Necesito aprobación constante para saber que lo hago bien

Si nadie te dice que lo has hecho bien, asumes que lo has hecho mal. Esa necesidad de validación constante tiene más fondo del que crees.

Envío un mensaje importante. Un email, una propuesta, un trabajo terminado. Y a los 15 minutos sin respuesta ya estoy pensando que es una basura.

No es que quiera un aplauso. Bueno, un poco sí. Pero lo que de verdad necesito es saber que no la he cagado. Que lo que he hecho está bien. Que no me van a decir que es un desastre.

Y hasta que alguien me lo confirma, vivo en un estado de tensión absurdo. Revisando el email enviado una y otra vez. Buscando errores. Releyendo cada frase pensando "esto suena raro". Mirando si me ha llegado respuesta cada 45 segundos.

Sí. Cada 45 segundos. Lo he cronometrado y todo.

¿Por qué necesito que me digan que lo hago bien?

Porque mi cerebro, por defecto, asume que lo he hecho mal.

No es inseguridad. Bueno, es inseguridad, pero no la inseguridad de "no creo en mí". Es la inseguridad de "he fallado tantas veces sin saber por qué que ya no confío en mi propio juicio".

Imagínate que cada vez que conduces, a veces el coche gira bien y a veces gira al revés de lo que esperas. No siempre. A veces. De forma aleatoria. Después de un tiempo, ¿confiarías en tu capacidad de conducir? Probablemente no. Probablemente necesitarías que alguien fuera a tu lado diciéndote "vas bien, vas bien, vas bien" en cada curva.

Pues es exactamente eso.

Cuando llevas años haciendo cosas bien a veces y cagándola otras sin entender el patrón, dejas de fiarte de ti. Porque no sabes cuándo va a salir bien y cuándo va a salir mal. Y como no puedes predecirlo, necesitas que alguien externo te lo valide.

El bucle de la validación

Y aquí viene el problema gordo.

Cuando alguien te dice "buen trabajo", te sientes bien. Pero dura 20 minutos. Media hora si es un elogio muy bueno. Y después vuelves al estado base: "¿Seguro que estaba bien? ¿Y si lo dijo por compromiso? ¿Y si la próxima vez no es tan bueno?"

Es como un teléfono con la batería rota que se descarga en una hora. Lo cargas, funciona un rato, y vuelta a enchufarlo. El problema no es que no recibas carga. El problema es que no la retienes.

Y con el tiempo eso te convierte en alguien que busca aprobación constantemente. No porque seas débil. Sino porque tu sistema de autoevaluación no funciona. Necesitas feedback externo porque el interno está averiado.

Yo he sido el tío que manda un trabajo y a las dos horas pregunta "¿lo has visto?". El que interpreta un "ok" como "es una mierda pero no quiero decírtelo". El que necesita que le digan tres veces que algo está bien para creérselo una.

Y no, no es por falta de confianza. Es porque una crítica me hunde el día entero y eso ha creado un sistema donde evitar la crítica se convierte en la prioridad número uno. Y la mejor forma de evitar la crítica es asegurarte antes de que no vas a recibirla.

¿De dónde viene esto?

De un sitio más profundo de lo que parece.

Si creciste escuchando más lo que hacías mal que lo que hacías bien, tu cerebro aprendió que el silencio es peligro. Que si nadie dice nada, probablemente has fallado. Y que la única forma de saber que estás a salvo es que alguien, explícitamente, te diga que no.

Pero no es solo eso. Hay cerebros que no generan bien la señal interna de "lo he hecho bien". No la producen o no la retienen. Y cuando esa señal falta, la buscas fuera. No por capricho. Por supervivencia emocional.

La gente que llora por cosas que no deberían importar muchas veces está reaccionando a esta misma falta de regulación interna. Tu cerebro no sabe calibrar si algo es grave o no, así que reacciona a todo con la misma intensidad.

¿Se puede dejar de necesitar aprobación?

A ver, te voy a ser honesto. Del todo, no. Al menos yo no lo he conseguido.

Pero lo que sí se puede hacer es entender por qué la necesitas. Y cuando entiendes el mecanismo, dejas de culparte por tenerlo. Que ya es bastante.

Porque la narrativa de "debería ser más seguro de mí mismo" es una trampa. Asume que tienes las herramientas para ser seguro y simplemente no las usas. Y no es así. Es como pedirle a alguien miope que vea el cartel del fondo sin gafas. El problema no es que no mire. Es que no puede ver.

Resulta que esto de la necesidad constante de validación, junto con la sensibilidad al rechazo, la frustración desproporcionada y la desregulación emocional, forman un patrón. Un patrón que tiene nombre, tiene investigación detrás, y tiene explicación neurológica.

Y entender ese patrón no te quita la necesidad de aprobación de golpe. Pero te permite dejar de machacarte por tenerla. Que, después de años haciéndolo, es un alivio bastante grande.

Esto no es un diagnóstico. Si te identificas con lo que lees aquí, un profesional puede ayudarte a entender qué pasa de verdad.

Si llevas toda la vida buscando aprobación y no sabes por qué tu cabeza funciona así, quizá es momento de mirar más a fondo. Hice un test de 43 preguntas que te puede dar una primera pista. Diez minutos. Gratis. Sin compromiso. Hazlo aquí.

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