"No me entiende nadie": cuando intentas explicar el TDAH y te miran raro

Intentas explicar tu TDAH y la gente te mira como si te lo inventaras. Por qué nadie lo entiende y por qué no es culpa tuya.

He intentado explicar el TDAH en una cena. No lo recomiendo.

Dices "es que mi cerebro funciona diferente" y te miran como si acabaras de decir que la Tierra es plana. Alguien suelta una risita. Otro dice "anda ya, eso nos pasa a todos". Y tú te quedas ahí, con la copa en la mano, pensando por qué coño te has molestado en abrir la boca.

Porque explicar el TDAH a alguien que no lo tiene es como explicar el color rojo a alguien que nunca lo ha visto. Puedes usar todas las palabras del diccionario. Puedes poner ejemplos. Puedes hacer dibujitos en la servilleta. Pero al final, si no lo viven, no lo entienden.

Y no es que sean mala gente. Es que no pueden.

¿Por qué nadie entiende lo que te pasa?

Porque el TDAH es invisible.

No hay muletas. No hay vendas. No hay nada que la gente pueda mirar y decir "ah, vale, está enfermo". Lo que ven es a una persona que llega tarde, que se despista, que no acaba lo que empieza, que dice que va a llamar y no llama, que se olvida del cumpleaños de su madre, que tiene la casa patas arriba.

Y todo eso, desde fuera, tiene un nombre mucho más sencillo: dejadez.

Es más fácil pensar que eres vago que aceptar que tu cerebro tiene un problema con la dopamina que ni los neurólogos acaban de pillar del todo. Es más cómodo para ellos. No tienen que cambiar nada. No tienen que hacer ningún esfuerzo por entender. Solo te ponen la etiqueta de "desastre" y siguen con su vida.

Y tú te la comes. Porque a lo mejor ellos tienen razón. A lo mejor sí eres vago. A lo mejor te lo estás inventando.

No. No te lo estás inventando.

La frase que más daño hace

"Es que a mí también me pasa."

La has oído mil veces. Se la has oído a tu pareja. A tus padres. A tu mejor amigo. A tu jefe. A ese compañero de trabajo que pierde un bolígrafo una vez al mes y ya se cree experto en distracción.

"Yo también me despisto." "Yo también procrastino a veces." "A mí también me cuesta concentrarme un lunes."

Y sí. Todo el mundo se despista. Todo el mundo procrastina. Todo el mundo tiene lunes malos. Pero no todo el mundo pierde tres horas porque se puso a buscar un documento y acabó leyendo sobre la migración de las ballenas jorobadas. No todo el mundo cancela planes con amigos porque la idea de vestirse, coger el metro y mantener una conversación le parece un Ironman. No todo el mundo llora en el coche de vuelta a casa porque ha vuelto a meter la pata en algo que no debería ser tan difícil.

Cuando dicen "a mí también me pasa", lo que oyes es: lo tuyo no es real. Lo tuyo no es especial. Lo tuyo es normal y estás exagerando.

Y duele. Duele la hostia. Porque ya te lo dices tú solo todos los días. No necesitas que alguien más lo confirme.

¿Y la familia?

La familia es otro capítulo.

Porque con los amigos puedes elegir. Puedes filtrar. Puedes dejar de intentar explicar y simplemente estar. Pero con la familia no tienes esa opción. La familia está ahí. En Navidades, en cumpleaños, en comidas de domingo.

Y la familia tiene memoria. Se acuerdan de cuando eras pequeño y perdías los deberes. De cuando tu madre tenía que repetirte las cosas cinco veces. De cuando tu padre decía "este niño vive en su mundo". Y ahora que tienes un nombre para eso, que tienes un diagnóstico, no encaja con la historia que llevan contando treinta años.

Aceptar que tienes TDAH significa aceptar que no eras vago. Que no eras despistado por elección. Que esas broncas, esos castigos, esas frases de "es que no te esfuerzas lo suficiente" estaban equivocadas. Y eso es muy difícil de tragar para alguien que te las dijo con buena intención.

No es que tu familia no quiera entenderte. Es que entenderte implica replantear cosas que duelen. Y la mayoría de la gente elige no hacerlo.

¿Merece la pena seguir intentándolo?

Depende.

Hay personas con las que no merece la pena. El cuñado que dice "TDAH, eso no existía antes" mientras se sirve más paella. El compañero de trabajo que te suelta "es que tienes que organizarte mejor" como si no llevaras 15 aplicaciones de productividad en el móvil. El conocido de turno que vio un vídeo en TikTok y ahora cree que sabe más que tu psiquiatra.

Con esos, no gastes energía. En serio. Tienes la misma que tiene todo el mundo pero tu cerebro ya te gasta la mitad antes de desayunar. No te sobra para evangelizar.

Pero hay personas con las que sí merece la pena. Las que preguntan de verdad. Las que dicen "no lo entiendo pero quiero entenderlo". Las que no comparan. Las que no minimizan. Las que simplemente se quedan y escuchan.

Esas personas existen. Son pocas. Pero existen.

Y con esas, no intentes explicar el TDAH con definiciones médicas. Ni con artículos de Wikipedia. Ni con la lista de síntomas del DSM-5. Eso no conecta.

Cuenta lo que se siente.

Cuenta que llegas al supermercado con una lista de 4 cosas y sales con 7 pero sin las 4. Cuenta que empiezas a hablar y a mitad de frase olvidas lo que ibas a decir y la gente se queda esperando. Cuenta que hay días en los que abrir un email te cuesta la misma energía que a otros les cuesta correr 5 kilómetros. Cuenta las noches dando vueltas en la cama con el cerebro a mil por hora sin poder apagarlo.

Eso lo entiende cualquiera. Porque no es terminología. Es vida.

No estás solo aunque lo parezca

Lo peor de que nadie te entienda no es la frustración. Es la soledad.

Porque cuando te pasas la vida explicándote y nadie lo pilla, empiezas a pensar que eres el problema. Que eres el raro. Que hay algo mal en ti que va más allá del TDAH. Y te cierras. Dejas de intentar. Dejas de hablar de ello. Y te quedas sintiéndote diferente sin saber si eso tiene arreglo.

Tiene arreglo.

No porque la gente vaya a cambiar de la noche a la mañana. No porque mañana tu padre vaya a decir "oye, ya lo entiendo todo". Sino porque en algún momento dejas de necesitar que todo el mundo lo entienda.

Necesitas que lo entienda tu gente. Tu círculo pequeño. Las 3, 4, 5 personas que importan. El resto puede seguir pensando lo que quiera. No es tu trabajo educar al mundo entero. Es tu trabajo proteger tu energía y elegir dónde la gastas.

Y si ahora mismo sientes que nadie en tu vida lo entiende, te digo una cosa: hay comunidades enteras de gente que sabe exactamente lo que se siente. Gente que cuando dices "es que me pasa esto" no te contesta "a mí también" sino "lo sé. A mí también me ha pasado y es una mierda".

No estás solo. Solo estás mal acompañado por ahora.

Y eso se puede cambiar.

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Si llevas tiempo sintiéndote incomprendido y no sabes si lo que te pasa tiene nombre, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es 10 minutos para poner orden en lo que sientes.

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