Dejo los hobbies antes de ser bueno en ellos

Empiezas algo nuevo con ilusión, llevas dos semanas y ya lo has dejado. No es falta de carácter. Hay una razón concreta para que pase siempre lo mismo.

La guitarra. El skateboard. El dibujo. La fotografía. El ajedrez online. El japonés en Duolingo.

Y la lista sigue.

No es que lo intentara un poco y me aburriera. No. Con cada cosa de esa lista tuve una fase de ilusión brutal. Compraba material. Veía tutoriales. Me imaginaba siendo bueno. Sentía que esta vez sí, que esto era diferente, que aquí había algo real.

Y luego, en algún momento entre la semana dos y el mes dos, lo dejaba. Sin drama. Sin despedida. Simplemente dejaba de hacerlo. Y el material quedaba en un cajón o en un rincón acumulando polvo hasta que un día lo regalaba o lo tiraba sin mirar mucho.

¿Te suena?

¿Por qué dejamos los hobbies justo cuando empezaban a ponerse interesantes?

A ver, lo fácil sería decirte que tienes poca disciplina. Que eres inconstante. Que te falta fuerza de voluntad.

Pero eso no explica nada. O sea, ¿por qué hay personas que empiezan a tocar la guitarra y la tocan veinte años? ¿Tienen más carácter que tú? ¿Son mejores personas? ¿Se esfuerzan más?

No. Lo que pasa es otra cosa.

Cuando empiezas algo nuevo, hay una descarga de dopamina que es bastante considerable. La novedad. El primer día con la guitarra en la mano. El primer boceto. El primer vocabulario en japonés. Tu cerebro dice: "esto es nuevo, esto es interesante, esto mola", y te da combustible.

El problema es que ese combustible no dura mucho.

Porque llega un punto en el que ya no es novedad. Ya sabes tocar tres acordes pero para el siguiente necesitas practicar el mismo maldito acorde quince horas seguidas. Ya no hay descarga de dopamina por la novedad. Ahora hay que generarla a base de constancia, de repetición, de pequeños avances que no se notan.

Y ahí es donde el hobby muere.

No porque te aburras. Sino porque tu cerebro, que estaba recibiendo una cantidad de estimulación bastante decente, de repente recibe mucho menos. Y lo que hace es mandarte una señal muy clara: "esto ya no mola, busca algo nuevo".

El engaño de la curva de aprendizaje

Imagínate que el aprendizaje es una montaña.

Al principio subes rápido. Cada cosa que aprendes es evidente y se nota. Pasas de no saber nada a saber algo, y ese salto se siente enorme. Tu cerebro lo registra como progreso real. Hay recompensa.

Pero llega un punto, que los que enseñan guitar hero llaman el valle del esfuerzo, en el que los avances dejan de notarse. No porque no los haya, sino porque son más pequeños y más lentos. Para subir un poco más de la montaña tienes que esforzarte mucho más de lo que te esforzabas al principio.

Pues bien. La mayoría de la gente deja los hobbies justo en ese valle.

Y luego empieza algo nuevo, sube la primera rampa rápida donde todo es novedad, lo pasa genial, y cuando llega al mismo valle, lo deja otra vez.

No es que seas inconstante. Es que tu sistema de recompensa está optimizado para el estímulo inmediato. Y la curva de aprendizaje real no da estímulo inmediato después de las primeras semanas.

Si además tienes un cerebro que regula la dopamina de una forma diferente a la media, esto se multiplica por diez. Me canso de todo muy rápido no es un defecto de carácter. Es un patrón. Y cuando ves el patrón, puedes hacer algo con él.

La trampa de empezar demasiado bien

Hay otra cosa que nadie te dice.

Cuando empiezas un hobby con mucha ilusión, normalmente te comparas con el mejor. Con el guitarrista que lleva quince años. Con el dibujante que tiene cinco millones de seguidores. Con el fotógrafo que hace fotos que tú nunca en tu vida.

Y eso hace que el progreso real que tienes, que es enorme comparado con donde estabas hace un mes, parezca una mierda comparado con donde quieres llegar.

O sea, imagínate que llevas tres semanas tocando guitarra y ya puedes tocar una canción sencilla entera. Eso es una locura. Hace tres semanas no sabías ni cómo agarrar el mástil. Pero tú no te comparas con el tú de hace tres semanas. Te comparas con Jimi Hendrix. Y claro, comparado con Jimi Hendrix, suenas fatal. Y entonces te preguntas: "¿Para qué sigo si nunca voy a llegar a eso?"

Y lo dejas.

Me aburro de mis hobbies antes de dominarlos

Y eso, combinado con la bajada de dopamina del valle del aprendizaje, es una combinación letal.

¿Hay solución?

Sí. Pero no es la que esperas.

La solución no es "comprometerte más" ni "ser más disciplinado". La solución es entender lo que le pasa a tu cerebro en ese valle y diseñar el hobby de forma que el valle no te mate.

Algunas cosas que me han funcionado a mí:

La primera: cambiar la unidad de medida del progreso. En vez de compararte con el experto, compararte con el tú de hace dos semanas. "Hace dos semanas no sabía hacer esto. Ahora sí." Eso es progreso real, aunque suene humilde.

La segunda: meter novedad dentro del hobby. Si te aburres de practicar el mismo acorde, aprende una canción nueva. Si te aburres de dibujar siempre lo mismo, cámbiate de tema. El hobby no tiene que ser rígido. Puede mutar.

La tercera, y esta es la más importante: bajar las expectativas de tiempo. Diez minutos al día son suficientes. No tienes que ser el tío que practica cuatro horas. Diez minutos sin falta, todos los días, dan más resultado a largo plazo que cuatro horas esporádicas que luego dejas tres semanas porque "no tienes tiempo".

Y la cuarta: aceptar que hay hobbies que no van a ser para ti. No todos. Pero algunos sí. Y eso no es un fracaso. Es información.

Por qué esto no es solo "falta de carácter"

Si llevas toda la vida dejando cosas a medias, es tentador concluir que el problema eres tú. Que eres así. Que no hay nada que hacer.

Pero hay una diferencia enorme entre "soy inconstante porque soy así" y "mi cerebro necesita más estimulación para mantener el interés, y eso es algo que puedo manejar si lo entiendo".

Lo primero es una condena. Lo segundo es información.

Por qué me cuesta todo más que a los demás

No lo digo para asustarte. Lo digo porque a mí saber el nombre me ayudó a parar de culparme y empezar a buscar estrategias que de verdad funcionaban con mi cabeza, no contra ella.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si ves patrones que te llaman la atención, consulta con un psicólogo o psiquiatra. Pero si quieres un primer punto de partida, tengo algo que puede ayudarte.

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