Necesito reinventarme cada cierto tiempo o me apago
No aguantas la monotonía. Necesitas cambios constantes. Y los demás piensan que eres inestable.
Cada pocos meses necesito cambiarlo todo. La forma de trabajar. La organización del escritorio. El horario. Las apps. El tipo de proyectos. A veces incluso la decoración de la habitación. Si las cosas se quedan igual demasiado tiempo, siento que me ahogo.
Y lo gracioso es que no es un capricho. Es una necesidad. Si no cambio algo, me apago. Literalmente. Dejo de tener energía, dejo de tener ganas, dejo de funcionar. Es como si mi cerebro necesitara reiniciarse cada cierto tiempo para seguir adelante.
La gente lo ve y piensa "este tío no se aclara". O "es que nunca estás contento con nada". Y a lo mejor tienen razón en que no me aclaro. Pero lo que no entienden es que aclararme sería lo peor que me podría pasar. Porque el día que me aclare y me quede quieto es el día que me muero por dentro.
¿Por qué no puedo simplemente mantener las cosas como están?
Porque la estabilidad, para ciertos cerebros, no es paz. Es asfixia.
A ver, suena dramático. Pero piénsalo así. La mayoría de la gente encuentra confort en la rutina. Saben qué va a pasar cada día y eso les da seguridad. Pero hay cerebros que funcionan al revés. Que necesitan no saber qué va a pasar. Que necesitan sorpresa, variedad, novedad constante. Y cuando no la tienen, se apagan.
Es como un motor que necesita gasolina premium. Si le echas normal, funciona, pero a medio gas. Y si le echas diésel, se gripa. La novedad es tu gasolina premium. Sin ella, tu motor funciona a medio gas. Y la monotonía es el diésel que te gripia por dentro.
No estoy diciendo que no puedas tener estructura. Estoy diciendo que tu estructura necesita espacio para el cambio. Si no, te conviertes en un coleccionista de comienzos no porque quieras, sino porque tu cerebro te obliga a buscar el siguiente estímulo nuevo.
¿Es inestabilidad o es cómo funciono?
Esta es la pregunta que me cambió la perspectiva. Porque durante años pensé que era inestable. Que algo estaba mal conmigo. Que la gente normal podía quedarse en un sitio, en un trabajo, en un sistema, durante años. Y yo no podía ni quedarme en la misma app de notas tres meses seguidos.
Pero luego empecé a ver un patrón. Cada vez que me reinventaba, mejoraba. No era un reset. Era una evolución. La nueva versión siempre era mejor que la anterior. Más eficiente. Más adaptada. Más honesta con cómo funciono realmente.
El problema no es reinventarse. El problema es pensar que reinventarse es un defecto.
Los demás ven inconsistencia. Yo veo iteración. Como el software que se actualiza cada pocas semanas. No es que el software esté roto. Es que está mejorando. Y si dejas de actualizar, ahí sí que se rompe.
¿Y cómo convives con esa necesidad sin destruirlo todo?
No te voy a engañar. A veces destruyo cosas. A veces tiro todo el sistema y empiezo de cero cuando solo había que ajustar una cosa. Es el riesgo de tener un cerebro que quiere novedad constante.
Pero lo que he aprendido es a canalizar esa necesidad. En vez de reinventar mi vida entera cada tres meses, reinvento partes pequeñas. Cambio el orden de mis tareas. Trabajo en un café distinto. Uso una herramienta nueva para algo que ya hacía. Le doy a mi cerebro la novedad que necesita sin demoler lo que ya funciona.
Es como cambiar de app de productividad cada mes, pero con conciencia. Sabes que lo haces porque necesitas la novedad, no porque la app anterior sea mala. Y cuando lo sabes, puedes elegir qué cambiar y qué mantener.
Si necesitas reinventarte para funcionar, no eres inestable. Eres un cerebro que necesita estimulación constante para seguir vivo. Y eso, con las herramientas adecuadas, es una ventaja. No un defecto.
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Si te identificas con esta necesidad constante de cambio, quizá tu cerebro funciona diferente a lo que te han contado. Tengo un test de 43 preguntas que te puede dar mucha claridad. Hacer el test TDAH.
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