayando. Cuatro horas que deberían haberme dejado preparado.

Al día siguiente, delante del examen, miré la primera pregunta y mi cerebro estaba en blanco. En blanco total. Como si no hubiera abierto el libro en mi vida. Como si las cuatro horas no hubieran existido.

Y no era la primera vez. Ni la segunda. Era el patrón de toda mi vida académica. Estudiar durante horas y no retener nada. Leer un párrafo y al llegar al final no recordar qué decía el principio. Subrayar tres páginas y al cerrar el libro no saber qué había subrayado.

Me decían que no estudiaba lo suficiente. Que no me esforzaba. Que si hubiera estudiado "de verdad", me acordaría. Pero yo había estudiado. De verdad. Las horas estaban ahí. El esfuerzo estaba ahí. Lo que no estaba era el resultado.

¿Por qué estudias durante horas y no retienes nada?

Porque hay una diferencia entre estar delante del libro y aprender.

Tu cerebro necesita ciertas condiciones para mover la información de la memoria a corto plazo - donde dura minutos - a la memoria a largo plazo - donde dura para siempre. Y esas condiciones incluyen atención sostenida, repetición espaciada y conexión emocional con el material.

Si mientras estudias tu cabeza está en siete sitios a la vez - pensando en la cena, en un mensaje que no has contestado, en ese vídeo que viste ayer, en una idea aleatoria que te acaba de venir - entonces la información no pasa del mostrador de entrada. Se queda ahí unos minutos y se evapora.

Es como intentar llenar un cubo con agujeros. Puedes echar agua durante horas. El esfuerzo está ahí. Pero si el cubo tiene agujeros, el agua se pierde. Y tú acabas agotado y con el cubo vacío.

¿Te han dicho alguna vez "es que no estudias lo suficiente"?

Lo he oído toda mi vida. De profesores, de familiares, de compañeros de clase que se sentaban a mi lado y veían que "no hacía nada". Pero yo sí hacía. Hacía mucho. Lo que pasa es que lo que hacía no se traducía en resultados.

Estaba en la biblioteca. Con el libro abierto. Cuatro horas. Eso es hacer. Pero durante esas cuatro horas, mi mente se iba cada dos minutos a otro sitio. A la conversación del grupo de al lado. A una idea que me acababa de venir. A una preocupación sobre algo que no tenía nada que ver. Y cada vez que mi mente se iba, perdía el hilo. Y cada vez que perdía el hilo, tenía que volver atrás.

Cuatro horas en la biblioteca eran, en realidad, cuarenta minutos de estudio efectivo repartidos en ráfagas de tres minutos. El resto era mi cerebro viajando por el universo mientras mis ojos fingían leer.

Y luego alguien venía y decía "es que no estudias lo suficiente". Y yo no sabía cómo explicar que había estado cuatro horas pero que mis cuatro horas no valían lo mismo que las suyas.

La tortura de leer la misma página tres veces

Hay algo muy concreto que me pasaba y que sé que te va a sonar. Leía un párrafo. Llegaba al final. No tenía ni idea de lo que acababa de leer. Lo leía otra vez. Llegaba al final. Seguía sin saber. Lo leía una tercera vez. Esta vez me concentraba. Leía cada palabra. Llegaba al final. Y solo había retenido la última frase.

Esto no es ser tonto. Esto es un cerebro que no puede sostener la atención en algo que no le genera estimulación. Y los apuntes de Derecho Procesal no generan exactamente lo que uno llamaría estimulación.

Lo frustrante es que hay cosas que sí retienes. Si alguien te cuenta algo interesante, te acuerdas durante semanas. Si ves un documental sobre un tema que te mola, recuerdas datos tres años después. Si lees un artículo que te engancha, puedes recitar párrafos.

Es selectivo. No eres tú quien elige. Es tu cerebro quien decide qué merece la pena guardar y qué no. Y los apuntes de la oposición no suelen pasar el filtro.

¿Eso quiere decir que soy idiota?

No.

Y necesito que lo leas otra vez. No.

Hay gente muy inteligente que no puede retener información académica. Hay gente brillante que suspende exámenes. Hay gente capaz de montar un negocio desde cero que no puede memorizar una lista de fechas históricas.

La inteligencia y la memoria de trabajo son cosas diferentes. Puedes tener una mente que conecta ideas, que crea, que resuelve problemas complejos, y al mismo tiempo tener una memoria de trabajo que se borra cuando entras en otra habitación.

Lo que pasa es que el sistema educativo mide la memoria, no la inteligencia. Y si tu memoria falla, el sistema te dice que eres un vago o un incapaz. Y te lo acabas creyendo.

Si esto te suena - si has pasado años pensando que no eres lo suficientemente listo para estudiar cuando en realidad el problema es cómo retiene la información tu cerebro - hablar con un profesional puede cambiarte la perspectiva. No para que te dé una excusa. Para que te dé una explicación.

Lo que me hubiera gustado saber antes

Que la forma en la que yo estudiaba no funcionaba para mi cerebro. Leer y subrayar no funciona para todos. Sentarse cuatro horas seguidas no funciona para todos. El estudio pasivo - leer, releer, subrayar - es el peor método posible para un cerebro que tiene dificultades con la atención sostenida.

Lo que sí me funciona:

Estudiar en bloques de 20 minutos con descansos. No cuatro horas seguidas. Veinte minutos. Descanso. Veinte minutos. Descanso. Mi cerebro puede hacer 20 minutos de cualquier cosa. Cuatro horas de nada.

Hablar en voz alta. Leer el material y luego explicárselo a alguien, aunque sea a la pared. Porque cuando tengo que explicar algo, mi cerebro se activa de una forma que no se activa solo leyendo.

Y conectar con algo que me importe. Buscarle la relevancia personal. "¿Por qué me importa esto? ¿En qué me afecta?" Si encuentro la conexión, mi cerebro lo guarda. Si no la encuentro, se evapora como el recuerdo de lo que comí ayer.

No es que seas tonto. Es que el sistema no está diseñado para ti.

El sistema educativo está diseñado para cerebros que pueden sentarse, leer, memorizar y reproducir. Si tu cerebro funciona así, genial. El sistema te premia, te valida, te dice que eres inteligente.

Si tu cerebro no funciona así - si necesita movimiento, estimulación, conexión emocional, variedad - el sistema te castiga. Te dice que eres vago. Que no te esfuerzas. Que si quisieras, podrías.

Y tú te lo crees. Durante años. Hasta que un día alguien te explica que hay una razón por la que estudiar siempre fue más difícil para ti. Que todo te cuesta más que a los demás no porque seas menos, sino porque tu cerebro funciona diferente. Y "diferente" no es sinónimo de "peor".

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