Mis conversaciones van de un tema a otro sin lógica: de trabajo a dinosaurios

Empiezas hablando de trabajo y acabas en dinosaurios. Para ti tiene sentido. Para el otro, no. Y lo peor es que no puedes evitarlo.

El otro día estaba hablando con un colega sobre un proyecto del trabajo. Una conversación normal. Profesional. De adultos.

Diez minutos después estábamos hablando de si un T-Rex podría ganar en un combate contra un tiburón blanco. En serio. Un T-Rex contra un tiburón. En el agua o en tierra, las reglas del combate, todo.

Y mi colega me miró y dijo "¿cómo hemos llegado aquí?". Y la respuesta honesta es: ni idea. Bueno, sí. Hay una cadena de asociaciones en mi cabeza que conecta proyecto del trabajo con dinosaurios. Para mí tiene una lógica perfecta. Pero intentar explicar esa lógica en voz alta es como intentar explicar un sueño. Cuanto más lo describes, menos sentido tiene.

Esto me pasa todos los días. En todas las conversaciones. Con todo el mundo.

Y lo peor no es que salte de tema. Lo peor es la cara de la gente cuando intento explicar cómo he llegado de un punto a otro. Esa cara de "asiente y sonríe" que pones cuando alguien te dice algo que no entiendes pero no quieres ser maleducado.

¿Por qué mis conversaciones saltan de tema en tema?

Porque mi cerebro no funciona en línea recta. Funciona en red. En telaraña. Cada palabra que escucho activa tres asociaciones, y cada asociación activa otras tres, y en dos segundos mi cabeza está en un sitio que no tiene nada que ver con donde empezó la conversación.

Es como tener mil pestañas abiertas en el navegador, pero en vez de páginas web son pensamientos. Y mi cerebro va haciendo clic en cada una de forma aleatoria. "Oh, esto me recuerda a aquello, que me recuerda a lo otro, que tiene que ver con..."

Y el problema no es que salte de tema. El problema es que lo hago en voz alta. Porque muchas personas también tienen pensamientos que saltan. La diferencia es que ellos se lo callan. Filtran. Deciden qué es relevante y qué no antes de abrir la boca.

Yo no tengo ese filtro. O lo tengo roto. Lo que pienso sale por mi boca en tiempo real. Y el resultado es una conversación que para mí tiene todo el sentido del mundo, pero que para la otra persona parece el hilo argumental de una película de David Lynch.

Te pongo un ejemplo real de cómo funciona mi cabeza en una conversación. Estamos hablando de un proyecto del trabajo. El proyecto tiene un deadline el viernes. El viernes me recuerda a los viernes de bar de la universidad. La universidad me recuerda a paleontología, que era una asignatura que siempre quise cursar. Paleontología me lleva a dinosaurios. Y de repente estoy preguntando "¿tú crees que un T-Rex podría ganar a un tiburón?".

Para mí, esa cadena es clara como el agua. Para mi colega, he pasado de hablar de un proyecto a hablar de dinosaurios sin ningún motivo.

¿Cómo reacciona la gente cuando salto de tema?

Depende de la persona.

La gente que me conoce ya está acostumbrada. Saben que si estamos hablando de vacaciones y de repente menciono la teoría de cuerdas, no es que esté loco. Es que mi cerebro encontró un puente entre las dos cosas. A veces hasta me preguntan "a ver, ¿cuál es la conexión?". Y cuando la explico, dicen "ah, vale, tiene sentido". Porque la tiene. Solo que la conexión es invisible para cualquiera que no viva dentro de mi cabeza.

La gente que no me conoce se pierde. Les veo la cara de confusión. Ese momento en el que piensan "¿de qué estamos hablando?". Y yo intento volver al tema original, pero ya no me acuerdo de cuál era. Porque mi cerebro ya ha seguido avanzando por otra rama.

Y luego están los que se frustran. Los que sienten que no escucho. Que no les dejo hablar. Que cambio de tema cada vez que dicen algo. Y tienen razón. Desde fuera es exactamente así. Pero desde dentro no es que no me importe lo que dicen. Es que lo que dicen activa algo en mi cabeza y mi boca lo suelta antes de que pueda frenarlo.

Mi novia tiene una paciencia infinita con esto. A veces estamos cenando y en diez minutos hemos pasado por su trabajo, el clima en Wrocław, por qué los gatos odian el agua, la geopolítica de Corea del Norte y el precio de las manzanas en el mercado. Y al final dice "¿de qué estábamos hablando al principio?". Y los dos nos reímos porque ninguno se acuerda.

¿Puedo controlar los saltos de tema?

A ver, controlar del todo no. Pero he aprendido a gestionarlo un poco.

Lo primero que aprendí es que cuando alguien me cuenta algo importante, necesito anclarme. Y mi ancla es repetir mentalmente lo último que han dicho. Si me están contando un problema, repito en mi cabeza "su jefe le ha dicho esto". Mientras esté repitiendo eso, mi cerebro no se va de viaje. Es agotador, pero funciona.

Lo segundo: cuando salto de tema y me doy cuenta, lo digo. "Perdona, me he ido por las ramas, volvemos a lo tuyo." Y ya. Sin drama. La gente aprecia que lo reconozcas mucho más de lo que crees.

Lo tercero: con la gente de confianza, he dejado de intentar ser normal en las conversaciones. Si mi cerebro quiere hablar de dinosaurios, hablamos de dinosaurios. Y si el otro quiere volver al tema original, volvemos. Sin culpa. Sin vergüenza.

Lo cuarto: en reuniones de trabajo, me apunto el tema en un papel y miro el papel cada vez que abro la boca. Es mi GPS conversacional. Sin ese papel, a los quince minutos estoy hablando de cosas que no tienen nada que ver con la agenda. Con el papel, al menos tengo un ancla visual.

Y lo quinto, que es lo más importante: he dejado de pensar que soy raro. Porque resulta que este tipo de pensamiento asociativo, este cerebro que conecta cosas que no tienen nada que ver, es un patrón. Un patrón que comparten muchas personas cuyo cerebro procesa la información de forma diferente.

Si tus conversaciones saltan sin lógica aparente, si hablas demasiado y luego te arrepientes, si sientes que eres intenso en las relaciones y asustas a la gente, puede que tu cerebro esté funcionando en modo red mientras el mundo funciona en modo línea recta.

Y eso tiene un nombre. Y no es "raro". Ni "pesado". Ni "no sabe de qué habla". Es un cerebro cuya atención funciona por asociación libre en vez de por secuencia lógica. Y cuando lo entiendes, dejas de intentar ser lineal y empiezas a aprovechar que tu cabeza hace conexiones que nadie más ve.

Que a veces esas conexiones son "trabajo a dinosaurios". Pero otras veces son ideas brillantes que salen de la nada. Y las segundas compensan las primeras. Al menos la mayoría de los días.

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