El networking forzado se huele a kilómetros

Hay una diferencia enorme entre hacer networking y simular que lo haces. El segundo no funciona y además es agotador. Aprende a distinguirlos.

Estás en un evento de networking. Tienes una pegatina con tu nombre en el pecho. En la mano, una copa de vino que no te has bebido porque estás demasiado pendiente de parecer accesible. Sonríes. Dices "estoy en el mundo digital, ayudo a emprendedores a escalar". La otra persona asiente. Tú asientes. Los dos sabéis que esto no va a ningún sitio.

Eso es networking forzado. Y no funciona. Nunca ha funcionado.

El problema no es el evento. El problema es que estás ahí por obligación, con una agenda escondida, esperando que alguien te solucione la vida antes de que se acabe el canapé. Y la gente lo detecta. No conscientemente, pero lo detecta.

¿Por qué el networking forzado es peor que no hacer networking?

Porque consume una energía brutal para dar cero resultado.

Si tienes TDAH, los eventos sociales ya te cuestan el doble que al resto. Tu cerebro trabaja a trescientas revoluciones procesando entradas sensoriales, conversaciones cruzadas, caras nuevas, nombres que olvidarás en diez segundos. Sales de un evento de networking con la misma energía que si hubieras corrido una media maratón. Y sin un solo contacto útil.

El networking forzado añade una capa extra de esfuerzo encima de ese agotamiento. Porque no solo tienes que gestionar el caos sensorial, tienes que sostener una máscara. Tienes que ser la versión de ti mismo que crees que la gente quiere ver. El que tiene todo claro, el que escala, el que factura bien.

Es agotador. Y vacío. Y lo peor es que lo sabes mientras lo estás haciendo.

Tres semanas después del evento, el contacto que conseguiste no ha contestado tu email. Lo cual, si lo piensas bien, era perfectamente predecible desde el primer apretón de manos.

¿Qué tiene el networking genuino que el forzado no puede imitar?

No hay truco. El networking genuino ocurre cuando no estás intentando hacer networking.

Ocurre cuando llevas meses publicando contenido sobre lo que te importa y alguien te escribe porque conectó con algo que dijiste. Ocurre cuando ayudas a alguien sin esperar nada y seis meses después esa persona te presenta a un cliente. Ocurre en conversaciones de Twitter a las dos de la mañana sobre un problema que ninguno de los dos sabéis cómo resolver.

No tiene fecha ni pegatina ni tarjeta de visita.

Como apunta emprender con TDAH, la consistencia a largo plazo genera más oportunidades que cualquier estrategia de networking activo. Porque la gente se acuerda de los que aparecen siempre, no de los que aparecieron una vez en un evento y desaparecieron.

El networking genuino es un subproducto. No el objetivo. En el momento en que se convierte en el objetivo, se corrompe.

¿Cómo hace networking alguien con TDAH sin volverse loco?

Olvidando lo que se supone que es el networking.

No events. No tarjetas. No LinkedIn automático con mensaje de copia-pega que todos reconocen.

Lo que funciona para un cerebro así es la intensidad corta. Una conversación real con una persona, no veinte conversaciones vacías con veinte personas. Un café con alguien que te parece interesante, sin agenda previa, sin objetivo de extracción. Un comentario genuino en el post de alguien que te ha hecho pensar.

Poco. Pero de verdad.

Y aceptar que habrá temporadas en las que no harás networking y eso no acabará con tu negocio. La soledad del emprendedor no se resuelve con más eventos. Se resuelve con mejores conversaciones. Y eso es muy distinto.

El networking forzado es un ritual social diseñado por gente que no tiene nada mejor que hacer. Tú tienes cosas mejores que hacer. Úsalo.

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